Mi amor es de arena y sol, de brisa y silencios Mi amor tiene noches estrelladas y largas Días de sol, dunas doradas, aliento cálido Mi amor no sabe del tiempo y es paciente Mi amor se hace de risas, de largas miradas De noches de pasión, de besos eternos Mi amor es sureño y tiene amaneceres Vivos colores, y vida en su yermo semblante Mi amor no atiende a miedos ni excusas Mi amor es siempre sincero y honesto Tiene en su silencio todo el universo Mi amor está lejos pero yo lo llevo dentro Mi mirada es como él, puro desierto
Tengo 249 razones para olvidarte y una sola para recordarte, y aún así me empeño en repasar cada surco de tu piel intocable con mis dedos-memoria y recordar en mi boca el sabor de tus lágrimas.
Tengo 1.000 razones para odiarte y una sola para amarte, y en silencio desearte en cada cuerpo que en mi lecho yace.
Tengo 2 razones para olvidarte y una sola para besarte, y cada mañana te olvido y al anochecer vuelvo a recordarte.
Tengo 3.500 razones para desterrarte y una sola para esperarte, y aquí estoy como Penélope, tejiendo sueños de noche que el alba deshace.
Tengo 400 razones para borrar tu nombre y una sola para escribirlo noche y día, y ya me sé cada curva, cada secreto que esconden las letras y los silencios que lo dibujan.
Tengo 2.000 razones que son lágrimas y una sola que es sonrisa, y aún cuando río mi silencio es llanto, mi llanto es la lluvia que provoca la tormenta de tu ausencia, diluvio que empaña las estrellas que me cobijan y hasta estas palabras bailan solas sin concierto, sin una mirada que las asista.
Tengo 7.151 razones, todas ellas válidas, que dicen que mejor cuanto más lejos, que no eres bueno, que tus palabras son mentiras, que tus silencios me hacen trizas. Y sin embargo hay 6 puñeteras razones que impiden que te envíe al carajo... Malditas sean....
Todavía no te he escrito y ya te me cuelas por los recovecos de mi desierto. Para ti que te escondes en los silencios de las palabras no dichas, hoy no escribo y sin embargo el papel de ti se impregna.
No puedo ni quiero pensar en tus labios y te oigo susurrarme. Intento no escucharte y borrarte un rato de mi memoria y a escondidas vas llevándote los recuerdos que me incordian, como un ladrón me robas mis fantasmas más recientes, y yo no sé si acabarás siendo como ellos, un sueño etéreo.
No he escrito nada para ti porque no quiero que ocupes mis pensamientos, pero a ti lo mismo te da, pues se te antoja codearte con mis sueños, y sin preguntar, tú mismo te conviertes en negro sobre el blanco de mi silencio.
Tengo presa mi risa entre tus manos, mis ojos en tu regazo, mis caricias en tu pecho, mis palabras en tus besos. Como niño travieso, juegas a colarte en mi hueco y yo quisiera que no lo hicieras, pero tal vez sea tarde, ya estás dentro.
No voy a caer en la tentación de escribirte y contar con palabras nuestros silencios, y con silencios nuestras sonrisas. No insistas, que no hay trato, no voy a dejar que el lienzo se llene de nuestros colores, que si no se pinta, la lluvia no podrá llevarse el paisaje. Que no quiero empezar algo que pueda acabarse, mejor no cuento nuestra historia y así tal vez no encuentre el final y sea interminable, un sueño eterno, eterno como tu sonrisa.
Voy a llenar de secretos no contados el espacio, no quiero que las palabras limiten nuestros silencios.
No te he escrito, que conste que eres tú que te empeñas en adueñarte del laberinto de mi vacío, para llenarlo de caricias y besos.
Como niño, seguirás golpeando contra el muro de mi ausencia, y sin querer queriendo, me robarás el sentimiento, por más que lo esconda, y luego, exhausto, te dormirás en mi regazo y colmaré de arrullos y mimos cada uno de tus anhelos...
¿Y qué pasa si un día descubres que tus fantasmas dejan su etérea imagen para volverse carne de nuevo?
¿Y qué pasa si ese día te pillan tal vez con la guardia bajada, o simplemente dejan en tus labios un beso, un recuerdo de mil noches de azahar, de mil sueños?
¿Qué pasa si en el instante en el que sus labios acarician los tuyos ves pasar el tren de mil momentos que quedaron en la memoria, en el archivo del olvido, en estaciones que nunca más deberían ser ni de paso?
