sábado, junio 02, 2007

Apenas un instante... Toda la vida



En ese preciso momento, precioso instante en el que por un momento olvidamos quienes somos, los dolores, los lastres, los miedos. Justo en ese preciso espacio robado al tiempo, hay un mensaje de entrega, tal vez de amor, donde ambos fundidos, pierden todo para ganarse a sí mismos... En ese momento descubres que la felicidad es un beso, un abrazo, una caricia, unos ojos que te miran brillantes y donde tú te ves brillando...

A veces basta con un impulso, una decisión tomada sin pensar, y el destino juega sus cartas sin miramientos, los dados vuelan al aire y el azar nos descubre que no siempre llueve, que también a veces hay un arco iris por el que caminar sin miedo.

Es ese instante robado al tiempo, ese momento en que nada importa y hasta la brizna de polvo sobre tus lentes cobra la importancia absoluta, ese batir de alas de mariposa, que te trae con el viento de Gregal aquello que no creíste posible, y descubres que tal vez no todo estaba perdido, a veces hay que darle una oportunidad a la esperanza, no siempre los dados pueden sacar unos.. No siempre el uno es la cara negativa del dado.

Parar por un momento el tiempo, mirar al mar en una noche estrellada con luna en cuarto creciente y darse cuenta que no todos los granitos de arena son iguales ni todas las olas rompen del mismo modo en la orilla, tal vez el impulso de un mal momento marque el mejor momento de una vida.

Y descubrir que el aire sopla de todas las direcciones y trae el aroma de mil ciudades lejanas, que las estrellas son las luces que alumbran los momentos más hermosos, que todavía quedan sueños por soñar, caminos que recorrer, y risas por compartir, que la vida todavía puede sorprendernos.

Un instante, actuar sin pensar, dejarte llevar por el impulso de un momento, cambiar lo malo por algo bueno, un instante puede ser la clave para toda una vida, ser la llave que perdiste en el fondo del mar...

Besos y sed felices

jueves, mayo 10, 2007

Desierto



Mi amor es de arena y sol, de brisa y silencios
Mi amor tiene noches estrelladas y largas
Días de sol, dunas doradas, aliento cálido
Mi amor no sabe del tiempo y es paciente
Mi amor se hace de risas, de largas miradas
De noches de pasión, de besos eternos
Mi amor es sureño y tiene amaneceres
Vivos colores, y vida en su yermo semblante
Mi amor no atiende a miedos ni excusas
Mi amor es siempre sincero y honesto
Tiene en su silencio todo el universo
Mi amor está lejos pero yo lo llevo dentro
Mi mirada es como él, puro desierto



Besos y sed felices

martes, mayo 01, 2007

Razones



Tengo 249 razones para olvidarte y una sola para recordarte, y aún así me empeño en repasar cada surco de tu piel intocable con mis dedos-memoria y recordar en mi boca el sabor de tus lágrimas.

Tengo 1.000 razones para odiarte y una sola para amarte, y en silencio desearte en cada cuerpo que en mi lecho yace.

Tengo 2 razones para olvidarte y una sola para besarte, y cada mañana te olvido y al anochecer vuelvo a recordarte.

Tengo 3.500 razones para desterrarte y una sola para esperarte, y aquí estoy como Penélope, tejiendo sueños de noche que el alba deshace.

Tengo 400 razones para borrar tu nombre y una sola para escribirlo noche y día, y ya me sé cada curva, cada secreto que esconden las letras y los silencios que lo dibujan.

Tengo 2.000 razones que son lágrimas y una sola que es sonrisa, y aún cuando río mi silencio es llanto, mi llanto es la lluvia que provoca la tormenta de tu ausencia, diluvio que empaña las estrellas que me cobijan y hasta estas palabras bailan solas sin concierto, sin una mirada que las asista.

Tengo 7.151 razones, todas ellas válidas, que dicen que mejor cuanto más lejos, que no eres bueno, que tus palabras son mentiras, que tus silencios me hacen trizas. Y sin embargo hay 6 puñeteras razones que impiden que te envíe al carajo... Malditas sean....

Besos y sed felices

viernes, abril 20, 2007

No voy a escribirte



Todavía no te he escrito y ya te me cuelas por los recovecos de mi desierto. Para ti que te escondes en los silencios de las palabras no dichas, hoy no escribo y sin embargo el papel de ti se impregna.

No puedo ni quiero pensar en tus labios y te oigo susurrarme. Intento no escucharte y borrarte un rato de mi memoria y a escondidas vas llevándote los recuerdos que me incordian, como un ladrón me robas mis fantasmas más recientes, y yo no sé si acabarás siendo como ellos, un sueño etéreo.

No he escrito nada para ti porque no quiero que ocupes mis pensamientos, pero a ti lo mismo te da, pues se te antoja codearte con mis sueños, y sin preguntar, tú mismo te conviertes en negro sobre el blanco de mi silencio.

Tengo presa mi risa entre tus manos, mis ojos en tu regazo, mis caricias en tu pecho, mis palabras en tus besos. Como niño travieso, juegas a colarte en mi hueco y yo quisiera que no lo hicieras, pero tal vez sea tarde, ya estás dentro.

No voy a caer en la tentación de escribirte y contar con palabras nuestros silencios, y con silencios nuestras sonrisas. No insistas, que no hay trato, no voy a dejar que el lienzo se llene de nuestros colores, que si no se pinta, la lluvia no podrá llevarse el paisaje. Que no quiero empezar algo que pueda acabarse, mejor no cuento nuestra historia y así tal vez no encuentre el final y sea interminable, un sueño eterno, eterno como tu sonrisa.

Voy a llenar de secretos no contados el espacio, no quiero que las palabras limiten nuestros silencios.

No te he escrito, que conste que eres tú que te empeñas en adueñarte del laberinto de mi vacío, para llenarlo de caricias y besos.

Como niño, seguirás golpeando contra el muro de mi ausencia, y sin querer queriendo, me robarás el sentimiento, por más que lo esconda, y luego, exhausto, te dormirás en mi regazo y colmaré de arrullos y mimos cada uno de tus anhelos...


Besos y sed felices.

jueves, marzo 29, 2007

Preguntas

¿Y qué pasa si un día descubres que tus fantasmas dejan su etérea imagen para volverse carne de nuevo?

¿Y qué pasa si ese día te pillan tal vez con la guardia bajada, o simplemente dejan en tus labios un beso, un recuerdo de mil noches de azahar, de mil sueños?

¿Qué pasa si en el instante en el que sus labios acarician los tuyos ves pasar el tren de mil momentos que quedaron en la memoria, en el archivo del olvido, en estaciones que nunca más deberían ser ni de paso?

¿Qué pasa si el desierto parece lejano y su piel cercana, si tal vez te afecta más de lo que estás dispuesta a reconocer, si en el preciso instante en el que su mirada cruzó con la tuya viste el brillo de otros días?

¿Qué pasa si no entiendes lo que sus silencios dicen, si no quieres escuchar sus palabras, ni tampoco sus entrelíneas, que pasa si prefieres ponerle un puente al agua para que cubra de espuma sus recuerdos, para que arrastre a otras playas sus miradas, se lleve de tu memoria el recuerdo de sus caricias y otra vez puedas pensar que nunca atracó su velero en el puerto de tu alma herida?

¿Qué pasa si un fantasma vuelve desde los espacios vacíos de tu recuerdo y otra vez se hace carne, hueso y besos y colma de pasión tu olvido y llena de preguntas tu paz ganada a pulso contra el dolor del abandono ajeno, que pasa si tu armadura en el fondo no es de hierro, Si aún no queriendo pudieras querer y no queriendo quieres querer sin querer queriendo?

¿Qué pasa si sueñas con cuentos de hadas y películas almibaradas, y por un momento crees que tal vez la vida no sea siempre amarga?

¿Qué pasa si la vida te gasta una broma pesada y justo un año después de que tu fantasma se hiciera fantasma, decidiera dar la cara y volverse de nuevo real, y tuvieras la sensación de que el tiempo se vuelve atrás o se retuerce sobre sí mismo, parece que un año desaparece y de nuevo estás en el mismo fin de semana en el que tu mundo cayó a tus pies y tú perdiste las alas, qué pasa si justo un año después tu vida quisiera volver al punto donde la brújula quedó extraviada?

¿Alguien sabe que pasa cuando un fantasma deja de ser fantasma?

Besos y sed Felices

domingo, marzo 25, 2007

Te echo de menos



Te echo de menos como los desiertos echan de menos la lluvia. Como la noche desea la luna.

Te echo de menos como una letanía y siento tu ausencia grabada a fuego entre tu piel y la mía.

