jueves, noviembre 02, 2006

Dos Gardenias



En la cocina el puchero humeaba, perfumando el aire con ese inconfundible aroma de toda la vida...

Ella trajinando en los fogones, delantal cubriendo su camisa de seda, color marfil, abotonada con imitación de perlas, falda recta en color marengo hasta las rodillas, y zapatos de tacón. Melena, a la moda, suavemente ondeada, como las actrices del momento, recogida delicadamente en un lado con una pequeña peineta adornada con una mariposa plateada.

La comida acabada, y el entrando, como siempre algo tarde, traje de chaqueta en gris perla, sombrero de ala ancha, a juego, al más puro estilo Bogart, para tapar, coqueto, su escasez de pelo. La cámara, una Leica IIIf, último modelo, colgando de su preciosa correa de cuero marrón, en su cuello, el maletín con lo necesario en la mano, la corbata medio desanudada, la camisa blanca, algo manchada. Y esa sonrisa, esos ojos grandes siempre sonrientes, dulces al mirar a su amada.

Se casaron tarde. Rompieron las reglas escritas y las no escritas, cuando un día, él la rescató, cual Tenorio, ella ya casi convertida a monja, y le prometió que siempre sería feliz... Y desde entonces sólo se preocupó de cumplir su promesa. Se casaron mayores, nadie apostaba por ellos, ella con sus treinta y tres años, él treinta y cinco.

Con la mesa servida, ella atendía a sus gardenias, siempre hermosas, de blanco inmaculado. Este hombre y sus retrasos, la podían, y por no alterarse, regaba, limpiaba y hablaba a sus gardenias.

Él, sonrisa en boca, sombrero medio ladeado, se ajustaba la corbata, bien elegante, como a ella le gustaba, y se acercaba, por la espalda, le daba al viejo gramófono, y machín cantaba, Dos gardenias para ti, con ellas quiero decir te quiero, te adoro, mi vida. Y se quitaba la chaqueta ya bailoteando, hasta alcanzarla a ella, la agarraba de su hermosa cintura, mirando sonriente sus curvas, y la giraba hasta tenerla de cara, ella con el entrecejo fruncido, visiblemente contrariada, él alzándole el mentón, suave, besándole la mejilla, ella mirándole “Que voy a hacer contigo” y él otro beso en la otra mejilla, mientras seguían a machín… Dos gardenias para ti que tendrán todo el calor de un beso, de esos besos que te di, y que jamás te encontrarás en el calor de otro querer… y entonces sin que ella se diera cuenta, cortaba dos gardenias del arbusto y se las colocaba, enredadas entre sus mechones rizados, y ella rendida apoyaba la cabeza en su hombro. Él, dulce y tierno, le alzaba de nuevo el mentón “Sonríe Anita, que el sol vea lo guapa que eres y refulge de envidia” y ella sonreía, tan hermosa, que en verdad el astro rey le envidiaba. Entonces la besaba largo y dulce, y Machín enternecido coreaba su amor desde el gramófono.

Ya nada importaba, si la comida se había enfriado o la camisa estaba sucia. Y con esa sencillez con la que él lograba disipar las nubes, ella no podía jamás estar enfadada más de dos segundos.

Él desenfundaba de su cuero su magnífica leica y la miraba, “Anita, mírame como cuando me amas” y ella, que le amaba con locura, le miraba y quedaba prendida de la cámara y de sus ojos, los de él, que no podían esconder su adoración.

No sé que haré contigo, Hipólito, no tienes remedio” y le ayudaba a quitarse el sombrero, todavía en su cabeza, él ya sin corbata y sin camisa “vas a coger una pulmonía” y Machín, a coro con él: Mira que eres linda, que preciosa eres…

Y la casa llena de risas, el sol sobre las gardenias, resplandeciendo, y ese amor, promesas cumplidas, llenándolo todo…

Besos y sed felices

9 comentarios:

Huaso dijo...

me saco el sombrero...



muy dulce...

Esther Hhhh dijo...

Hola Huaso. Gracias, viniendo de un poeta como tú, es todo un halago.
Besitos

pando dijo...

aainnsss que bonitooo, ves como cuando yo digo que soy la defensora del amor por algo sera, momentos asi hace que todo sufrimiento valga la pena y vale la pena arriesgarse aunque pierdas si tal vez puedas llegar a ser capaz de tener algo asi, quien no arriesga no gana verdad?
tataaa muy bonitooo y muy dulce como dice huaso

Esther Hhhh dijo...

Ains tata... Asias wapa, mil besitos dulces para mi boyito

Enttropia dijo...

Amor tierno de otra época, parece el fotograma congelado de una película antigua, como un sueño... ¿existen los cariños así? ¿pueden mantenerse en el tiempo? Ojalá.

Esther Hhhh dijo...

Enttropía, existen. Esta historia es real. Con mis licencias. Hablo de mis abuelos. Mi abuela me la contó tantas veces. Ahora yo he recogido sus recuerdos y he contado esta historia...
Besitos

JeJo dijo...

- Hola

la verdad, linda historia ... Me hizo recordar a casablanca , será el sombrero o la blusa con botones de perlas ?
en esta historia solo falta el piano ...

Anónimo dijo...

Hola Esther,

Me has hecho nostálgico de aquellos tiempos que no vivimos y que no viviremos porque no volveran. Me he pasado un buen rato escuchando canciones antiguas en el radio.blog.club ese. Y eso de que lleve un par de dias lloviendo aquí no ayuda...

Esther Hhhh dijo...

Jejo mal encaminado no ibas, estaba situado en los años 40, al igual que Casablanca. Y sí, el piano seguro que ellos lo hubieran agredecido. Pero tenían lo más importante: El amor.
Besos
Diego ¿También llueve por Sidney? Aquí llevamos dos días sin parar de llover. Gracias a la lluvia llegó por fin el otoño. Y sí, nostálgica ando con tanta lluvia y otoño y...
Besitos