¿Qué pasa si el desierto parece lejano y su piel cercana, si tal vez te afecta más de lo que estás dispuesta a reconocer, si en el preciso instante en el que su mirada cruzó con la tuya viste el brillo de otros días?
¿Qué pasa si no entiendes lo que sus silencios dicen, si no quieres escuchar sus palabras, ni tampoco sus entrelíneas, que pasa si prefieres ponerle un puente al agua para que cubra de espuma sus recuerdos, para que arrastre a otras playas sus miradas, se lleve de tu memoria el recuerdo de sus caricias y otra vez puedas pensar que nunca atracó su velero en el puerto de tu alma herida?
¿Qué pasa si un fantasma vuelve desde los espacios vacíos de tu recuerdo y otra vez se hace carne, hueso y besos y colma de pasión tu olvido y llena de preguntas tu paz ganada a pulso contra el dolor del abandono ajeno, que pasa si tu armadura en el fondo no es de hierro, Si aún no queriendo pudieras querer y no queriendo quieres querer sin querer queriendo?
¿Qué pasa si sueñas con cuentos de hadas y películas almibaradas, y por un momento crees que tal vez la vida no sea siempre amarga?
¿Qué pasa si la vida te gasta una broma pesada y justo un año después de que tu fantasma se hiciera fantasma, decidiera dar la cara y volverse de nuevo real, y tuvieras la sensación de que el tiempo se vuelve atrás o se retuerce sobre sí mismo, parece que un año desaparece y de nuevo estás en el mismo fin de semana en el que tu mundo cayó a tus pies y tú perdiste las alas, qué pasa si justo un año después tu vida quisiera volver al punto donde la brújula quedó extraviada?
¿Alguien sabe que pasa cuando un fantasma deja de ser fantasma?
Te echo de menos como los desiertos echan de menos la lluvia. Como la noche desea la luna.
Te echo de menos como una letanía y siento tu ausencia grabada a fuego entre tu piel y la mía.
Estás en el espacio que guarda el silencio, en la luz que precede la oscuridad más profunda, y aunque te busco entre palabras, sólo este vacío aguarda, sin más respuesta que la distancia, que aunque es corta, dice el bolero, media un mundo entre tu y yo.
Escucho tu nombre repetido en cada silencio que mi mente encuentra, en cada recoveco de mis espacios ausentes, tu soledad parece enfrentarse a la mía, y en mi voz escucho el lamento callado del grito enjaulado que alcanzarte quiere. Intento romper barreras, cruzar abismos, atravesar los sueños por alcanzarte y sé que es en vano, parece que el destino juega a romper los puentes que mi torpe perseverancia se esfuerza en construir, y dejo en el empeño estelas de je te manque, I miss you, 私は逃す, ich vermisse Sie, li manco, Eu falto-o, Я пропускаю вас, y no sé como decirte simplemente que te echo de menos, que no entiendo tu ausencia ni tu alejamiento, que no sé por qué este silencio ni concibo la razón que te hizo negarte nuestro momento.
Te echo de menos como el mar echa de menos las olas, como la aurora anhela el atardecer, como el invierno espera la primavera. Te echo de menos como una costumbre y a veces pienso si un día dejaré de echarte de menos, o si eternamente estaré esperando tu regreso.
Te echo de menos y espero algún día dejar de hacerlo, pues sé que es absurdo anhelar los sueños, y así dejaré que el tiempo se acabe de llevar tu recuerdo, tu aroma, tu tacto y hasta el aliento de tus besos, que yo sé que en silencio me desean tus labios, casi tanto como yo a ellos, que tal vez lidies con mi pensamiento cuando a escondidas te descubres recordando nuestro encuentro, quien sabe si en el fondo me echas de menos, quien sabe si a ratos te preguntas como deshacer el tiempo o buscar el momento de volver a vernos. Y mientras a este lado del tiempo y el espacio yo seguiré echándote de menos...
Estamos en Fallas, como cada año por estas fechas... Por ello os dejo unas cuantas mascletas, dedicadas para quienes nunca habeis visto una, pero muy especialmente para aquellos que las añorais y que la distancia no os dejan disfrutarlas en directo...
Alf, va por ti, y por tantas y tantas en la puerta del Ayuntamiento, jejeje... Y para ti Diego, que a saber el tiempo que hace que no escuchas una.
