lunes, julio 28, 2008

Djemaa El-Fna




Como una dama misteriosa, de día es una, de noche, otra. Es de día la dama discreta, atareada. En el centro sus siempre presentes carritos de zumos y los encantadores de serpientes. En sus calles la algarabía del zoco más puro, gente que va y viene con sus compras, el sol clavándose en la piel de quien la cruza, y ella serena, tranquila, dejándose querer con la elegante pasividad de una dama de alta sociedad.

De noche deja sus modales para mostrar su verdadero semblante, se engalana de fiesta, su corazón se llena de tambores que resuenan en la distancia, flautas, bailes, gente de un lado a otro. Las mesas llenas de comensales que cenan al aire libre, pura fiesta es su verdadero rostro, el alegre, el nocturno, la que se entrega a quien quiere amarla y es imposible no amar a la más hermosa, La Joya, como su propio nombre dice...

Te echo de menos, Djemaa, deseo pisar tu suelo, acercarme a por un zumo en el 58, reírme con los amigos que allí esperan, pasear de noche por tus calles, mirar las estrellas desde tu cielo y amarte otra vez, una y mil veces de nuevo. Te añoro como si siempre hubiera estado en ti, como si parte de mi alma te perteneciera, y es difícil saber que no puedo dejarme embaucarme por ti esta vez. Te anhelo como quien extraña a un amante y a un amigo, sueño noche tras noche con tu voz, la voz de mil voces revueltas y entreveradas en mil cantos, mil tambores, mil melodías intrincadas en tus venas, convirtiéndose en tu propia sangre, en tu propio latido. Me parece percibir tu aroma, el olor a caballos esperando con sus carruajes, al humo de los mil fuegos, a platos recién cocinados, a especias y a noches de desierto.

Quien te ama una vez, no puede dejar de quererte nunca. Quien una vez te pisa y te siente, se queda ligada a ti. Tú te esparces en mil corazones, te ciñes con fuerza al alma de quien osa besarte. Y es imposible, Djemaa, olvidarte, por más que me halle en la otra parte del mundo, aunque mi cuerpo esté a miles de kilómetros de ti, siempre hay un pedazo de mi corazón amarradito a tu esencia. No puedo y no quiero dejar de sentirme parte de ti y, aún cuando no pueda pisarte, ten por seguro que mis pies estarán extrañándote y a cada paso, nombrándote, como una letanía: Djemaa El fna, Djemaa El fna, Djemaa El fna...







Besos y sed felices

miércoles, julio 09, 2008

El Gato y la estrella



Era una noche clara. La luna dejaba caer sus rayos, como pétalos de rosas blancas, sobre los tejados de la ciudad. Como cada noche, un gato de pelaje azabache y ojos brillantes y vivarachos, seguía sigiloso el camino que la luna marcaba con sus haces de luz. Buscaba la mejor atalaya para observar la noche.

En esa porción del firmamento, donde las estrellas duermen, un lucero se demoraba, llegando tarde a su cita con la noche. Era una estrella brillante, ni muy grande ni muy pequeña, de hermosos destellos rojizos y rebelde por naturaleza. Salió de su guarida, por un rincón secreto del cielo, sin que la vieran, y corrió por media bóveda, para colocarse en algún lugar donde otear tranquilamente la tierra.

El gato, miraba despistado el movimiento de los astros, la luna grande y jugosa, parecía una naranja en su punto de madurez. Esa noche no había aviones incordiando con sus luces. De pronto la vio, hermosa y destellante, correteando por medio cielo, a sabiendas de que ya era tarde. Se quedó embobado mirándola. Desaparecieron las demás estrellas, hasta la luna pareció volverse nueva. Sólo en el cielo estaba ella, con sus mil centelleos de colores, con esa sonrisa que sólo las estrellas tienen. Ella, desde allá arriba, se notó observada y paró su vuelo sin darse cuenta que casi choca con un lucero mucho más grande que ella. Vio al felino allá abajo, negro como la noche, su noche, mirándole con los ojos más brillantes que jamás hubiera visto, y no pudo seguir su camino, en cambio bajó un poco, y un poco más, sin darse cuenta, fue descendiendo hasta quedarse justo a la altura de la nariz del minino.