Estás en el espacio que guarda el silencio, en la luz que precede la oscuridad más profunda, y aunque te busco entre palabras, sólo este vacío aguarda, sin más respuesta que la distancia, que aunque es corta, dice el bolero, media un mundo entre tu y yo.

Escucho tu nombre repetido en cada silencio que mi mente encuentra, en cada recoveco de mis espacios ausentes, tu soledad parece enfrentarse a la mía, y en mi voz escucho el lamento callado del grito enjaulado que alcanzarte quiere. Intento romper barreras, cruzar abismos, atravesar los sueños por alcanzarte y sé que es en vano, parece que el destino juega a romper los puentes que mi torpe perseverancia se esfuerza en construir, y dejo en el empeño estelas de je te manque, I miss you, 私は逃す, ich vermisse Sie, li manco, Eu falto-o, Я пропускаю вас, y no sé como decirte simplemente que te echo de menos, que no entiendo tu ausencia ni tu alejamiento, que no sé por qué este silencio ni concibo la razón que te hizo negarte nuestro momento.
Te echo de menos como el mar echa de menos las olas, como la aurora anhela el atardecer, como el invierno espera la primavera. Te echo de menos como una costumbre y a veces pienso si un día dejaré de echarte de menos, o si eternamente estaré esperando tu regreso.
Te echo de menos y espero algún día dejar de hacerlo, pues sé que es absurdo anhelar los sueños, y así dejaré que el tiempo se acabe de llevar tu recuerdo, tu aroma, tu tacto y hasta el aliento de tus besos, que yo sé que en silencio me desean tus labios, casi tanto como yo a ellos, que tal vez lidies con mi pensamiento cuando a escondidas te descubres recordando nuestro encuentro, quien sabe si en el fondo me echas de menos, quien sabe si a ratos te preguntas como deshacer el tiempo o buscar el momento de volver a vernos. Y mientras a este lado del tiempo y el espacio yo seguiré echándote de menos...
Besos y sed felices

domingo, marzo 18, 2007

Mascletas

Estamos en Fallas, como cada año por estas fechas... Por ello os dejo unas cuantas mascletas, dedicadas para quienes nunca habeis visto una, pero muy especialmente para aquellos que las añorais y que la distancia no os dejan disfrutarlas en directo...

Alf, va por ti, y por tantas y tantas en la puerta del Ayuntamiento, jejeje... Y para ti Diego, que a saber el tiempo que hace que no escuchas una.

Que las disfruteis...



Esta tiene mucho ritmo...



Una mascletà Napolitana.



Un clásico



Y esta es de este año..

Besos y sed felices

sábado, marzo 03, 2007

Un cuento sobre el Amor Verdadero

Mientras Priscila Sigue en el taller de creación y a poquito tiempo ya de tener su siguiente capítulo listo para dejarse ver, hoy he querido rescatar una entrada antigua, de mayo de 2006, puesto que esta noche, emiten una de mis películas favoritas. Si no la habeis visto, os la recomiendo. Sobretodo para aquellos que todavía creeis en el amor... El Amor Verdadero:


miércoles, febrero 28, 2007

Felicidades!!!




Hoy Los silencios interverbales cumplen un año.... Gracias tod@s l@s que a lo largo de estas 94 entradas, habeis estado comentando...

Un beso. Os espero a este lado del Silencio...

martes, febrero 27, 2007

Prohibido



Besar, arrullar, amar... lidiando necesidad y deseo, tu cuerpo en medio y mi pregunta al aire y mil voces gritándome “huye, no te quedes” y te miro, me enredo en tus ojos, tus brazos me lían y mis labios se pierden en tu boca un segundo más, un instante y olvido y quebranto, desavengo, no escucho y atento contra lo conveniente, la convención, lo convenido.

Prohibidos tus labios, abrazos de contrabando y el delito del deseo entreverado en tus manos. Sellados mis ojos, por no ver, miran hacia otro lado, que mis manos atenten, que mis labios pequen, que no es delito el deseo, si el amor mantiene su encierro. No existe, perfecto, no tiene parte en este juego, tal vez, mejor así, que no quiero y quiero y en tus labios mi aliento sediento, se bebe tus besos... No debo.

Un ruego en mi lecho, una celda a la pasión, una llave que encierra lujuria, ¿cómo apagar el fuego?¿cómo detener las olas del mar, aunque la playa les niegue la arena? Malverso y no atiendo consejos, y sé que condeno mi alma a tu infierno. Pecado es tu abrazo, veneno mis besos, deseo, la droga que ambos ansiamos, furtivos del sentimiento.

Esta cadena nos liga, nos une y desune y queremos cegarnos y obviar el deseo, que no haya amargura, desazón ni tormento, y cómo evitarlo si duelo si peco si duelo si huyo si duelo si quedo, vedada pasión que enturbia la paz del silencio, que llenas de anhelos que claman mis ojos, mis manos, mi boca, deseas... Prohibido.

Prohibido, encanto hipnotizo el deseo en tus brazos, lamento prohibido el acceso, deseo tus besos, prohibido tu cuerpo, entrego mi tiempo, prohibido deseo, hechizo mis labios, prohibido el sentir, entrego el aliento, prohibido... Tentando, mintiendo y amando en silencio, prohibido el camino, acelero y arriesgo, prohibido el riesgo, apuesto mi suerte, prohibido capricho, bendita pasión, malditos los besos prohibidos.

Prohibido, mi amor, prohibido....

Besos y sed felices

viernes, febrero 23, 2007

Carta a tu silencio



Te escondes en la soledad de esta gran ciudad. Tu corazón palpita en silencio desde algún rincón, donde no me dejas hallarte. Hubo un tiempo en que me hablaste y casi me convences, que absurdo, de que existen los sueños.

Te escondes de mis ojos y mis oídos y anclado en el polvo del baúl de mi memoria quedó un poema inconcluso, que absurdos los versos para tu alma ausente.

Reconozco el error de mis pasos, el desliz de creerte, pero que quieres, tu falsa verdad me hizo ingenua a tus besos y delinco, lo sé, al culparte, pues realmente tan sólo fui de tu juego un peón; entre tus dedos, un cigarro más que fumaste con deleite.

Reconozco y soy culpable, debí no andar ese camino, dejar el valor aparte, quedarme a este lado de la distancia, mantener el silencio y la calma, que así las cosas siempre son más bellas, que la realidad nunca empata a la imagen creada, que vale más un sueño que mil noches de verdad desolada, que por más que un segundo en tus brazos pudiera devolverme las alas, la verdad de tus mentiras siempre acaban por dejarme ahogada en lava.

No hay verdad si no hay alma. No hay alma si al corazón se mata. Tal vez tu alma sólo dormita mientras espera a que algún día tu corazón de su encierro liberes, lo alivies de esa pesada carga.

Puede que aún no teniendo corazón, más quede de él en mi hueco, que lo que en el vacío de tu oscuridad queda. No niego que tal vez amaste, es posible, incluso probable, más en el olvido enterraste lo que del amor aprendiste.

Hoy dejo hablar a mi rabia. Mañana sólo serás otro fantasma. Pero estate tranquilo, aprendí por fin, que estaba en lo cierto: el amor no existe ni existen los finales felices.

A pesar de todo aquí seguiré, en este desierto en calma, dejando al frío el hueco de mi corazón, los silencios de las promesas a mi alma. Aquí estaré, sabes donde encontrarme, y no te engañes, no hay rencor, tan sólo pensamientos escondidos en los recovecos de mis palabras.

Besos y sed felices

Para tí...

martes, febrero 20, 2007

Jeroglífico

Jeroglífico de líneas y surcos, de piel y caricias, de besos prohibidos que empapan mi boca y envuelven mi alma, deseo de manos ardientes, de cuerpos fundidos de bocas besantes, rompientes, sesgadas de fuego y agua, de fiebre y delirio que arman, desarman la paz de este sitio.

Sitias mi alma, silencias mi voz, enciendes mi fuego y cercas deseos en guerras de abrazos, enredos de manos, y cuerpos luchando contra el deseo.

Combatientes a duelo tu boca y la mía, y en un sólo beso la pasión sostenida, el aliento sediento, la guerra perdida y vencida, empezando, acabando y de nuevo otra boca, otro beso, batalla zanjada, mordiendo en el cuello tus dientes, mi vida, perdiendo y venciendo y queriendo y huyendo y volviendo, ardiendo en tus brazos, y un quiero y no puedo y no debo y deseo y te abrazo y me besas y escapo y me encierro en tus brazos, de nuevo derrocho, no puedo y deseo y no debo y te bebo y me bebes y miras, te miro, miramos delirio, delinco en deseo y te tiento, me muerdes, te embrollo, me envuelves, te aparto, me acercas, de nuevo me vences, te pierdo, me ganas, te atrapo, me enredas, caemos en un nuevo beso y otra vez, otro intento...