Mientras Priscila Sigue en el taller de creación y a poquito tiempo ya de tener su siguiente capítulo listo para dejarse ver, hoy he querido rescatar una entrada antigua, de mayo de 2006, puesto que esta noche, emiten una de mis películas favoritas. Si no la habeis visto, os la recomiendo. Sobretodo para aquellos que todavía creeis en el amor... El Amor Verdadero:
Besar, arrullar, amar... lidiando necesidad y deseo, tu cuerpo en medio y mi pregunta al aire y mil voces gritándome “huye, no te quedes” y te miro, me enredo en tus ojos, tus brazos me lían y mis labios se pierden en tu boca un segundo más, un instante y olvido y quebranto, desavengo, no escucho y atento contra lo conveniente, la convención, lo convenido.
Prohibidos tus labios, abrazos de contrabando y el delito del deseo entreverado en tus manos. Sellados mis ojos, por no ver, miran hacia otro lado, que mis manos atenten, que mis labios pequen, que no es delito el deseo, si el amor mantiene su encierro. No existe, perfecto, no tiene parte en este juego, tal vez, mejor así, que no quiero y quiero y en tus labios mi aliento sediento, se bebe tus besos... No debo.
Un ruego en mi lecho, una celda a la pasión, una llave que encierra lujuria, ¿cómo apagar el fuego?¿cómo detener las olas del mar, aunque la playa les niegue la arena? Malverso y no atiendo consejos, y sé que condeno mi alma a tu infierno. Pecado es tu abrazo, veneno mis besos, deseo, la droga que ambos ansiamos, furtivos del sentimiento.
Esta cadena nos liga, nos une y desune y queremos cegarnos y obviar el deseo, que no haya amargura, desazón ni tormento, y cómo evitarlo si duelo si peco si duelo si huyo si duelo si quedo, vedada pasión que enturbia la paz del silencio, que llenas de anhelos que claman mis ojos, mis manos, mi boca, deseas... Prohibido.
Prohibido, encanto hipnotizo el deseo en tus brazos, lamento prohibido el acceso, deseo tus besos, prohibido tu cuerpo, entrego mi tiempo, prohibido deseo, hechizo mis labios, prohibido el sentir, entrego el aliento, prohibido... Tentando, mintiendo y amando en silencio, prohibido el camino, acelero y arriesgo, prohibido el riesgo, apuesto mi suerte, prohibido capricho, bendita pasión, malditos los besos prohibidos.
Te escondes en la soledad de esta gran ciudad. Tu corazón palpita en silencio desde algún rincón, donde no me dejas hallarte. Hubo un tiempo en que me hablaste y casi me convences, que absurdo, de que existen los sueños.
Te escondes de mis ojos y mis oídos y anclado en el polvo del baúl de mi memoria quedó un poema inconcluso, que absurdos los versos para tu alma ausente.
Reconozco el error de mis pasos, el desliz de creerte, pero que quieres, tu falsa verdad me hizo ingenua a tus besos y delinco, lo sé, al culparte, pues realmente tan sólo fui de tu juego un peón; entre tus dedos, un cigarro más que fumaste con deleite.
Reconozco y soy culpable, debí no andar ese camino, dejar el valor aparte, quedarme a este lado de la distancia, mantener el silencio y la calma, que así las cosas siempre son más bellas, que la realidad nunca empata a la imagen creada, que vale más un sueño que mil noches de verdad desolada, que por más que un segundo en tus brazos pudiera devolverme las alas, la verdad de tus mentiras siempre acaban por dejarme ahogada en lava.
No hay verdad si no hay alma. No hay alma si al corazón se mata. Tal vez tu alma sólo dormita mientras espera a que algún día tu corazón de su encierro liberes, lo alivies de esa pesada carga.
Puede que aún no teniendo corazón, más quede de él en mi hueco, que lo que en el vacío de tu oscuridad queda. No niego que tal vez amaste, es posible, incluso probable, más en el olvido enterraste lo que del amor aprendiste.
Hoy dejo hablar a mi rabia. Mañana sólo serás otro fantasma. Pero estate tranquilo, aprendí por fin, que estaba en lo cierto: el amor no existe ni existen los finales felices.
A pesar de todo aquí seguiré, en este desierto en calma, dejando al frío el hueco de mi corazón, los silencios de las promesas a mi alma. Aquí estaré, sabes donde encontrarme, y no te engañes, no hay rencor, tan sólo pensamientos escondidos en los recovecos de mis palabras.
Jeroglífico de líneas y surcos, de piel y caricias, de besos prohibidos que empapan mi boca y envuelven mi alma, deseo de manos ardientes, de cuerpos fundidos de bocas besantes, rompientes, sesgadas de fuego y agua, de fiebre y delirio que arman, desarman la paz de este sitio.