Se quedaron mirándose a los ojos, como si ella encontrara un nuevo universo y él, un nuevo hogar. Él ronroneaba apenas sin darse cuenta. Ella emitía dulces rayitos de luz en colores inimaginables. Si ella, súbitamente se dejaba llevar por la brisa, él daba dos o tres pasitos hasta volver a estar a su vera, ambos hipnotizados, rendidos a sus miradas.

Se dijeron tantas cosas sin palabras, se regalaron tantos besos sin llegar a rozarse, se concedieron tantos y tantos deseos, que hasta la luna de emoción lloraba, y el sol se demoraba en su escondite, por no romper el encanto mandando a la noche a su casa.

Nunca hubo noche más larga ni más hermosa que aquella. Los demás astros iluminaban con alevosía y esmero la escena. La luna cantaba, con su voz de imposibles armónicos y notas aterciopeladas, baladas tan hermosas que en todos los rincones se oían besos esquivos y abrazos traviesos. Y mientras, el Gato y la Estrella se demoraban en sus miradas y sus cariños, él cada vez un poco más separado de la tierra, ella cada vez un poco más alejada del cielo.

Pero nada es eterno, ni siquiera la noche más dulce de la historia. El día pedía permiso con timidez para ocupar su puesto. Las estrellas, agotadas, se iban yendo, una a una, hacia sus lechos. Hasta la luna tuvo que desistir, tras un apasionado encuentro con el sol, y marchar a dormir.

Sólo quedaban él y ella, que no podían separarse, por más que quisieran. Fue en ese instante que ella, haciendo caso omiso a toda ley de Cielo y Tierra, sacó un haz de luz hermoso y brillante de una de sus puntas, y se lo regaló al gato, que, nada más colocarlo en su lomo, sintió como era un poco menos gato alzando un poco el vuelo. Ya no le quemaba el roce de la piel de fuego de la estrella y pudo besarla suave y lento, ronroneando todo el tiempo. Fue entonces que él le dejó a ella un poco de su pelo, y entonces la estrella sintió que sus puntas tocaban el suelo, que podía andar y abrazar al felino sin peligro. Y así estuvo abrazada a él tan fuerte y tanto tiempo, que él creyó convertirse en lucero.

Después se miraron de nuevo, largo y tendido. En el cielo todos los astros se preguntaban que ocurriría entonces. En la tierra se oían maullidos y ronroneos, marujeando sobre el destino de la pareja.

Tras volverse a decir mil cosas sin hablar, comenzaron a caminar, lo suficientemente alto como para no tocar la tierra, lo suficientemente bajo como para no llegar al cielo. Se alejaron caminando hacia el sol poniente, ella con aire de felina, él con destellos de lucero, dejando entre tierra y cielo un rastro de besos...

Besos y sed felices

viernes, junio 20, 2008

Noche Improvisada


La noche les cogió por sorpresa. La luna, ausente, escondida en algún lugar de su reino, espiando sin dejarse ver. Las estrellas, bailando sonrientes, en un cielo especialmente decorado para ellas.

Desde la frontera entre el sueño y lo real, se dejaron caer por un camino secreto, hasta un refugio junto al mar. Con el faro haciendo de carabina y el mar de cómplice, se enredaron en conversaciones triviales, mientras sus ojos conversaban aparte. Las manos, por cuenta ajena, exploraban nuevos horizontes, entre piel y cariño, dejando a un lado la timidez. Sonaba, como música de fondo, las risas que se desprendían, como frutas maduras, de sus palabras aleatorias.

El reloj perdido y olvidado en algún lugar. Ni tan siquiera se molestaron en rogarle que no marcara las horas. El mar, espejo de sus enredos, acariciando las rocas, al igual que las manos de él, reconociendo cualquier espacio de piel que ella les concediera, jugando con la calidez de algún beso fortuito.

Dado que ellos preguntaron por ella, la luna, dadivosa, se dejó ver, cálida y rojiza, colgada de una esquina del cielo, prodigando su magia. Pasaba por allí la brisa marina, traviesa, provocando que él se arrimara un poquito más a ella, y que ella se acurrucara, como quien no quiere la cosa, en el hueco de su pecho, dejándose mecer por el momento, mientras él acariciaba con el vértice de sus labios, la frontera de su cuello.

La noche se alargaba, y el peligro de perderse irremediablemente se hacía patente, así que optaron por volver a la realidad de sus vidas. Pero hay cosas que escapan de cadenas racionales. El camino, tramposo y aliado de aquel momento, les arrastró hasta un rincón donde el cielo les regalaba todas sus estrellas y un hermoso amanecer.