Jeroglífico de líneas y surcos de piel y caricias, de besos prohibidos... Dame un abrazo y me pierdo contigo.

Besos y sed felices

jueves, febrero 15, 2007

Un día para el amor



Ahora que San Valentín ya ha cerrado sus puertas, me quedo mirando las estrellas y en el fondo dejo que por un rato, y sin que sirva de precedente, se escape mi lado más romántico.

Supongo que tampoco es tan malo, después de todo, concederle una oportunidad (o las que hagan falta) al amor. Aunque siga preguntándome día a día en que consiste exactamente.

En verdad, confieso, aunque pienso negarlo mañana cuando el sol brille, que me gusta este día. De repente nos dejamos embaucar por el romanticismo al más puro estilo, y parece que el sol brille hasta en el invierno más crudo. Dedicamos un día al amor, me gusta esta idea, un paréntesis entre tanto horror, tanta violencia, un momento para recordar la psicodelia de los setenta, y aquel “amaos los unos a los otros...” Porque en el fondo, aunque sea con una cocacola y una hamburguesa, en una playa recóndita, o mirando las estrellas desde alguna montaña, todos alguna vez hemos dejado que Cupido nos robara el corazón este día.

Me gusta pensar que por un día nos amamos como si eso fuera lo único verdaderamente importante, y aunque es cierto que el amor debe crecer cada día, que no se trata de amarse un día si no 365, que el amor se construye con el tiempo, o que aunque no queramos tiene fecha de caducidad, a veces es bonito soñar.

Tal vez mañana reniegue contra todo símbolo del amor y vuelva a recordar que yo perdí mi corazón entre tantas batallas contra la cobardía, pero hoy he hecho una visita al hueco que dejó, y no lo encontré oscuro y frío, hoy tenía una cálida luz y hasta una cama de terciopelo rojo en el interior de un elefante hindú. Hoy alguien cantaba una canción de amor a una prostituta llamada Roxanne y miles de botellas llegaban con sus mensajes a destinatarios perdidos en inmensas playas de arena blanca.

Hoy las teleoperadoras no sonaban frías y metálicas, las farolas se giraban ruborizadas al pasar parejitas de abrazados, el humo de las chimeneas dibujaba corazones en el aire y en el aire sonaban dulces melodías.

Tal vez mañana piense que se me cruzaron los cables esta noche, pero que quereis que os diga, en el fondo, muy muy en el fondo, guardo una esperancita para Eros...

Besos y sed felices

miércoles, enero 03, 2007

Cuando Duermes



Duermes. Me he quedado a tu lado, mirándote, la respiración regular, las largas pestañas cerrando tus ojos, el pelo desordenado, esa leve sonrisa en tus labios. Me encanta ser la voiyeur de tus sueños, espiar tu respiración, el leve movimiento de tus ojos, el modo en el que tu pecho sube y baja, apoyarme sobre él y escuchar tus latidos regulares.

Me encanta cuando tu brazo me busca a ciegas, desesperado hasta encontrarme y entonces me afianzas a ti como si repentinamente tuvieras frío y sólo mi cuerpo pudiera abrigarte.

Hay noches en las que el alba me sorprende mirándote, escuchando tus sueños, el silencio de tus secretos y tus palabras dormidas, inventando la forma de deslizarme de puntillas en el zaguán de tus pupilas, hasta llegar a donde inventas universos, para jugar contigo, pasearme por jardines de fantasía y navegar en mares de agua violeta y peces de colores insospechados.

Tu cuerpo revela lo que tu mente despierta no atina a decirme: Que me anhelas cuando no me tienes, que me abrazas en los espacios vacíos que las horas dejan al bullicio, que en secreto besas al aire imaginando mis labios y vuelas hasta mis brazos cuando el día se hace eterno y alivias así el ahogo de tu cotidianeidad.

Leo en los surcos de tu piel relajada poemas de dulce sonoridad. Bailo en el compás de tu respiración acompasada y me adormezco en el regazo de tus manos suaves y laxas. Extenuada al amanecer mis ojos ceden a la tentación de tu hermoso sueño y caen rendidos en el sopor, y mis labios besan distraídos tu espalda, hasta que giras para abrazarme, recolocándome en el hueco que tu cuerpo hace a mi medida, y definitivamente duermo, vencida por tus sosegados susurros en mi oído, cubierta de tu brazo, escondida dentro de tu cuerpo refugio, perdida en la apacible tranquilidad de tu sueño armónico, y aunque me revelo una vez más contra el impulso indomable de quedarme dormida, por mirarte un instante, tus argumentos son más firmes que mi rebeldía y al final dejo que Morfeo me lleve contigo hasta que tus labios me despierten dulcemente cuando el sol corone el día.



Besos y sed felices.

Nota: para esta entrada quería la canción de Cómplices, "Cuando duermes", pero no ha sido posible. Espero que os gusten las que he seleccionado.

miércoles, diciembre 27, 2006

Punto y... ¿aparte?

Hoy es el día en que hay que ponerle un punto al silencio y dejarle en pausa.
Hace unos meses, el dos de abril para ser exactos, los silencios interverbales se volvieron sonido. Empezó el programa de radio ligado a este blog.
Pero todo lo que empieza, acaba y este ciclo llega a su fin. El que les paraules no diuen tendrá hoy su último programa. Y lo que no dicen las palabras volverá a ser secreto... O parte del silencio.
Esta noche, los silencios interverbales se despedirán de las ondas. Al menos de momento. Tal vez con el tiempo vuelvan.
Sin embargo, seguirán dejando sus huecos y sus entrelíneas aquí. De momento aún hay secretos para escribir y silencios que merecen ser contados.
Un beso para todos los que habeis intentado escuchar lo que las palabras no dicen. Otro beso para los que lo habeis logrado.

Besos y sed felices

martes, diciembre 19, 2006

Ahora



Durante un momento, he pensado en tí. Sé que ahora miras en otra dirección. Ya no eres la niña que fuiste, el tiempo no pasa en balde. Ahora tienes tanto a tu favor. Tu mirada habla cuando no lo hace tu boca, y a menudo cuenta lo que tú callas. Tú voz, bien modulada, juega con los oídos de quien te escucha: coquetea y seduce.

Ahora estás mirando distinto y hacia nuevos horizontes. Conoces este lugar donde estás y sin embargo no te da miedo. Ya no. Tienes un punto de mira y la fuerza que necesitas para caminar hacia tu destino. Tu sonrisa, presente, valiente como tú misma, demuestra que vas a plantar cara a la vida. Una vez más. Y esta vez te sabes ganadora.

Hay un terremoto que está moviendo el suelo sobre el que pisas. Tus pasos, aún así, son seguros, pues podrías, incluso, caminar a tientas. Conoces demasiado bien este terreno y no importa lo que cambie, no importa si tiembla, no importa si se sume en la oscuridad porque ahora tú tienes el poder para vencer.

Las cosas parecen ir poniéndose en su sitio, a pesar del caos aparente. Todas las piezas que forman este caótico desorden de tu vida, por fin, tienen sentido. Sabes que has sembrado en tierra fértil, y que aún queda mucho más por sembrar... Y por recoger. Este es tú momento.
Vuelves un segundo la mirada hacia mis ojos. Miras con fuerza, con valentía y tu fiereza innata.

Hoy sé que no importan las batallas ni la dureza del contrincante. Hoy sé que nada puede parar la fuerza de un huracán. Esta vez nadie va a pararte. Esta vez los dados están trucados a tu favor. La suerte, no importa, porque tú te la has trabajado y has seducido hasta a la mala suerte. Hasta el mismísimo Lucifer está rendido hoy a tus pies, pues para ello has estado mil veces en el Reino del Hades y mil veces has vuelto cual Ave Phoenix, renovada, más fuerte y mucho mejor preparada. Has vencido y te has dejado vencer para acabar venciendo, pues es de ley perder alguna batalla si con ello se gana la guerra.

Hoy eres una guerrera temible y no es fácil plantarte cara. Mil batallas dejaron otras tantas cicatrices en tu piel. Las del alma, mejor no hablar de ellas. Dejaste el corazón en el camino y tantas otras cosas. Pero a cambio luces esa armadura infranqueable, ese brillo en los ojos, que quema, y el filo de tu sable bien afilado.

Hoy vienes dispuesta a seducir al mundo. Y el mundo hoy se rinde ante tu mirada...

