sábado, enero 26, 2008
sábado, enero 19, 2008
El silencio de la noche
... El silencio de la noche me dice una vez más que todavía queda mucho por andar. Y debo seguir la trayectoria de este tren que me lleva a alguna parte. Y tal vez sea cierto que en algún lugar te encuentre o que al final acabe siendo, después de todo, lo que yo siempre quise ser tal y como lo soñé.
He recorrido las vías sin miedo, en el camino se ha quedado tanta gente, tantos sueños, tantos buenos y malos recuerdos... Pero esta locomotora sigue su rumbo sin temblarle ni los rieles y yo sé que en la soledad de este vagón hay más de lo que a simple vista se ve. Yo sé que en los demás vagones viajan los que nunca se apearon, y en cada estación suben nuevos viajeros para acompañarme en este viaje.
A ratos la niebla no deja ver el paisaje y me quedo mirando mi reflejo en las ventanas, buscando inútilmente una respuesta. A veces escribo tu nombre en el vidrio pero la lluvia acaba por borrarlo y sólo te quedas en otro recuerdo más. Hay un nombre escrito y borrado en cada una de las ventanas de los reservados que he ido ocupando. Hay un sombrero cubriendo algún corazón roto en cada estación que dejé atrás.
Me quedo dormida con el traqueteo, apoyada mi cabeza en la ventana, me despierta tu beso dulce en la mejilla y me descubro envuelta en el refugio de tus brazos. Me sonríes al ver que sigo mirando adelante y vuelves a tu sitio, en algún lugar de este convoy. Viajas conmigo a donde quiera que esto nos lleve.
No pienses que estoy triste, es sólo que hay momentos en la noche en que el zarandeo no me deja dormir, hay momentos en que las preguntas se vuelven insidiosas y mi cabeza me repite una y otra vez por qué esa última estación no fue el destino que esperaba. Hay momentos en que noto que hace falta más leña en la caldera y el maquinista no parece darse cuenta. No creas que estoy bajando la guardia ni dejándome arrastrar, que va, estoy simplemente mirando el trayecto recorrido, por si hay pistas de cuando llegaré a mi destino.
Besos y sed felices
He recorrido las vías sin miedo, en el camino se ha quedado tanta gente, tantos sueños, tantos buenos y malos recuerdos... Pero esta locomotora sigue su rumbo sin temblarle ni los rieles y yo sé que en la soledad de este vagón hay más de lo que a simple vista se ve. Yo sé que en los demás vagones viajan los que nunca se apearon, y en cada estación suben nuevos viajeros para acompañarme en este viaje.
A ratos la niebla no deja ver el paisaje y me quedo mirando mi reflejo en las ventanas, buscando inútilmente una respuesta. A veces escribo tu nombre en el vidrio pero la lluvia acaba por borrarlo y sólo te quedas en otro recuerdo más. Hay un nombre escrito y borrado en cada una de las ventanas de los reservados que he ido ocupando. Hay un sombrero cubriendo algún corazón roto en cada estación que dejé atrás.
Me quedo dormida con el traqueteo, apoyada mi cabeza en la ventana, me despierta tu beso dulce en la mejilla y me descubro envuelta en el refugio de tus brazos. Me sonríes al ver que sigo mirando adelante y vuelves a tu sitio, en algún lugar de este convoy. Viajas conmigo a donde quiera que esto nos lleve.
No pienses que estoy triste, es sólo que hay momentos en la noche en que el zarandeo no me deja dormir, hay momentos en que las preguntas se vuelven insidiosas y mi cabeza me repite una y otra vez por qué esa última estación no fue el destino que esperaba. Hay momentos en que noto que hace falta más leña en la caldera y el maquinista no parece darse cuenta. No creas que estoy bajando la guardia ni dejándome arrastrar, que va, estoy simplemente mirando el trayecto recorrido, por si hay pistas de cuando llegaré a mi destino.
Besos y sed felices
sábado, enero 12, 2008
Evolución
Y se desnudó, como la serpiente que muda la piel, dejó caer una a una las capas del recuerdo, entregando al olvido lo que no era menester seguir recordando.
Se despojó de dolor y falsas tragedias, se limpió de aquello que le robaba la sonrisa y se mostró, frente al espejo de su alma, con la franqueza que otorga la desnudez.
Se ofreció entonces a su vida, como la mejor de las ofrendas, sacrificando en el acto los malos momentos. Enterró en el altar los pedazos de corazón. Quemó en el fuego sagrado las mentiras que no volvería a atender. Se dejó caer en el agua sagrada y renació, abriendo sus manos a nuevos destinos, mirando con ojos limpios el paisaje, como si jamás hubiera mirado.
Cerró el baúl de la culpa, perdió entre la arena cada una de las pequeñas piedras que lastraban su vuelo y sintió el agudo dolor en la espalda cuando sus nuevas alas se desplegaron extraordinarias, hermosas, hechas de nuevos sueños, de esperanzas renovadas.
Recogió de las cenizas del pasado, un nuevo corazón más fuerte y generoso, y desenterró del fango una ilusión creciente que iluminó el camino por el que sus pies empezaban ya a transitar, y con la honestidad de concebirse ella misma, sin disfraces, esperó el amanecer de una nueva era....
Besos y sed felices
Se despojó de dolor y falsas tragedias, se limpió de aquello que le robaba la sonrisa y se mostró, frente al espejo de su alma, con la franqueza que otorga la desnudez.
Se ofreció entonces a su vida, como la mejor de las ofrendas, sacrificando en el acto los malos momentos. Enterró en el altar los pedazos de corazón. Quemó en el fuego sagrado las mentiras que no volvería a atender. Se dejó caer en el agua sagrada y renació, abriendo sus manos a nuevos destinos, mirando con ojos limpios el paisaje, como si jamás hubiera mirado.
Cerró el baúl de la culpa, perdió entre la arena cada una de las pequeñas piedras que lastraban su vuelo y sintió el agudo dolor en la espalda cuando sus nuevas alas se desplegaron extraordinarias, hermosas, hechas de nuevos sueños, de esperanzas renovadas.
Recogió de las cenizas del pasado, un nuevo corazón más fuerte y generoso, y desenterró del fango una ilusión creciente que iluminó el camino por el que sus pies empezaban ya a transitar, y con la honestidad de concebirse ella misma, sin disfraces, esperó el amanecer de una nueva era....
Besos y sed felices
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