Con el escenario preparado y la música rompiendo silencios arduos, él se dejó abrazar, como si siempre hubiera ocupado el regazo de ella. Y ella acarició su cara, su pelo, sus labios, como si sus dedos ya hubieran recorrido ese sendero mil veces. Jugaron, se regalaron sonrisas, se miraron y en algún momento desprevenido, sus labios decidieron abrazarse, y en algún lugar la luna sonreía traviesa, mientras el cielo se volvía fuego.

Dejaron sus palabras triviales durmiendo, dejaron que fueran sus ojos los que hablaran, que sus manos se embrollaran, que sus labios se confesaran secretos. El reloj recordaba su presencia, el amanecer conquistaba terreno a las estrellas, pero ellos sólo prestaban atención a la distancia que separaba sus labios, a las confidencias entre piel y caricias, a mirarse y reconocerse para volver a besarse.

El tiempo ya no daba tregua, y fue preciso despedirse, y que difícil separarse cuando no hay parte en el alma ni en el cuerpo, que no desee otra cosa que seguir abrazándose...

El día, definitivamente ganó su batalla a la noche, y entre estrellas quedaron, guardados hasta su regreso, sus palabras, sus silencios, sus caricias y sus besos...

Besos y sed felices

jueves, junio 05, 2008

El afilador

Pasa el afilador por la calle. Es inconfundible. Hace sonar su armónica de plástico. Ese dato es suficiente para reconocerle, aún así, de vez en cuando se oye: “¡El afilador!... ¡Ya está aquí el afilador!”. Pero ya no es su voz la que grita ni su armónica la que suena. Es todo una grabación que se repite desde el cd del automóvil con el que se pasea ahora.



Recuerdo las mañanas de verano en la playa, cuando escuchaba al afilador pasar... Iba en una bicicleta a veces, otras, en una motocicleta, una italiana que ahora no me viene a la cabeza, de chasis rojo, y con la máquina de afilar en la parte trasera...

Recuerdo el sol, ya calentando a las diez de la mañana. Mi bikini rojo con rayas blancas unas veces, otra el azul. El desayuno en la mesa de la terraza, mis primos ya bajando a trotes por las escaleras, para ir a la playa, mi madre diciéndome: "acábate el desayuno o no irás a nadar". Y la armónica del afilador, de repente, mágica.

Siempre bajábamos a ver a aquel misterioso personaje, con su motocicleta roja y su armónica de plástico, de brillantes colores, con su barba de cuatro días y su pelo cano, y ese bigote que bailaba con el aire de su instrumento... Sonreía y enseñaba sus dientes amarillentos y el diente de oro brillando con el sol.

Las vecinas bajaban a la calle, cuchillos en mano, y él iba afilando, las chispas saltando de la máquina, mientras él les regalaba los oídos. De vez en cuando se quedaba solo y volvía a su música repetitiva, siempre la misma melodía con pequeñas variaciones. Luego se alejaba, pero su sonido seguía oyéndose durante un largo rato, hasta convertirse en parte de la banda sonora del día, como lo eran los cantos de las gaviotas o las olas rompiendo en las rocas del faro.

Hacía tiempo que no oía al Afilador pasar. Cada vez que oigo su armónica, recuerdo aquellos días de verano, el jazmín florecido en el frontal de la casa, trepando por sus paredes, las rosas, grandes como puños, junto al jazmín, las margaritas de la entrada, que siempre deshojábamos haciéndoles preguntas que sólo ellas podían contestar. Las pavías en el árbol de atrás, los nísperos, ya sin sus frutos, donde siempre trepábamos en busca de aventuras, inventando historias a imagen y semejanza de los libros de “Los cinco”, que siempre leíamos.

Les coques de dacsa, les mandonguilles para la paella y mi abuela riñéndonos por robárselas, mientras reía entre dientes; las cebollas en vinagre de la cocina, el aceite de oliva que picaba, mi abuelo, en la marquesina de delante, contando sus mil historias, las bicicletas, dando vueltas alrededor del chalé, las puertas de todas las casas abiertas, la escalera, con el ruido aflautado de sus peldaños, cuando alguien subía o bajaba. Los pies negros, de andar todo el día descalzos; la arena caliente y el mar, la bandera (verde, amarilla o roja) que subíamos a ver desde la terraza, para decidir si nos llevábamos o no la colchoneta. Mi padre mis tíos, y mis primos, yendo a las rocas con el equipo de buzo, los pulpos que un día trajeron y que a mí me asustaban con sus tentáculos (ya creía que iban a ser como los de Julio Verne en cualquier momento). El galán de la noche perfumando el atardecer, y el jazmín, otra vez, siempre, aquel jazmín... El verano tiene aroma de jazmín.