Besos y sed felices

sábado, diciembre 09, 2006

A veces ocurre



"Tengo la extraña sensación de que ya nos conocemos, ¿tú no?, es extraño pero no dejo de repetírmelo…”

Vino de frente, me miró a los ojos desde esa mirada azul intenso y me volvió a preguntar “¿Seguro que no hemos hablado antes?” Negué con la cabeza y seguí mi camino, me giré un momento, le vi mirándome y no pude evitar parar mis pies, mi mirada clavada en la suya, me perdía en el mar revuelto de sus pupilas, era como un imán, necesitaba, me urgía, era preciso desandar mis pasos, llegarme hasta él de nuevo.

Aún no sé por qué lo hice, sólo sé que mis pies me llevaron hasta sus pies, que mi cuerpo se dejó abrazar por sus brazos, que mis labios se perdieron envueltos entre los suyos. Que ese momento duró una eternidad, que el mundo desapareció y de repente sólo estábamos los dos.

El beso duró lo que tarda una gota en caer de una rama, lo que el sol en recorrer el cielo, el mismo tiempo que existe entre el silencio y la palabra. Y entonces el azul intenso de su mirar se mezcló con el chocolate de mis ojos, su dedo se posó, como una mariposa, sobre mis labios, prohibiendo el paso a la palabra que ya no sería pronunciada, enmarañó mi pelo con su mano, retiró el sello de mi boca para abrazarme, como si temiera que fuera a salir huyendo, y volvió de nuevo a besarme, despacio, lentamente, con la dulzura de todos los besos que alguna vez me han dado, con el calor de todos los fuegos, con el sabor de todas las frutas y esa forma enternecedora de decir “Te amo” sin hacerlo y mi cuerpo temblando, sin comprender cual fue la causa de ese momento exacto en que sin saber ni por qué ni como todo había perdido sentido y todo lo había recobrado.

Me sugirió, abrazándome tiernamente, tomarnos un café y le seguí, no recordaba ya que tenía que hacer ni donde iba con tanta urgencia. Todo mi mundo en ese instante estaba justo enfrente de mí en esos ojos, en esa boca, en esas manos.

Pasamos toda la tarde hablando, y llegó la noche y aún seguíamos en aquel café, las manos entrelazadas, embelesados mirándonos, y el café frío, intacto en las tazas. Cerraron y fuimos a cenar algo, por no perder el compás de nuestros pasos, pero la cena corrió la misma suerte que el café, y quedó en los platos, olvidada.

El tiempo pasaba y no corría para nosotros, nuestra clepsidra se había parado justo en el primero de nuestros besos y jugábamos con su agua, haciendo dibujos en el aire, sueños en sus gotas, besos de minutos, minutos como caricias, y caricias parando el tiempo. Pero la noche no es eterna y el sol vino a buscarnos a la orilla de la playa, mientras seguíamos abrazados, dejando que el mar nos besara los pies, como lecho la arena y las estrellas nuestro manto.

Han pasado los años y cada vez que le miro sigo viendo el mar revuelto en sus ojos, y él sigue bebiendo el chocolate de los míos. Pueden pasar minutos y horas mientras nos miramos sin más que hacer que hablarnos sin hablarnos, y entonces una sonrisa lo dice todo y un beso sella el momento y otra vez el cielo parece quedarse a la altura del suelo.

Cada vez que recuerdo aquel primer día, aquel instante en que sin querer, queriendo acabe en sus brazos, sonrío al recordar, sobretodo aquel momento, el sol marcando el mediodía del día siguiente, en que fue necesario decirse “hasta luego” un hasta luego que duró un mundo, aunque sólo fueran unas horas. Ese momento en que al despedirse de mí, a la puerta de mi casa, me volvió a mirar y, cogiéndome las manos, me preguntó: “¿Cómo te llamas?”

Besos y sed felices

domingo, diciembre 03, 2006

What a difference a day makes



What a Difference a Day Makes

What a difference a day made
Twenty-four little hours
Brought the sun and the flowers
Where there used to be rain
My yesterday was blue, dear
Today I'm a part of you, dear
My lonely nights are through, dear
(Since you said you were mine)
What a difference a day makes
There's a rainbow before me
Skies above can't be stormy
Since that moment of bliss, that thrilling kiss
(It's heaven when you find romance on your menu)
What a difference a day made
And the difference is you

Que hizo diferente un día, Veinticuatro pequeñas horas Realmente largas cuando el tiempo parece detenerse, y tan pequeñas sin quererlo, veinticuatro horas de un día que parecía igual a los otros, aunque no sé como, trajeron el sol y las flores donde antes sólo había otoño y tristeza, Donde antes solía llover. Cada minuto, cada segundo anterior a este día era gris, mi ayer era triste cariño, tal vez porque simplemente no estabas, ahora estás, hoy soy parte de ti, cielo y en la noche siento tu abrazo, cercano y cálido, oigo tu respiración, mis noches solitarias quedaron atrás, cariño y sonrío desde que tu dijiste que eres mío.
Que es lo que hace diferente un día cuando abro los ojos y veo tu cuerpo relajado junto al mío, pienso que tal vez esté soñando, miro la luz del sol y veo que hay un arco iris ante mi, el cielo ya no puede estar tormentoso aunque vea la lluvia caer porque sé que me abrazarás hasta que el sol vuelva a salir para nosotros.
En mi mente repaso cada segundo vivido contigo y saboreo cada segundo desde ese momento de dicha, ese beso conmovedor y es que parece el cielo, cuando encuentras el romance en tu menú
Desde tu sonrisa hasta tus ojos dibujas una pregunta ¿Que hizo diferente este día? cielo, la respuesta es sencilla, La diferencia eres tú.

Besos y sed felices

viernes, diciembre 01, 2006

Luces de colores



Ya encendieron las luces en las calles. Llega diciembre y su aire festivo, la nieve fingida en las ventanas, las sonrisas en los niños, las tiendas engalanadas, las calles vestidas como si fueran novias, con sus adornos, su iluminación.... y su nostalgia.

Hubo un tiempo en que al llegar estos días sonreía. Me volvía feliz, no importaba lo difícil que entonces fuera la vida. Mis ojos brillaban y notaba a mi corazoncito pegar saltos al ritmo de cascabeles. Mi boca se abría alucinada ante los escaparates iluminados, los juguetes, los autómatas que en algunos sitios había... Iba con mi abrigo y mi bufanda, correteando por las calles, me quedaba horas mirando los belenes, escribía largas cartas a los Reyes, siempre me cayó bien Gaspar, pelirrojo y simpático, aunque como a casi todos, me llamaba especialmente la atención Baltasar. Me sentaba en su regazo, en los grandes almacenes y los miraba con respeto y admiración. Me gustaban sus camellos, pero los prefería cuando venían con caballos, hermosos caballos de pura raza española, que bailaban al ritmo de la música en las cabalgatas.

En ese tiempo dulce, todo se volvía hermoso, y hasta el brillo de mis ojos se confundía con el de las estrellas. Eran hermosos los días, aunque no nevara y siempre esperara a que lo hiciera, aunque el árbol fuera de plástico y alambres, y no un hermoso y enorme abeto. Aunque no fueran las cosas como me hubiera gustado.

No sé cual fue el momento exacto en que todo se tornó gris oscuro. No sé si fue aquel primer año en que descubrí que los reyes no eran los que venían con regalos a mi casa, y que mi familia no era tal y como yo creía. No sé si fue el día que me negué a ser una falsa moneda y, a pesar de mis negativas, me obligaron a serlo. No sé si fue la primera vez que viendo a todos cantando, me sentí fuera de lugar... No lo sé, y ojalá lo supiera, tal vez entonces podría pedirle a los reyes que lo borraran de mi mente, y que en vez de volverse aciagos estos días, la luz de las calles volviera a brillar en mis ojos.

Besos y sed felices


lunes, noviembre 27, 2006

Escuchando a Laura




La luz del alba entra furtiva por las rendijas de la persiana y dibuja en las paredes haces de luz. Aroma a café recién hecho, sueños todavía recientes merodeando por la habitación y alguna estrella olvidada en el cielo añil.

No acaba de hacer frío y sin embargo me hielo por dentro, debe ser que ha nevado en alguna parte de mi memoria, aunque no sé bien donde.

Quiero que nunca te olvides tú de mí, aunque no encuentres palabras especiales que decirme. Y en mis recuerdos anidan esos sueños que pudieron ser. Tengo una lágrima pendiente de caer, pero no se decide. Debe ser el frío.