Sitias mi alma, silencias mi voz, enciendes mi fuego y cercas deseos en guerras de abrazos, enredos de manos, y cuerpos luchando contra el deseo.
Combatientes a duelo tu boca y la mía, y en un sólo beso la pasión sostenida, el aliento sediento, la guerra perdida y vencida, empezando, acabando y de nuevo otra boca, otro beso, batalla zanjada, mordiendo en el cuello tus dientes, mi vida, perdiendo y venciendo y queriendo y huyendo y volviendo, ardiendo en tus brazos, y un quiero y no puedo y no debo y deseo y te abrazo y me besas y escapo y me encierro en tus brazos, de nuevo derrocho, no puedo y deseo y no debo y te bebo y me bebes y miras, te miro, miramos delirio, delinco en deseo y te tiento, me muerdes, te embrollo, me envuelves, te aparto, me acercas, de nuevo me vences, te pierdo, me ganas, te atrapo, me enredas, caemos en un nuevo beso y otra vez, otro intento...
Jeroglífico de líneas y surcos de piel y caricias, de besos prohibidos... Dame un abrazo y me pierdo contigo.
Ahora que San Valentín ya ha cerrado sus puertas, me quedo mirando las estrellas y en el fondo dejo que por un rato, y sin que sirva de precedente, se escape mi lado más romántico.
Supongo que tampoco es tan malo, después de todo, concederle una oportunidad (o las que hagan falta) al amor. Aunque siga preguntándome día a día en que consiste exactamente.
En verdad, confieso, aunque pienso negarlo mañana cuando el sol brille, que me gusta este día. De repente nos dejamos embaucar por el romanticismo al más puro estilo, y parece que el sol brille hasta en el invierno más crudo. Dedicamos un día al amor, me gusta esta idea, un paréntesis entre tanto horror, tanta violencia, un momento para recordar la psicodelia de los setenta, y aquel “amaos los unos a los otros...” Porque en el fondo, aunque sea con una cocacola y una hamburguesa, en una playa recóndita, o mirando las estrellas desde alguna montaña, todos alguna vez hemos dejado que Cupido nos robara el corazón este día.
Me gusta pensar que por un día nos amamos como si eso fuera lo único verdaderamente importante, y aunque es cierto que el amor debe crecer cada día, que no se trata de amarse un día si no 365, que el amor se construye con el tiempo, o que aunque no queramos tiene fecha de caducidad, a veces es bonito soñar.
Tal vez mañana reniegue contra todo símbolo del amor y vuelva a recordar que yo perdí mi corazón entre tantas batallas contra la cobardía, pero hoy he hecho una visita al hueco que dejó, y no lo encontré oscuro y frío, hoy tenía una cálida luz y hasta una cama de terciopelo rojo en el interior de un elefante hindú. Hoy alguien cantaba una canción de amor a una prostituta llamada Roxanne y miles de botellas llegaban con sus mensajes a destinatarios perdidos en inmensas playas de arena blanca.
Hoy las teleoperadoras no sonaban frías y metálicas, las farolas se giraban ruborizadas al pasar parejitas de abrazados, el humo de las chimeneas dibujaba corazones en el aire y en el aire sonaban dulces melodías.
Tal vez mañana piense que se me cruzaron los cables esta noche, pero que quereis que os diga, en el fondo, muy muy en el fondo, guardo una esperancita para Eros...
Duermes. Me he quedado a tu lado, mirándote, la respiración regular, las largas pestañas cerrando tus ojos, el pelo desordenado, esa leve sonrisa en tus labios. Me encanta ser la voiyeur de tus sueños, espiar tu respiración, el leve movimiento de tus ojos, el modo en el que tu pecho sube y baja, apoyarme sobre él y escuchar tus latidos regulares.
Me encanta cuando tu brazo me busca a ciegas, desesperado hasta encontrarme y entonces me afianzas a ti como si repentinamente tuvieras frío y sólo mi cuerpo pudiera abrigarte.
Hay noches en las que el alba me sorprende mirándote, escuchando tus sueños, el silencio de tus secretos y tus palabras dormidas, inventando la forma de deslizarme de puntillas en el zaguán de tus pupilas, hasta llegar a donde inventas universos, para jugar contigo, pasearme por jardines de fantasía y navegar en mares de agua violeta y peces de colores insospechados.