Besos y sed felices

martes, mayo 13, 2008

Por todo esto

Porque hay veces que el alma se desborda, que el corazón se desgrana y las lágrimas asedian los ojos. Porque hay momentos en que la vida desfila ante la mirada ingenua y trae el aroma de aquellos tiempos.

Porque a veces no se puede eludir el deseo, ni la ilusión olvidada, porque aunque se piense que se ha perdido la capacidad de amar, hay cosas que no cambian.

Porque una voz alegra el alma y la entristece, porque una sonrisa vence cualquier barrera, porque un abrazo inédito no deja obviar otro viejo, porque hay sombras de antiguos besos en besos nuevos.

Porque el tiempo no pasa en balde, porque las cicatrices punzan, porque a duras penas se alza el vuelo con tanto peso y hay días que el frío congela los huesos.

Porque hay tanto que extrañar, que ya sólo se extraña, porque hay más ausentes que presentes, porque hay tantas fechas rojas en el calendario y ninguna verde, porque se pierde la esperanza entre tanta mala suerte.

Porque hay días que andar es más complicado que otros, y hay noches que la cama parece más grande, porque no siempre los parches tapan los huecos, porque hay veces que el vino no acompaña a las rosas.

Porque la primavera a veces parece otoño y el sol no calienta lo suficiente, porque las luces no alumbran las calles ni el camino a un destino decente, porque los dioses parecen reírse y este viento no cambia, no trae un buen presagio, una sonrisa, un corazón latiente.

Por todo esto hoy brindo, con lágrimas dulces, recuerdo de otros amaneceres. Brindo con la ausencia de las sombras. Ahora que todo está perdido, no hay por qué temer a la esperanza.



Besos y sed felices

martes, mayo 06, 2008

Yo bajaba a la arena

Yo bajaba a la arena, los pies descalzos, la melena suelta.
bajaba a la arena y la luna redonda, de argenta pintaba mis huellas.
Mis pies el agua rozaban, la espuma blanca, la noche clara
la arena de seda, mis pies abrazaba y el mar me llamaba.
Yo bajaba a la arena, buscando tus besos, soñando tu vuelta
bajaba a la arena y mis lágrimas hacían charquitos de estrellas.

Las olas hilaban vestidos de sal para mi piel desolada
inventando caricias, suscitando el recuerdo de tus manos complacientes
tus besos candentes, tus dulces palabras, tu mirada templada
entre las olas envuelta, limpiando los restos de tus mentiras displicentes

Yo bajaba a la arena, la brisa en mi falda, la triste mirada
bajaba a la arena y el mirar de tus ojos en mi alma dejaba mella
mis manos tu piel descifraban, el silencio, la mar templada
la luna a sabiendas callaba, y tú me abrazabas, en silencio lloraba.
Yo bajaba a la arena, creyendo tu amor, que absurda charada
Bajaba a la arena y entre conchas perdía la luz de tu estrella.




Besos y sed felices

jueves, abril 03, 2008

Y qué le vamos a hacer


share your files at box.net

Y qué le vamos a hacer, si la vida se empeña en parecer una noria, si en este giro de tuerca hemos vuelto a aquel momento donde la sonrisa parecía eterna.

Que le vamos a hacer si tú no me olvidas y yo no te convierto en ceniza, si nuestra historia no acabó y quedó suspendida, y ahora se nos revuelve el recuerdo, se nos desboca el sentimiento por volver a vernos.

Que le vamos a hacer, dime, si tus ojos se llenan de sonrisas, si mis labios regresan casi a ciegas, al hogar de tu boca. Si hasta parece que el hueco de tus brazos fue hecho para abrazarme, si no puedes dejar de besarme ni aun cuando intento frenarte.

Tengo mil preguntas sin respuesta, y esta extraña sensación, como si no hubieran pasado estos años, como si el reloj se hubiera parado durante este tiempo, esperando la réplica a tu ausencia, la razón de tu hégira que ahora comprendo menos todavía.