La sonrisa de una niña, que se cruza en mi camino, se refleja en mi cara y vuelo lejos donde el sol sigue siendo cálido. Días que se fueron a donde la vida puede ser ese regalo dulce. La ilusión perdida en días que en otros tiempos eran hermosos, ahora se volvieron tristes. Y las luces de colores iluminan el camino de los sueños, por donde vendrán de nuevo, tal vez vendrán de nuevo en trineos con cascabeles tintineantes, como las sonrisas dulces que guardo para mí, para alimentar con ellas el fuego que tal vez acabe con este frío.


Sueño con saber si existes o si esto son vuelos inútiles. Supongo que sólo es una invención de mi mente, y en la ventana el árbol que muestra sus adornos y me encojo en mi abrigo, el aire sopla un poco más fuerte, debe haber borrasca en algún rincón de mi alma.

En el mundo yo caminaré hasta sentir mis pies cansados que hacen daño, yo caminaré un poco más. Sin importar si el corazón duele como el sol inesperado.


El día cae, lenta, inexorablemente hasta la noche, y otra vez las estrellas lo llenan todo aunque desde estas calles iluminadas de sueños y alegría casi no se vean.


Cinco días sin tenerte, cuanto frío en esta vida, y a veces me pregunto como diablos lo hago para pasar frío en el infierno.


Hace un año sonreímos... hoy ni siquiera hablamos. Entraste y saliste de mi vida, y que pena no quedarse, cuando tuvimos la felicidad en nuestras manos.
Vuelven estos días de nuevo, no me gustan, debo haberlo dicho ya. Hace demasiado frío por aquí dentro, la casa está demasiado silenciosa, las sonrisas duelen y el alma llora porque el corazón la dejó hace años, en esta época del año. Fue por estas fechas que se derritió, a pesar del frío, o tal vez fue en verano pero a mi almita no le dio para darse cuenta hasta que no tuvo regalo de reyes.


Tengo un glaciar aquí dentro, me gustaría quedarme bajo el edredón hasta que todo pasara, pongamos febrero.


Y tú donde estarás corazón frágil que me escuchabas. Empiezan a pesar tantas piedras, empiezo a quedarme sin canciones para esos momentos. El nudo en mi garganta se hace eterno y el silencio donde hubo latidos me ensordece día a día. Que frío...


Nunca lloraré por ti. Ni por mí. O tal vez lo haga cuando la luna no mira. Quien sabe. Cada detalle es aire que me falta y es que se hace difícil hasta respirar. Hay demasiadas piedras, empiezan a ser demasiados los escombros de esta casa en ruinas que es mi vida. Y quedan pocos rincones donde guarecerse cuando llueve.

Acabamos al final de pie en una ventana para ver, espectadores melancólicos de felicidad improbable. Y los momentos se pasan a veces como nubes en un cielo azul y tan lejano que es imposible volar con ellas. Di que sí y podrás volar con mis alas.


Tú dime cuando, cuando, donde están tus ojos, donde está tu boca, quizá en África, no importa. Tú dime cuando, cuando, donde están tus manos, donde tu nariz, hace un día desesperado, estoy sedienta, tengo sed de ti...

Llegan estos momentos de melancolía exagerada, donde se me hiela el alma y el hueco del corazón, donde se hace el frío insoportable, y respirar es un suplicio, pero seguiré mi camino y los días darán paso a las noches y al final todo pasará, como siempre, todo pasará y volverán los días largos. Por el camino encontrarás un lugar en el cielo, oirás por el camino latir tu corazón... Es posible.

Besos y sed felices

viernes, noviembre 24, 2006

París



Esta semana París encendió sus luces navideñas. París… Siempre que pienso en ella, veo sus calles, los pequeños cafés en las esquinas, la larga avenida de Les Champes Elisèes, la Torre Eiffel, eterna y silenciosa reina de una ciudad hermosa, grande. París tiene en otoño las calles sembradas de hojas caídas. La lluvia cae, tornándolo todo gris, pero no es cualquier gris, es ese color perfecto en una fotografía en blanco y negro, donde el tono rojo de una bufanda caída rompe la monotonía.

La ciudad de las luces se ha iluminado. En realidad nunca está a oscuras, siempre bella bajo el suave halo vainillado de sus farolas. Partido su corazón en dos por el Sena, donde una vez Woody Allen bailó con Mia Farrow. Donde los amantes se dicen palabras hermosas al oído. Donde el hombre lobo aulló desesperado a la luna llena su amor eterno.

Si cierro los ojos puedo verme paseando por las calles de París al atardecer, el sol poniéndose, a lo lejos la Torre siempre mirándome. Siento el gélido abrazo de finales de otoño, alentándome a entrar en un café, en busca de algo caliente que me quite el frío del cuerpo. Frotándome las manos, leyendo distraída algún periódico, y dejándome seducir por las calles donde un día Marlon bailó su último tango. Mi cámara cercana, tal vez carrete en blanco y negro y esa soledad que a veces es bienvenida.

El cine siempre amó esta ciudad. Sabrina creció y se descubrió en ella. El jorobado la miraba, amándola desde su privilegiada atalaya en el campanario de Notre-Dame. Gene kelly bailaba por sus calles, más enamorado que nunca.


Esta semana París encendió sus luces y una vez más mi alma voló hasta sus calles, mi mirada se lleno con sus colores y noté ese pequeño tirón que me incita a viajar hasta el lugar donde tal vez se esconda el corazón que perdí.

Besos y sed felices

lunes, noviembre 20, 2006

Fin de año



Al acabar diciembre y en plenas fiestas de Navidad, ocurre que está ese fatídico día: "Fin de Año", día en que hay que celebrar que el año acaba. Resta decir que hablamos del día 31 y que no en todas partes del mundo se acaba el año de la misma forma ni al mismo tiempo. De hecho, cuando aquí estamos todavía despidiendo el año, en Australia ya hace 10 horas que entraron en el nuevo y probablemente, ya están padeciendo los efectos de una noche de excesos.
En esa noche, es tradición, las más Fashion Women de la ciudad, sacan a lucir sus palmitos, no importa el frío ni la lluvia, ni la nieve (en donde cae). Sólo importa ser La Más en esas fiestas que suelen organizarse para tal evento. Fiestas que, todo sea dicho de paso, ya empiezan a ofertar los diversos locales y quien no se de prisa, quedará sin la correspondiente y necesaria entrada para El Cotillón, como suelen llamarse.
Este día, las damas, además de lucir un amplísimo escote por delante, por detrás, o en ambas partes, unos tirantes imposibles, dadas las temperaturas, y unas sandalias de tacones vertiginosos, seguramente plateadas o con lentejuelas, además de todo ello, lucirán esos imposibles Bolsos de Fiesta, que antes de que alguno empiece a llorar o estrujarse los sesos queriendo saber en que consiste semejante artilugio, ya explico que son esos minúsculos bolsitos, más pequeños que un monedero, en ocasiones hechos en metal u otro material rígido, con lentejuelas, pedrería, cristales Swarovsky o incluso piedras preciosas, donde no cabe casi nada, a saber: el maquillaje, las llaves (no del coche, por dios, que estas damas no conducen) los kleenex y el tabaco a duras penas, si es que fuman, que si son muy fashion, probablemente no lo hagan ya. El dinero, no es necesario, pues estos bolsos, además de fashion, son portadores de un mensaje machista, en el que dinero, llaves de coche, documentación, etc, le corresponde al hombre... ¿¿El móvil?? bueno, como son muy modernas ellas, suelen llevar uno de esos extra minúsculos aparatitos, y también les cabe...
Los vestidos para el evento suelen ser, además de bastante fríos, extra incómodos, con faldas estrechas y largas, o sin tirantes en ocasiones, escotes muy abiertos que a la mínima muestran lo que sus dueñas prefieren esconder y sobretodo fríos ¿ya lo dije? Porque mira que se pasa frío con ellos. ¿Abrigos? Por supuesto se llevan prendas de “abrigo” consistentes éstas en chales de tela finísima, eso sí, de diseño, o abrigos de telas ligeras y elegantes. Siempre están las que llevan alguno de piel pero como ahora está de moda ir en contra de las peleteras para evitar el exterminio abusivo de ciertos animalitos, últimamente se tiende a la peletería falsa, que además es mucho más práctica pues se limpia mejor. En precio puede que incluso sea más cara, si es de algún diseñador.