Tu cuerpo revela lo que tu mente despierta no atina a decirme: Que me anhelas cuando no me tienes, que me abrazas en los espacios vacíos que las horas dejan al bullicio, que en secreto besas al aire imaginando mis labios y vuelas hasta mis brazos cuando el día se hace eterno y alivias así el ahogo de tu cotidianeidad.
Leo en los surcos de tu piel relajada poemas de dulce sonoridad. Bailo en el compás de tu respiración acompasada y me adormezco en el regazo de tus manos suaves y laxas. Extenuada al amanecer mis ojos ceden a la tentación de tu hermoso sueño y caen rendidos en el sopor, y mis labios besan distraídos tu espalda, hasta que giras para abrazarme, recolocándome en el hueco que tu cuerpo hace a mi medida, y definitivamente duermo, vencida por tus sosegados susurros en mi oído, cubierta de tu brazo, escondida dentro de tu cuerpo refugio, perdida en la apacible tranquilidad de tu sueño armónico, y aunque me revelo una vez más contra el impulso indomable de quedarme dormida, por mirarte un instante, tus argumentos son más firmes que mi rebeldía y al final dejo que Morfeo me lleve contigo hasta que tus labios me despierten dulcemente cuando el sol corone el día.
Besos y sed felices.
Nota: para esta entrada quería la canción de Cómplices, "Cuando duermes", pero no ha sido posible. Espero que os gusten las que he seleccionado.
Hoy es el día en que hay que ponerle un punto al silencio y dejarle en pausa. Hace unos meses, el dos de abril para ser exactos, los silencios interverbales se volvieron sonido. Empezó el programa de radio ligado a este blog. Pero todo lo que empieza, acaba y este ciclo llega a su fin. El que les paraules no diuen tendrá hoy su último programa. Y lo que no dicen las palabras volverá a ser secreto... O parte del silencio. Esta noche, los silencios interverbales se despedirán de las ondas. Al menos de momento. Tal vez con el tiempo vuelvan. Sin embargo, seguirán dejando sus huecos y sus entrelíneas aquí. De momento aún hay secretos para escribir y silencios que merecen ser contados. Un beso para todos los que habeis intentado escuchar lo que las palabras no dicen. Otro beso para los que lo habeis logrado.
Durante un momento, he pensado en tí. Sé que ahora miras en otra dirección. Ya no eres la niña que fuiste, el tiempo no pasa en balde. Ahora tienes tanto a tu favor. Tu mirada habla cuando no lo hace tu boca, y a menudo cuenta lo que tú callas. Tú voz, bien modulada, juega con los oídos de quien te escucha: coquetea y seduce.
Ahora estás mirando distinto y hacia nuevos horizontes. Conoces este lugar donde estás y sin embargo no te da miedo. Ya no. Tienes un punto de mira y la fuerza que necesitas para caminar hacia tu destino. Tu sonrisa, presente, valiente como tú misma, demuestra que vas a plantar cara a la vida. Una vez más. Y esta vez te sabes ganadora.
Hay un terremoto que está moviendo el suelo sobre el que pisas. Tus pasos, aún así, son seguros, pues podrías, incluso, caminar a tientas. Conoces demasiado bien este terreno y no importa lo que cambie, no importa si tiembla, no importa si se sume en la oscuridad porque ahora tú tienes el poder para vencer.
Las cosas parecen ir poniéndose en su sitio, a pesar del caos aparente. Todas las piezas que forman este caótico desorden de tu vida, por fin, tienen sentido. Sabes que has sembrado en tierra fértil, y que aún queda mucho más por sembrar... Y por recoger. Este es tú momento. Vuelves un segundo la mirada hacia mis ojos. Miras con fuerza, con valentía y tu fiereza innata.
Hoy sé que no importan las batallas ni la dureza del contrincante. Hoy sé que nada puede parar la fuerza de un huracán. Esta vez nadie va a pararte. Esta vez los dados están trucados a tu favor. La suerte, no importa, porque tú te la has trabajado y has seducido hasta a la mala suerte. Hasta el mismísimo Lucifer está rendido hoy a tus pies, pues para ello has estado mil veces en el Reino del Hades y mil veces has vuelto cual Ave Phoenix, renovada, más fuerte y mucho mejor preparada. Has vencido y te has dejado vencer para acabar venciendo, pues es de ley perder alguna batalla si con ello se gana la guerra.
Hoy eres una guerrera temible y no es fácil plantarte cara. Mil batallas dejaron otras tantas cicatrices en tu piel. Las del alma, mejor no hablar de ellas. Dejaste el corazón en el camino y tantas otras cosas. Pero a cambio luces esa armadura infranqueable, ese brillo en los ojos, que quema, y el filo de tu sable bien afilado.