Me queda la duda y tu fantasma, que de a ratos se vuelve tan real que se me olvida que te desvaneciste de mi vida, que ya no he sabido amar, que hasta la sonrisa quedó estancada en aquel espacio en que fuimos felices.

Que le vamos a hacer, si la fuerza me flaquea y me rindo ante tu mirada, si te sometes a mis besos, y vuelve otra vez la incertidumbre ante tu imagen, tal vez real, tal vez otro rayo de luna en una noche estrellada.

Quizá esta vez decidas no esfumarte, ser real y afrontar lo que nos pasa, no lo sé, pero el miedo me atenaza, pues no quiero hipotecar mi alegría por el hueco en tu regazo, no quiero derrochar lo ganado por los besos perdidos en el tiempo. No puedes venir sin más a zarandear esta paz que tanto me ha costado conquistar, ahora que tu sombra no alcanzaba el brillo de mis ojos, no me puedes pedir que vuelva mi mirada hacia ti. No me pidas que te perdone el tiempo que no he podido vivir, que olvide la muerte de mi alma, el silencio rebelde de las mariposas que ya no revolotean para nadie. Cómo osas volver a robarme el recuerdo, venir de nuevo a calentar los pedazos de este amor congelado.

No me preguntes que es lo que quiero, ni me digas que tu amor era sincero. Porque tengo miedo de andar el único camino que nunca pude recorrer. Déjame, si no vas a saber transitar conmigo, que me quede en este desierto frío, esperando un sol que nunca brilla. O dame tu abrazo y llévame contigo, si acaso tienes el valor que antaño no asumiste, para afrontar todo el cariño que un día dejaste resbalar, como agua, entre tus dedos.

Besos y sed felices

miércoles, febrero 13, 2008

Abrázame


share your files at box.net


Envuélveme entre tus brazos, conviérteme en parte de tu cuerpo, deja que me oculte en tu regazo, que no quiero abrir los ojos y verte lejos.

Apriétame contra ti, estrújame con la fuerza de tu cariño, dime en este abrazo qué sientes, pues me hace falta concebirlo.

Cuando me abrazas me siento en calma, sé que puedo cerrar los ojos, dejarme llevar por tus brazos. Pierdo el miedo y me vuelvo invencible, el frío se queda fuera de nuestro mundo, el que creamos entre tu regazo y el mío.

Se lía mi cuerpo entre el tuyo, se queda mi beso acallado en tu pecho, se acunan mis sueños, mecidos en los tuyos, mi alma se confunde con la tuya y dejamos atrás lo que nos asusta, me deshago en ternura y te siento como el niño que sigues siendo, tu respiración fuerte, un suspiro ahogado y tanto por sentir, que hasta el corazón se encoge apabullado.

Ya no sé donde acaba mi cuerpo y empieza el tuyo, donde empieza mi alma y acaba la tuya, en que punto está el límite, la frontera que separa lo tuyo de lo mío, sólo sé que en este espacio inmaculado donde nos cobijamos, nada más que el sentimiento habita. Sólo sé que en este escondrijo del miedo, y reservado a la locura de amarte, es posible nuestro amor, aunque sólo sea por un instante, y luego se deshaga como los aros de humo, se esfume sin más, dejando en el aire este aroma, esta esencia de sentimientos entrelazados que dejo que me impregne, como me impregno de ti cuando te embrollas en mí.

Revuélvete conmigo, confundámonos otro ratito, que de a ratos es nuestro apego, vamos a bañarnos con esta dulzura que desprende nuestro abrazo, disfracémonos de la cercanía de nuestras almas, desnudémonos de los reproches y vistámonos con esta energía que desprendemos. Vamos a derrochar la alegría de tenernos en un instante, desboquemos el deseo y que nos asedie, sin fronteras para retenerlo. Abatamos los muros que un día nos impusimos, depongamos los límites y establezcamos un reino para la pasión, donde plácidamente nos deshagamos en agua de cariños con la que mitigar la sed de este afecto que por momentos dejamos descubierto.

Abrázame, quiero ser tu aprecio. Déjame abrazarte y obrarte mi cariño.


share your files at box.net

Besos y sed felices

sábado, enero 26, 2008

Bésame



De entre el silencio y el sentimiento, de miradas que se cruzan y cruzan el fuego de una batalla inesperada. De las entrañas del alma cuando el alma desnuda se ofrece si es que hay quien sepa mimarla. Así entre una pausa y un acento nace un beso.