Ellos tienen la ventaja de quedar bien con un traje de chaqueta (por supuesto de lana virgen o cualquier otro tejido de invierno) e incluso en algunos casos llevan fracs o esmóquines. Queda elegante en los caballeros, si hace frío, una bufanda fina de lanita o franela y hasta incluso un buen abrigo si los rigores de la noche lo requieren.
Huelga decir que detesto esta noche especialmente. Creo que no hay un día en el año que odie con más ganas que el día de fin de año. Y sus correspondientes festejos. No sé si es la tendencia al desmadre que todo el mundo padece en esta noche. No sé si será el frío que se cuela por todas partes con tan poca prenda encima. No sé si los controles de alcoholemia que la benemérita siembra como si de champiñones se tratara, o la hipocresía, o lo complicado que resulta para una mujer independiente y libre como yo, llevar en esos malditos bolsitos el maquillaje, los cleenex, el dinero, la entrada, las llaves de casa, las del coche, el DNI, el carné de conducir, el móvil (que no es de los minúsculos y extraplanos) y, por si fuera poco, el tabaco, porque esto de las Navidades estresa hasta la saciedad.
O tal vez sea esa sensación de frío, y no el que mi desvalida piel siente, si no el que se instala por dentro, en las estancias desiertas de latidos y sentimientos, ese frío que se hace presente en esta maldita noche, ante los besos hipócritas de amigos y enemigos, ante las miradas soeces de aquellos que llevan algunas copas y otras substancias de más, ante el deseo, siempre presente de salir corriendo y, sobretodo, ante esa sensación extrema de vacío, de esa soledad desagradable, que ya se sabe que no todas las soledades son bienvenidas y a veces hasta en la fiesta más concurrida, se puede sentir en las entrañas que hasta el eco se va cuando una habla.
Debe ser por eso que prefiero una hamburguesa y unas patatas fritas, pasar frío en la playa, eso sí en buena compañía, sin oír apenas las campanadas. O unos frutos secos en lugar de uvas, una radio en lugar de una televisión, perdida en mitad de la nada, con un chupito de whisky para brindar y alguien capaz de quitar el frío con una sonrisa...
Este año creo que me escaparé a la montaña.

Besos y sed felices

Han vuelto

Se decidieron a volver. Deben ser estas fechas. Sin previo aviso se colaron por los huecos que deja la persiana medio bajada. Por las alcantarillas de mi vida. Por los respiraderos de mi alma.
Se volvieron a colar sin previo aviso y me han asfixiado como siempre hacen. Han vuelto a insuflar su helado aliento en el hueco de mi corazón y otra vez este frío que me hiela desde dentro me hace no ver el sol.
Volvieron desde sus recónditos escondrijos, como comadrejas, alimañas desesperadas por pegar bocados a lo que encuentran, pues sin corazón que mordisquear, les basta con cualquier pieza podrida que encuentren en ese agujero, donde nunca brilla la luz.
Han vuelto y me han llenado la memoria con sus recuerdos, han traído besos que no entiendo y hasta caricias que no siento, como si esta piel de pronto fuera plástico.
Vuelven a mis sueños, hasta en mi boca se enredan nombrando con sus nombres a quien no corresponde.
Vuelven en estas fechas y me recuerdan mis miserias, tal vez se divierten así, quien sabe, pero vuelven y me revuelven por dentro y esta vez nisiquiera encuentro un abrazo que me haga entrar en calor, pues hasta el abrazo hallado es de ellos y me encoje el alma y parece agrandar el espacio negro que me invade...
Vuelven una y otra vez, meten sus dedos sarnosos en mis llagas, esparcen recuerdos como vidrios rotos bajo mis pies descalzos, me rompen hasta la voz, me llenan de vacío, y agrandan un poco más mi Nada, ese agujero negro que absorbe todo, y que acabará por absorberme hasta a mí misma.
Vuelven, les oigo gritar, reírse de noche, y en la noche se meten en mis sueños, me engañan, me envuelven con sus mentiras y luego me dejan desnuda en mitad del hielo de este desierto ártico donde una vez hubo calor, donde una vez se escuchó el latir acompasado de un corazón.
Han decidido volver, de nuevo, y otra vez en sus manos han traído como regalos cubiertos de veneno, esos momentos que un día me hicieron feliz. Los lanzan contra mí como si yo fuera la diana de sus flechas, disparan sin piedad, como el pelotón de fusilamiento, y yo, rendida, he caído una vez más, rota.
Tengo frío, y ellos han vuelto...

Besos y sed felices

miércoles, noviembre 15, 2006

Fragancia



Si cierro los ojos, puedo sentir que estás aquí. Siento los restos que tu aroma deja en mi piel, en mi cama, esparcidos en el aire... Tu perfume me envuelve y se convierte en mío cuando te fundes conmigo.
Aroma de mayo vienes de cerezas y frambuesas, pomelos y ciruelas, y te mezclas con mi diciembre de naranjas y manzanas, uvas y vainilla.
Olor de caoba y sándalo que acude desde tu piel se mezcla con las flores orientales que adornan la mía. Oleadas de agua salada, el mar en tu pecho resbala fundiéndose con mi savia.
Siento tu olor en mis sueños y despierto como animal hambriento buscando tan preciado alimento, la ambrosia que tus labios esconden, el placer de tu cuerpo. Enloquezco ante el perfume que me lleva a tus secretos y es que, por más que quiero no puedo escapar al deseo de envolverme en tu esencia, hacerme etérea para seducirte hasta el alma, con la fuerza salvaje de huracanes, revolviéndote hasta dejarte sin aliento, exhausto, perdido... y un sendero de mi néctar indicándote el camino hasta mis labios, tu destino.
Bocanadas de aire fresco llegan desde ti, invadiendo mis sentidos, y aún cerrando los ojos y escapando a tus latidos, la fragancia de tu piel llama a la mía y la conmina a dejarse hacer, como un bálsamo que cura, y al tiempo envenena, haciéndome olvidar quien soy para ser contigo corazón que late, cuerpo que respira y otra vez envuelta en la seda de tus manos, de tu aroma, de tus besos embriagados de pasión, caer rendida, sumisa a tus deseos que son los míos.
Dejo gotas de perfume como migas de pan que te guían despacito hasta encontrarme, sin más prenda que mi aroma de Ángel enajenándote, hechizándote con Magia Negra, atrapándote un instante sin más armas que las que enmarañan tus sentidos pues en esta cruzada, cuerpo a cuerpo, vale todo y todo está permitido, que eres mi contendiente y al tiempo mi captura, que soy tu presa y al tiempo tu oponente, quien gana pierde y viceversa y aunque parezca mentira nos deleitamos en esta contienda, combatientes de corazones heridos, de almas valientes.
Dame un segundo más del incienso de tu piel, déjame ser llama que lo haga arder, embriágate con el licor de mis labios y lícuate en mi ombligo hasta ser conmigo perfume de veranos cálidos y otoños sombríos, de inviernos fríos y primaveras exultantes, hagámonos del aire, envolvamos al mundo en nuestro aroma, esencia de nosotros mismos, que el mundo es nuestro cuando nos fundimos.

Me gusta cuando tu aroma embelesa mis sentidos.

Besos y sed felices.

sábado, noviembre 11, 2006

Stardust



Acaso la estrellita minúscula, esa que ni siquiera tiene nombre, sólo una hilera de letras y números para designarla, piensa en los ojos que ahora la miran y se queda en ellos, para volverse un poco mirada, un poco ternura, un poco el silencio que da paso a un beso...

342.879.561. Así se llamaba. Una hilera inmensa de números que alguien un día decidió colgarle como nombre. Pobre estrellita. Ella que quería ser algo más que un simple punto mirando desde allá arriba... Pero era demasiado pequeña, demasiado poca cosa. Ella no era una Estrella Polar, no. Ni siquiera era parte importante de alguna de esas constelaciones tan populares que los amantes, a veces, se regalaban... "Mira ¿ves ese grupo de estrellas que forman como una M? Eso es Casiopea. ¿Te gusta? Si pudiera te las bajaba todas para colgarlas de tu pelo".

342.879.561 le gustaba mirar a los viandantes de las grandes ciudades. Era como espiar pues su luz era tan poquita cosa, que con la contaminación lumínica, casi era imposible verla. Veía las parejitas, paseando abrazadas, susurrándose cosas al oído. Veía a las chicas guapas corretear entre transeuntes y coches, con sus zapatos de tacón alto, en busca de taxis cuando hacía frío. Los ejecutivos, siempre con sus trajes impecables, hablando a menudo por el móvil, y sin prestar atención a nada. Los barrenderos, unos cantándole a la luna, otros barriendo deprisa para acabar pronto...

Y los solitarios, los románticos solitarios que se dejaban el alma en cada suspiro, mientras paseaban lento, saboreando cada paso, a veces con un cigarro que fumaban con parsimonia, la mente abstraída y lanzando, a ratos, miradas al cielo. Parecía que la miraran a los ojos.