Hoy vienes dispuesta a seducir al mundo. Y el mundo hoy se rinde ante tu mirada...
"Tengo la extraña sensación de que ya nos conocemos, ¿tú no?, es extraño pero no dejo de repetírmelo…”
Vino de frente, me miró a los ojos desde esa mirada azul intenso y me volvió a preguntar “¿Seguro que no hemos hablado antes?” Negué con la cabeza y seguí mi camino, me giré un momento, le vi mirándome y no pude evitar parar mis pies, mi mirada clavada en la suya, me perdía en el mar revuelto de sus pupilas, era como un imán, necesitaba, me urgía, era preciso desandar mis pasos, llegarme hasta él de nuevo.
Aún no sé por qué lo hice, sólo sé que mis pies me llevaron hasta sus pies, que mi cuerpo se dejó abrazar por sus brazos, que mis labios se perdieron envueltos entre los suyos. Que ese momento duró una eternidad, que el mundo desapareció y de repente sólo estábamos los dos.
El beso duró lo que tarda una gota en caer de una rama, lo que el sol en recorrer el cielo, el mismo tiempo que existe entre el silencio y la palabra. Y entonces el azul intenso de su mirar se mezcló con el chocolate de mis ojos, su dedo se posó, como una mariposa, sobre mis labios, prohibiendo el paso a la palabra que ya no sería pronunciada, enmarañó mi pelo con su mano, retiró el sello de mi boca para abrazarme, como si temiera que fuera a salir huyendo, y volvió de nuevo a besarme, despacio, lentamente, con la dulzura de todos los besos que alguna vez me han dado, con el calor de todos los fuegos, con el sabor de todas las frutas y esa forma enternecedora de decir “Te amo” sin hacerlo y mi cuerpo temblando, sin comprender cual fue la causa de ese momento exacto en que sin saber ni por qué ni como todo había perdido sentido y todo lo había recobrado.
Me sugirió, abrazándome tiernamente, tomarnos un café y le seguí, no recordaba ya que tenía que hacer ni donde iba con tanta urgencia. Todo mi mundo en ese instante estaba justo enfrente de mí en esos ojos, en esa boca, en esas manos.
Pasamos toda la tarde hablando, y llegó la noche y aún seguíamos en aquel café, las manos entrelazadas, embelesados mirándonos, y el café frío, intacto en las tazas. Cerraron y fuimos a cenar algo, por no perder el compás de nuestros pasos, pero la cena corrió la misma suerte que el café, y quedó en los platos, olvidada.
El tiempo pasaba y no corría para nosotros, nuestra clepsidra se había parado justo en el primero de nuestros besos y jugábamos con su agua, haciendo dibujos en el aire, sueños en sus gotas, besos de minutos, minutos como caricias, y caricias parando el tiempo. Pero la noche no es eterna y el sol vino a buscarnos a la orilla de la playa, mientras seguíamos abrazados, dejando que el mar nos besara los pies, como lecho la arena y las estrellas nuestro manto.
Han pasado los años y cada vez que le miro sigo viendo el mar revuelto en sus ojos, y él sigue bebiendo el chocolate de los míos. Pueden pasar minutos y horas mientras nos miramos sin más que hacer que hablarnos sin hablarnos, y entonces una sonrisa lo dice todo y un beso sella el momento y otra vez el cielo parece quedarse a la altura del suelo.
Cada vez que recuerdo aquel primer día, aquel instante en que sin querer, queriendo acabe en sus brazos, sonrío al recordar, sobretodo aquel momento, el sol marcando el mediodía del día siguiente, en que fue necesario decirse “hasta luego” un hasta luego que duró un mundo, aunque sólo fueran unas horas. Ese momento en que al despedirse de mí, a la puerta de mi casa, me volvió a mirar y, cogiéndome las manos, me preguntó: “¿Cómo te llamas?”
Que hizo diferente un día, Veinticuatro pequeñas horas Realmente largas cuando el tiempo parece detenerse, y tan pequeñas sin quererlo, veinticuatro horas de un día que parecía igual a los otros, aunque no sé como, trajeron el sol y las flores donde antes sólo había otoño y tristeza, Donde antes solía llover. Cada minuto, cada segundo anterior a este día era gris, mi ayer era triste cariño, tal vez porque simplemente no estabas, ahora estás, hoy soy parte de ti, cielo y en la noche siento tu abrazo, cercano y cálido, oigo tu respiración, mis noches solitarias quedaron atrás, cariñoy sonrío desde que tu dijiste que eres mío.