Y que distintos son los besos que dejan unos y otros labios, como la pasión que evocan que se hace efímera en unos y eterna en otros, y a veces un beso marca el principio de un nuevo sueño.

Dibuja sobre el tapiz de mi piel estelas de estrellas con tus labios, haz de mí la carta de tu cielo, llega despacio hasta mi boca y demórate en ella, abárcame con tus labios, envuélvete en los míos, déjate mecer en este mar que te ofrezco, accede por la puerta grande a mi corazón y llévate sin miedo sus secretos.

Poder saciar la sed en un ósculo perfecto, perder la noción del espacio y el tiempo, lentamente caer, rendirse al abrazo del alma y ser esencia en tu aliento, un eterno instante comprendido en dos momentos, un universo naciendo al abrigo de pasión y afecto, y parece tan escueto y es tan complejo, enmarañándose dos corazones, embelesados los sentidos, brota de tierra yerma el más espléndido de los edenes y hasta el mundo parece pequeño cuando un beso es sincero. Hasta el mismo sol se abate por no trabar este encuentro.

Como dejar constancia de lo que acontece entre alma y labios, corazón y cuerpo, si hasta las palabras parecen huir cuando dos bocas hablan sin rasgar el silencio, dejando entre tu piel y la mía un relato incompleto de amaneceres y crepúsculos, de noches estrelladas plagadas de sueños.

Hogar de mi lengua es tu boca, refugio de tu cuerpo mis brazos. Lecho para tus labios mi pecho, almohada de mis deseos tu regazo, cuando te beso. Bésame sin límite, que no haya fronteras para el sentimiento, libres por fin de todo impedimento, volaremos lejos, como Ícaro, sin temer que nuestras alas sucumban a nuestro fuego.




Besos y sed felices

sábado, enero 19, 2008

El silencio de la noche


... El silencio de la noche me dice una vez más que todavía queda mucho por andar. Y debo seguir la trayectoria de este tren que me lleva a alguna parte. Y tal vez sea cierto que en algún lugar te encuentre o que al final acabe siendo, después de todo, lo que yo siempre quise ser tal y como lo soñé.

He recorrido las vías sin miedo, en el camino se ha quedado tanta gente, tantos sueños, tantos buenos y malos recuerdos... Pero esta locomotora sigue su rumbo sin temblarle ni los rieles y yo sé que en la soledad de este vagón hay más de lo que a simple vista se ve. Yo sé que en los demás vagones viajan los que nunca se apearon, y en cada estación suben nuevos viajeros para acompañarme en este viaje.

A ratos la niebla no deja ver el paisaje y me quedo mirando mi reflejo en las ventanas, buscando inútilmente una respuesta. A veces escribo tu nombre en el vidrio pero la lluvia acaba por borrarlo y sólo te quedas en otro recuerdo más. Hay un nombre escrito y borrado en cada una de las ventanas de los reservados que he ido ocupando. Hay un sombrero cubriendo algún corazón roto en cada estación que dejé atrás.

Me quedo dormida con el traqueteo, apoyada mi cabeza en la ventana, me despierta tu beso dulce en la mejilla y me descubro envuelta en el refugio de tus brazos. Me sonríes al ver que sigo mirando adelante y vuelves a tu sitio, en algún lugar de este convoy. Viajas conmigo a donde quiera que esto nos lleve.

No pienses que estoy triste, es sólo que hay momentos en la noche en que el zarandeo no me deja dormir, hay momentos en que las preguntas se vuelven insidiosas y mi cabeza me repite una y otra vez por qué esa última estación no fue el destino que esperaba. Hay momentos en que noto que hace falta más leña en la caldera y el maquinista no parece darse cuenta. No creas que estoy bajando la guardia ni dejándome arrastrar, que va, estoy simplemente mirando el trayecto recorrido, por si hay pistas de cuando llegaré a mi destino.

Besos y sed felices

sábado, enero 12, 2008

Evolución




Y se desnudó, como la serpiente que muda la piel, dejó caer una a una las capas del recuerdo, entregando al olvido lo que no era menester seguir recordando.