Le gustaban los solitarios, pues sabía que eran los pocos que realmente la miraban, aunque no la vieran siempre. La miraban con los ojos del alma, y con los de la cara. Brillaban sus ojos al reflejarse en su luz, y se tornaban más hermosos aún si cabe, perdiendo por un instante la frialdad de sus vidas desangeladas. Andaban en equilibrio entre la felicidad de las pequeñas cosas, y la soledad, que no siempre es bienvenida. Bailoteaban con la luna, cuando nadie les miraba, se confesaban a los astros, se enamoraban del mar y se dejaban engatusar por rayos de sol, gotas de lluvia y luces de neón.

Los solitarios hablaban con ella en las noches sin luna. Dejaban sus ciudades y se perdían en playas o montañas tranquilas, y la miraban fijamente a los ojos y le contaban en secreto sus anhelos.

A veces los solitarios se encontraban entre ellos y iban juntos a contarle secretos. Entonces se quedaban largo rato mirando su luz cálida y suave, hasta que ella se prendía de sus ojos, y entonces ocurría que se volvía mirada enamorada entre ellos, repartiendo ternura en sus manos, dulzura en sus voces, cálidas caricias y besos lentos, acompasados al ritmo de dos corazones perdidos un instante y encontrándose encontrados. Ella era el silencio en sus palabras, la calma sugerente de la noche, la caricia de él en la mejilla de ella. Los labios de ella apenas rozando los de él...

Y en ese momento en que hasta el tiempo se paraba por no molestar, ella se dejaba caer, como suave polvo de estrellas para impregnarse de su alma, la de ellos y volverse corazón...

Besos y sed Felices

sábado, noviembre 04, 2006

Caricias



Sobre mi piel desnuda, tus dedos hacen dibujos, recorren despacio llanuras y desiertos, colmándome de placer, repasan despacio cada milímetro, redibujándola, reescribiendo nuestra historia con palabras sin letras, con suaves besos, con susurros que tu piel deja sobre la mía.
Mis manos se pierden sobre tu pecho de seda y caminan sin rumbo, suben por tu cuello hasta tu cara, y entonces te miro con los ojos cerrados, sólo con mis dedos, y descubro secretos que aguardaban a mi tacto. Invento sobre la piel que cubre tu corazón dormido, nuevas caricias con mis labios y escucho su latido con mis manos.
Mi mejilla reposa sobre tu vientre y me deslizo como una brisa suave, apenas sin tocarte, recorriéndote. Siento en mi piel el cálido roce de la tuya, me envuelvo con ella y me refugio en tus brazos.
Duermes mientras mis dedos hacen sortijas con tu pelo, enredándose y perdiéndose en el laberinto de tu cuerpo, revolviéndote, haciéndote perder una vez más el equilibrio, para dejarte caer entre mis brazos y perdernos juntos en nuevos universos hechos de ternura, de suave piel hecha caricia, de besos dulces como chocolate caliente.
Me recorres despacio, piel sobre piel, poemas hechos a puro roce, a sentimiento de tacto que abraza, que quema y traspasa, que nos pierde, hasta encontrarnos embriagando los sentidos, sólo el tacto despierto y acallando los ecos del miedo.
Me hablas con las palmas de tus manos abarcando mi cuerpo, sin mediar palabra, que enturbie la calma de este precioso silencio de pieles que claman nuevas caricias, nuevos besos, el placer hecho tacto, el tacto en la boca, tu boca en mis pechos, bebiéndome y haciéndome agua para tus labios sedientos.
Mis manos enloquecen sobre tu piel y encuentran las tuyas, abrazándose, deseándose, entrelazándose.
Batalla campal, cuerpo a cuerpo nos enfrentamos y vencemos y perdemos y otra vez empezamos este juego, confundiendo nuestras pieles en el encuentro, mareas embravecidas, salados surcos de lava ardiente, recorriéndonos, deseo de amarnos eternamente, acabándonos y empezando de nuevo, baile de fuego, agua y desierto, que nos confunde, nos devora, nos incita a seguir hasta rendirnos el uno al otro, sabiéndonos saciados y al tiempo hambrientos…

Me gusta cuando tu piel se funde con la mía.

Besos y sed felices

viernes, noviembre 03, 2006

Noviembre



Hoy llueve. Llueve con aplausos, me dicen. Llueve sin parar, el cielo llora sobre el asfalto y desde mi cama escucho su llanto.
Llega Noviembre con lluvia y me trae en esta noche, nostalgia, frío y una extraña dulzura, todo en partes iguales. Ingredientes para un postre hecho con chocolate y delicias de besos, con mandarina y toques de caricias, con una pizca de pimienta negra y silencios, con canela en rama y dosis generosas de paciencia. A fuego lento cocino, y miro entretanto por la ventana de mis sueños, con esta lluvia de fondo, que me devuelve el perfume de la tierra mojada, de rosas que se abren a las gotas, que beben como bocas sedientas de besos, y caen en sus pétalos rojos de pasión, adornándolos con sus caricias como susurros sobre la piel.
Noviembre de noches largas y calles en tonos sepia, noviembre de luces de neón y alegres escaparates. Mi noviembre, dulce mes que aguarda, siempre aguarda, la llegada de diciembre. Mes noveno que es undécimo, lleno de soledades acompasadas con ternura, mes que casi acabas y te empiezas, hermosos días de otoño anoviembrados, de luces suaves color vainilla, como el aroma que va dejando tu recuerdo en mi buhardilla.
Noviembre que iluminas con lluvia de aguacero, mil colores brillantes cuando lloro contigo. Noviembre, no quiero olvidarte, mes de los solos encontrados, en el calendario, dos unos que suman dos sin dejar de ser uno.
Hoy, noviembre, te me haces presente, afuera llueve y aquí adentro veo un arcoiris reflejado en el sol de una mirada y las lágrimas de un corazón que clama por ser liberado.
Tengo noviembres hoy, mañana diciembres y en el ayer octubres olvidados. Llegará el nuevo año con enero desnudado, pero ahora, noviembre, dame un beso adiciembrado, o mejor, cálidamente agostado, que recuerde en mis labios primaveras mayosas. Traeme tu luz, tus sombras, tus quebrantos, noviembre dulce y lluvioso, frío de porcelana y timbre de cristal...

Besos y sed felices

jueves, noviembre 02, 2006

Dos Gardenias



En la cocina el puchero humeaba, perfumando el aire con ese inconfundible aroma de toda la vida...

Ella trajinando en los fogones, delantal cubriendo su camisa de seda, color marfil, abotonada con imitación de perlas, falda recta en color marengo hasta las rodillas, y zapatos de tacón. Melena, a la moda, suavemente ondeada, como las actrices del momento, recogida delicadamente en un lado con una pequeña peineta adornada con una mariposa plateada.

La comida acabada, y el entrando, como siempre algo tarde, traje de chaqueta en gris perla, sombrero de ala ancha, a juego, al más puro estilo Bogart, para tapar, coqueto, su escasez de pelo. La cámara, una Leica IIIf, último modelo, colgando de su preciosa correa de cuero marrón, en su cuello, el maletín con lo necesario en la mano, la corbata medio desanudada, la camisa blanca, algo manchada. Y esa sonrisa, esos ojos grandes siempre sonrientes, dulces al mirar a su amada.

Se casaron tarde. Rompieron las reglas escritas y las no escritas, cuando un día, él la rescató, cual Tenorio, ella ya casi convertida a monja, y le prometió que siempre sería feliz... Y desde entonces sólo se preocupó de cumplir su promesa. Se casaron mayores, nadie apostaba por ellos, ella con sus treinta y tres años, él treinta y cinco.

Con la mesa servida, ella atendía a sus gardenias, siempre hermosas, de blanco inmaculado. Este hombre y sus retrasos, la podían, y por no alterarse, regaba, limpiaba y hablaba a sus gardenias.

Él, sonrisa en boca, sombrero medio ladeado, se ajustaba la corbata, bien elegante, como a ella le gustaba, y se acercaba, por la espalda, le daba al viejo gramófono, y machín cantaba, Dos gardenias para ti, con ellas quiero decir te quiero, te adoro, mi vida. Y se quitaba la chaqueta ya bailoteando, hasta alcanzarla a ella, la agarraba de su hermosa cintura, mirando sonriente sus curvas, y la giraba hasta tenerla de cara, ella con el entrecejo fruncido, visiblemente contrariada, él alzándole el mentón, suave, besándole la mejilla, ella mirándole “Que voy a hacer contigo” y él otro beso en la otra mejilla, mientras seguían a machín… Dos gardenias para ti que tendrán todo el calor de un beso, de esos besos que te di, y que jamás te encontrarás en el calor de otro querer… y entonces sin que ella se diera cuenta, cortaba dos gardenias del arbusto y se las colocaba, enredadas entre sus mechones rizados, y ella rendida apoyaba la cabeza en su hombro. Él, dulce y tierno, le alzaba de nuevo el mentón “Sonríe Anita, que el sol vea lo guapa que eres y refulge de envidia” y ella sonreía, tan hermosa, que en verdad el astro rey le envidiaba. Entonces la besaba largo y dulce, y Machín enternecido coreaba su amor desde el gramófono.