Que es lo que hace diferente un día cuando abro los ojos y veo tu cuerpo relajado junto al mío, pienso que tal vez esté soñando, miro la luz del sol y veo que hay un arco iris ante mi, el cielo ya no puede estar tormentoso aunque vea la lluvia caer porque sé que me abrazarás hasta que el sol vuelva a salir para nosotros.
En mi mente repaso cada segundo vivido contigo y saboreo cada segundo desde ese momento de dicha, ese beso conmovedor y es que parece el cielo, cuando encuentras el romance en tu menú
Desde tu sonrisa hasta tus ojos dibujas una pregunta ¿Que hizo diferente este día? cielo, la respuesta es sencilla, La diferencia eres tú.
Ya encendieron las luces en las calles. Llega diciembre y su aire festivo, la nieve fingida en las ventanas, las sonrisas en los niños, las tiendas engalanadas, las calles vestidas como si fueran novias, con sus adornos, su iluminación.... y su nostalgia.
Hubo un tiempo en que al llegar estos días sonreía. Me volvía feliz, no importaba lo difícil que entonces fuera la vida. Mis ojos brillaban y notaba a mi corazoncito pegar saltos al ritmo de cascabeles. Mi boca se abría alucinada ante los escaparates iluminados, los juguetes, los autómatas que en algunos sitios había... Iba con mi abrigo y mi bufanda, correteando por las calles, me quedaba horas mirando los belenes, escribía largas cartas a los Reyes, siempre me cayó bien Gaspar, pelirrojo y simpático, aunque como a casi todos, me llamaba especialmente la atención Baltasar. Me sentaba en su regazo, en los grandes almacenes y los miraba con respeto y admiración. Me gustaban sus camellos, pero los prefería cuando venían con caballos, hermosos caballos de pura raza española, que bailaban al ritmo de la música en las cabalgatas.
En ese tiempo dulce, todo se volvía hermoso, y hasta el brillo de mis ojos se confundía con el de las estrellas. Eran hermosos los días, aunque no nevara y siempre esperara a que lo hiciera, aunque el árbol fuera de plástico y alambres, y no un hermoso y enorme abeto. Aunque no fueran las cosas como me hubiera gustado.
No sé cual fue el momento exacto en que todo se tornó gris oscuro. No sé si fue aquel primer año en que descubrí que los reyes no eran los que venían con regalos a mi casa, y que mi familia no era tal y como yo creía. No sé si fue el día que me negué a ser una falsa moneda y, a pesar de mis negativas, me obligaron a serlo. No sé si fue la primera vez que viendo a todos cantando, me sentí fuera de lugar... No lo sé, y ojalá lo supiera, tal vez entonces podría pedirle a los reyes que lo borraran de mi mente, y que en vez de volverse aciagos estos días, la luz de las calles volviera a brillar en mis ojos.
La luz del alba entra furtiva por las rendijas de la persiana y dibuja en las paredes haces de luz. Aroma a café recién hecho, sueños todavía recientes merodeando por la habitación y alguna estrella olvidada en el cielo añil.
No acaba de hacer frío y sin embargo me hielo por dentro, debe ser que ha nevado en alguna parte de mi memoria, aunque no sé bien donde.
Quiero que nunca te olvides tú de mí, aunque no encuentres palabras especiales que decirme. Y en mis recuerdos anidan esos sueños que pudieron ser. Tengo una lágrima pendiente de caer, pero no se decide. Debe ser el frío. La sonrisa de una niña, que se cruza en mi camino, se refleja en mi cara y vuelo lejos donde el sol sigue siendo cálido. Días que se fueron a donde la vida puede ser ese regalo dulce. La ilusión perdida en días que en otros tiempos eran hermosos, ahora se volvieron tristes. Y las luces de colores iluminan el camino de los sueños, por donde vendrán de nuevo, tal vez vendrán de nuevo en trineos con cascabeles tintineantes, como las sonrisas dulces que guardo para mí, para alimentar con ellas el fuego que tal vez acabe con este frío.