Se despojó de dolor y falsas tragedias, se limpió de aquello que le robaba la sonrisa y se mostró, frente al espejo de su alma, con la franqueza que otorga la desnudez.

Se ofreció entonces a su vida, como la mejor de las ofrendas, sacrificando en el acto los malos momentos. Enterró en el altar los pedazos de corazón. Quemó en el fuego sagrado las mentiras que no volvería a atender. Se dejó caer en el agua sagrada y renació, abriendo sus manos a nuevos destinos, mirando con ojos limpios el paisaje, como si jamás hubiera mirado.

Cerró el baúl de la culpa, perdió entre la arena cada una de las pequeñas piedras que lastraban su vuelo y sintió el agudo dolor en la espalda cuando sus nuevas alas se desplegaron extraordinarias, hermosas, hechas de nuevos sueños, de esperanzas renovadas.

Recogió de las cenizas del pasado, un nuevo corazón más fuerte y generoso, y desenterró del fango una ilusión creciente que iluminó el camino por el que sus pies empezaban ya a transitar, y con la honestidad de concebirse ella misma, sin disfraces, esperó el amanecer de una nueva era....

Besos y sed felices

miércoles, diciembre 12, 2007

Trescientas sesenta y cinco palabras y sus silencios

Llegado este momento en que el año toca a su fin, me siento, en los adentros de mi alma, junto a la chimenea del corazón, cara a cara con mi vida, la invito a una taza de té y, como la que habla con una buena amiga, le pregunto que hay de nuevo. Ella, con voz pausada, me relata todo aquello que hemos pasado juntas, lo bueno y lo malo. Me mira con ternura a los ojos cuando el recuerdo es triste, como el de mi abuela que decidió una tarde cálida de verano, irse con el sol. Me sonríe tierna mi vida, cuando recordamos esos pequeños espacios robados a la felicidad, las tardes en Granada, con buena compañía, las fiestas, junto a mi buen amigo, con quien redescubrí a mi nenita interior, que andaba algo escondida... Volver a Marrakech y dejarse llevar por sus calles, Djmaa el Fna y su ambiente nocturno, los amigos de esa parte del mundo y un pedacito de Senegal en una terraza marroquí.

Mi vida me recuerda seria los momentos más duros, los retos, como volver a estudiar y salir airosa en la batalla, superar miedos y fracasos y volver, una vez tras otra, a levantar el vuelo como un buen Ave Fénix.

Es en este momento exacto, cuando volvemos a mirar diciembre, el mes en el que nacimos, mes que es principio y fin a un tiempo, en que, frente a la chimenea, el frío rodeando las paredes de nuestro refugio, ambas nos batimos, como dos guerreras irreductibles, contra el tiempo, enemigo común, y nos retamos, como las más nobles de las rivales, para que el año venidero nos maraville a ambas, de nuevo, con una lluvia de sorpresas y acontecimientos que nos recuerden que no podemos vivir la una sin la otra, que yo soy ella y ella es mi vida, y por más que a veces estemos reñidas y no nos entendamos, en el fondo nos amamos. Es en ese instante cuando nos abrazamos y ella renace como un ave sublime, para retomar el vuelo y así indicarme un nuevo rumbo a seguir.

Besos y sed felices



Promocion Navidad

martes, diciembre 11, 2007

Alguien que cuide de mí



Recuerdo un día de sol, entrando el otoño, los columpios a los pies de los chopos, los chopos moviendo sus ramas al ritmo que el viento les marcaba y yo columpiándome. Tendría unos seis o siete años. Mis amigas se columpiaban a mi lado. Hablábamos del futuro, ellas se veían casadas con un médico o un abogado, con muchos niños. Amas de casa, idea que mezclaban con las nuevas que llegaban para las mujeres en aquellos momentos de transición y cambios... No hacía mucho que había muerto en un trágico accidente de avión, en Alaska, Félix Rodríguez de la Fuente, mi gran ídolo... Y mientras ellas hablaban de casas llenas de niños, de maridos perfectos y vidas en rosa chicle, yo les decía que nunca me casaría y que desdeluego no tendría hijos. Yo entonces soñaba con ser reportera gráfica de primera línea de frente, como aquellos que tomaban las fotos en Vietnam. Y si no, sería como Félix Rodríguez de la Fuente. Consideraba yo en aquel entonces que era, en ambos casos, una vida no exenta de peligro y no podía arriesgarme a dejar una familia rota si perdía la vida.