Ya nada importaba, si la comida se había enfriado o la camisa estaba sucia. Y con esa sencillez con la que él lograba disipar las nubes, ella no podía jamás estar enfadada más de dos segundos.

Él desenfundaba de su cuero su magnífica leica y la miraba, “Anita, mírame como cuando me amas” y ella, que le amaba con locura, le miraba y quedaba prendida de la cámara y de sus ojos, los de él, que no podían esconder su adoración.

“No sé que haré contigo, Hipólito, no tienes remedio” y le ayudaba a quitarse el sombrero, todavía en su cabeza, él ya sin corbata y sin camisa “vas a coger una pulmonía” y Machín, a coro con él: Mira que eres linda, que preciosa eres…

Y la casa llena de risas, el sol sobre las gardenias, resplandeciendo, y ese amor, promesas cumplidas, llenándolo todo…

Besos y sed felices

lunes, octubre 30, 2006

Mar



Tengo el mar llenando huecos en mi corazón. Como él, a veces siento mareas embravecidas, capaces de arrasar aquello que encuentre. Como él, a veces soy playa tranquila, de olas suaves, de soles de atardeceres y lunas de plata que bañan con timidez sus redondeces en mi agua.
Siento el mar buscándome dentro, como si acaso mi alma fuera de sal, parece que no puedo estar lejos de su azul mirada, que me envuelve, de sus dulces abrazos, de esa calidez que siento cuando me moja los pies... Soy de mar y de rocas, de cielos azules y estrellas brillantes, soy un sol adormecido en calas de blanca arena...
Me acoge el mar entre sus olas, y me siento perder, mecer en la dulzura de su cuerpo-agua, y pienso que tal vez soy ola que choca contra rocas, que lame la playa cercana, que juega a ser pleamar o bajamar cuando la luna canta.
A veces pienso si acaso no seré sirena perdida en una tierra que no es la mía, tal vez hubo un día que salí de mi caracola de nácar buscando otros paraísos, y alguna estrella coqueta me engatusó para seguir su estela en la arena fina de una playa cualquiera.
A veces el mar se desborda por mis ojos y siento que le pertenezco, y es que en el fondo él tiene la llave de mi secreto más guardado. No sabría estar sin mi mar, arrullándome con su dulce voz, que me llena los oídos... Quisiera ser isla que durmiera mecida entre sus aguas, alga para poder bailar con sus nanas, pez que nadara en su seno maternal, barca que acariciara su piel, roca que aguantara sus envestidas, cielo para abrazarle, luna para mirarle, sol para calentarle, nube para lloverle, caracola para llevar su voz amarrada a mi alma...
Soy como el mar, soy mar, soy del mar. Y hay días en que, como si de tormentas se tratara, escucho truenos en mi cabeza, siento chocar mi alma contra mi corazón y mareas en movimiento que me confunden, oleadas de sal y azul turquesa, mis pies mojados y mi piel salada, mi pelo del color de las algas, ensortijado entre corales y espuma blanca, mi mirada bañada y perdida en sueños de nubes de algodón y estrellas fugaces, rayitos de luna haciendo estelas que sigo sin fijarme, paseando entre caminos de arena y nácar, perlas en mis manos, caballitos de mar para mis pensamientos, que se pierden entre estrellas de mar, haciendo burbujas mientras desaparecen...
Hoy voy a ser espuma suave que bañe esta playa tranquila... Mañana tal vez decida ser ola que choque contra las rocas...

Besos y sed felices

viernes, octubre 27, 2006

Besos



Tus labios tienen el tacto de la frambuesa, la dulzura de los arándanos y ese punto ácido de la grosella. Se pasean por mi piel como si les perteneciera, y dejan caricias como besos y besos que son caricias… Hasta llegar a mis labios y fundirse en un dulce abrazo.
Cuando me miras, tu boca prodiga sonrisas, a veces suplicantes, otras incógnita, y siempre con ese punto canalla, que sabes, me vuelve loca.
Te quedas mirando fijamente mi boca, mientras hablo o mientras te distraigo jugueteando con mi dedo, sin darte apenas cuenta, mordisqueas tu labio inferior, sonríes, y entonces me besas de improviso, envolviendo con tu boca mis labios, en un abrazo apasionado, lamiéndome despacio, haciéndome perder la consciencia y cayendo rendida a tus besos que me provocan, me envuelven, me transforman.
Cuando me besas, todo el universo queda prendido en tu boca, y un mar de lenguas entrechocan embravecidas, en el cielo de una noche larga, intensa y dulce, mientras me envuelves y muero en tus labios mil veces para resucitar otras tantas en tus besos, subiendo al mismo cielo para bajar después hasta el infierno, sin darme descanso pero dándome el aliento, dejándome perdida y al tiempo rescatándome…
Cuando me besas, traes para mí en tus besos el aire de otros lugares lejanos, el sabor de frutas que desconozco y caricias como soles de otros mundos.
Mientras duermo, vuelves de nuevo a pasear tus labios por mi cuerpo, y dejas estelas de besos, marcando el camino que recorres, para no perderte y volver de nuevo hasta mi boca, besando mis labios, con ternura y sin descanso, parece que pudieras estar eternamente besándome y al pensarlo, en silencio te ruego, no pares… bésame sin reparo.

Me gusta cuando tus labios abrazan a los míos…

Besos y sed felices

martes, octubre 24, 2006

Miradas



Me miras desde tus ojos, del color de las avellanas, mientras no me doy cuenta y pido el postre al camarero.
Al volver a mirarte, me descubro reflejada en tu mirada, mientras la posas sobre mis labios, y me besas sin besarme, dulce y pícaro al tiempo. No lo resisto y bajo un momento mi mirada, con la inocencia fingida de una adolescente. Entonces pasaeo mis ojos despacio, rozando con ellos tus manos, sin tocarte y a la distancia que esta mesa nos impone, y subo por ellas mientras imagino su caricia, de tus dedos a tu pecho, y escucho su latido... De tu pecho a tu boca, y escucho tus silencios... de tu boca, de nuevo, a tus ojos, para volver a mirarme en ellos. Y tu repites la jugada, me besas sin besarme, con un ligero parpadeo, con ese brillo que siempre veo en ellos cuando me miras, acariciándome ahora las mejillas, la comisura de mis labios, el pelo, tus manos quietas sobre el mantel, tus ojos, me envuelven en caricias sin tacto...
Han servido el postre. Distraída mordisqueo una fresa, rojo intenso entre mis dientes, y la beso despacio, y siento tus labios que son fresa ahora, y me miras suplicante, a cuarenta centímetros escasos de mi fresa y de mis labios, rogando clemencia y olvidando que otras miradas pueden posarse en las nuestras. Ahora eres tú el que no resiste, parpadeas, pero estás atrapado, hipnotizado en mi boca, que desde tus ojos mordisqueas hasta llegar a mi lengua, tu lengua se pasea distraida por tus labios, mientras tus ojos saborean la imagen de la fruta que despacio degusto, intencionadamente provocando con mis ojos a los tuyos, que ahora deslizas despacio, lamiendo con ellos mi cuello, mordisqueándome a miradas de deseo.
De tu boca salen ahora palabras, sobre el trabajo y otras banalidades, preguntando distraído como me fue el día, poniéndome ligeramente nerviosa con tu mirada que no dice lo que tu boca, que al final queda en silencio, pues son ahora tus ojos los que hablan, sugerentes, para lamerme una vez más desde mi boca hasta mi cuello, y bajar despacio con ellos por el surco entre mis pechos, desnudando mi cuerpo sin hacerlo, y me siento perdida entre tus ojos, que vuelven a abrazar a los míos, para seguir quitándome despacio la ropa, y tus labios siguen cerrados, sonriendo con picardía, las manos a penas a dos milímetros de las mías, sin rozarnos y un mundo de mesa, platos y copas separándonos, mientras sigues besándome, acariciándome, abrazandome desde tus ojos del color de las avellanas...
Me gusta cuando tu mirada hace el amor con la mía.

Besos y sed felices