Sueño con saber si existes o si esto son vuelos inútiles. Supongo que sólo es una invención de mi mente, y en la ventana el árbol que muestra sus adornos y me encojo en mi abrigo, el aire sopla un poco más fuerte, debe haber borrasca en algún rincón de mi alma. En el mundo yo caminaré hasta sentir mis pies cansados que hacen daño, yo caminaré un poco más. Sin importar si el corazón duele como el sol inesperado. El día cae, lenta, inexorablemente hasta la noche, y otra vez las estrellas lo llenan todo aunque desde estas calles iluminadas de sueños y alegría casi no se vean. Cinco días sin tenerte, cuanto frío en esta vida, y a veces me pregunto como diablos lo hago para pasar frío en el infierno.
Hace un año sonreímos... hoy ni siquiera hablamos. Entraste y saliste de mi vida, y que pena no quedarse, cuando tuvimos la felicidad en nuestras manos. Vuelven estos días de nuevo, no me gustan, debo haberlo dicho ya. Hace demasiado frío por aquí dentro, la casa está demasiado silenciosa, las sonrisas duelen y el alma llora porque el corazón la dejó hace años, en esta época del año. Fue por estas fechas que se derritió, a pesar del frío, o tal vez fue en verano pero a mi almita no le dio para darse cuenta hasta que no tuvo regalo de reyes. Tengo un glaciar aquí dentro, me gustaría quedarme bajo el edredón hasta que todo pasara, pongamos febrero. Y tú donde estarás corazón frágil que me escuchabas. Empiezan a pesar tantas piedras, empiezo a quedarme sin canciones para esos momentos. El nudo en mi garganta se hace eterno y el silencio donde hubo latidos me ensordece día a día. Que frío...
Nunca lloraré por ti. Ni por mí. O tal vez lo haga cuando la luna no mira. Quien sabe. Cada detalle es aire que me falta y es que se hace difícil hasta respirar. Hay demasiadas piedras, empiezan a ser demasiados los escombros de esta casa en ruinas que es mi vida. Y quedan pocos rincones donde guarecerse cuando llueve. Acabamos al final de pie en una ventana para ver, espectadores melancólicos de felicidad improbable. Y los momentos se pasan a veces como nubes en un cielo azul y tan lejano que es imposible volar con ellas. Di que sí y podrás volar con mis alas.
Tú dime cuando, cuando, donde están tus ojos, donde está tu boca, quizá en África, no importa. Tú dime cuando, cuando, donde están tus manos, donde tu nariz, hace un día desesperado, estoy sedienta, tengo sed de ti... Llegan estos momentos de melancolía exagerada, donde se me hiela el alma y el hueco del corazón, donde se hace el frío insoportable, y respirar es un suplicio, pero seguiré mi camino y los días darán paso a las noches y al final todo pasará, como siempre, todo pasará y volverán los días largos. Por el camino encontrarás un lugar en el cielo, oirás por el camino latir tu corazón... Es posible.
Esta semana París encendió sus luces navideñas. París… Siempre que pienso en ella, veo sus calles, los pequeños cafés en las esquinas, la larga avenida de Les Champes Elisèes, la Torre Eiffel, eterna y silenciosa reina de una ciudad hermosa, grande. París tiene en otoño las calles sembradas de hojas caídas. La lluvia cae, tornándolo todo gris, pero no es cualquier gris, es ese color perfecto en una fotografía en blanco y negro, donde el tono rojo de una bufanda caída rompe la monotonía.
La ciudad de las luces se ha iluminado. En realidad nunca está a oscuras, siempre bella bajo el suave halo vainillado de sus farolas. Partido su corazón en dos por el Sena, donde una vez Woody Allen bailó con Mia Farrow. Donde los amantes se dicen palabras hermosas al oído. Donde el hombre lobo aulló desesperado a la luna llena su amor eterno.
Si cierro los ojos puedo verme paseando por las calles de París al atardecer, el sol poniéndose, a lo lejos la Torre siempre mirándome. Siento el gélido abrazo de finales de otoño, alentándome a entrar en un café, en busca de algo caliente que me quite el frío del cuerpo. Frotándome las manos, leyendo distraída algún periódico, y dejándome seducir por las calles donde un día Marlon bailó su último tango. Mi cámara cercana, tal vez carrete en blanco y negro y esa soledad que a veces es bienvenida.
El cine siempre amó esta ciudad. Sabrina creció y se descubrió en ella. El jorobado la miraba, amándola desde su privilegiada atalaya en el campanario de Notre-Dame. Gene kelly bailaba por sus calles, más enamorado que nunca.
Esta semana París encendió sus luces y una vez más mi alma voló hasta sus calles, mi mirada se lleno con sus colores y noté ese pequeño tirón que me incita a viajar hasta el lugar donde tal vez se esconda el corazón que perdí.