En aquellos días, mientras mi familia se iba rompiendo en pedazos, yo me escudaba del miedo negándome a lo convencional. Y en secreto soñaba con príncipes azules bailando conmigo, mientras pájaros y ardillas cantaban para nosotros.

Me he pasado media vida topándome con los tipos menos adecuados, escapando del príncipe azul por la puerta de atrás.

Anhelo los abrazos, las muestras de amor, escuchar dos simples palabras dichas desde el fondo. Alguien que cuide de mí. Alguien a quien cuidar. Alguien que quiera matarme y se mate por mí.

Hay momentos en que miro el silencio de mi casa vacía. Escucho la imagen solitaria que el espejo me devuelve y toco el aroma ausente que no acaricia mi piel... No es difícil encontrar alguien que caliente el espacio vacío de mi cama. Pero anhelo aquellas palabras absurdas, esas pequeñas tonterías, esos momentos robados a un beso.

Asumo que la vida está demasiado cara como para que alguien quiera arriesgarse... Y a veces me pregunto si alguna vez alguien me querrá. A pesar de aceptar la realidad, hay una princesita traviesa paseándose por el laberinto de mi alma, que a veces me pregunta por el príncipe que venga a rescatarla, para consentirla y hasta dejarla libre de mis cadenas.

Hay días que miro sin mirar y me dejo llevar por los sueños, vuelvo a ser Buttercup y espero ese canalla capaz de repetirme, hasta la saciedad “como desees” por no decir “te amo”, que a veces es más fácil buscar sinónimos.

Y no es que necesite a nadie para ser feliz, pero quisiera poder dejarme llevar a veces, tener un regazo donde descansar mi cabeza y poder cerrar los ojos. Hace tanto tiempo que escuché por última vez “te amo”, que he olvidado el sonido de esas palabras, el revuelo de mariposas, lo bien que a veces sienta saberse la protagonista del sueño de otro.

Hay momentos en que el rosa no me parece un color tan repelente...

Besos y sed felices



miércoles, noviembre 28, 2007

Convergencia


share your files at box.net

Cierro los ojos, te presiento cerca. Los abro y veo tu mirada acariciando lentamente cada centímetro de mi piel. Mojas tus labios y sigues recorriéndome entera, ahora persigues mi aroma y mantienes la distancia exacta que deja demasiado lejos tus manos y demasiado cerca tu aliento, pero no me dejas acariciarte, te limitas a respirarme, como si yo fuera el aire que necesitas para vivir.

Acercas de nuevo tu mirada a la mía. Me sonríes, pícaro, y tus dedos rozan, casi de manera accidental, mi pecho. Me estremezco y por un segundo me distraigo y aprovechas el descuido para besarme.

Tus labios se apoderan de los míos, tu lengua escruta el laberinto de mi boca. Me paladeas, como si fuera el mejor de los vinos, buscas los matices, y me bebes con la sed del que desea embriagarse de pasión. Me separo un segundo del abrazo de tus labios y busco tu mirada, pero vuelves de nuevo a enredarte en un beso prolongado y empiezo a perder la noción del tiempo.

Tu mano recorre mi espalda, mi nuca, se enreda en mi pelo y vuelve de nuevo a mi nuca para ceñirme a ti, con la vehemencia del tiempo en que no me has gozado, y es tu abrazo quien me confiesa cuanto me echabas de menos.

Separas tus labios de mi boca y recorres con ellos el linde de mi cara, para regocijarte en mi cuello, asumiéndolo, asediando cada centímetro de piel, y tus manos recorren mi cintura, buscan mis caderas, aprehendiendo para sí todo lo que encuentran.

Me abrazas un momento y me susurras al oído esas palabras que no me dirías nunca en voz alta. Vuelves a tomar mi cuerpo que ya es tuyo y me llevas, sin mediar palabra, a tu cama, tu territorio, y sé que aceptaré sin miramientos tu pleitesía, mientras te entregas de nuevo al vicio de mis caricias, a la adicción de mis besos, al exceso de beberte mi cuerpo entero, a la tentación de que mi lengua recorra toda tu piel sin recato, y a pesar del frío que hace fuera, entre tu cuerpo y el mío el calor es extremo.

Te rindes a mis manos, que juegan contigo, te acarician, te provocan, y luego te dejan con las ganas de más, y me suplicas que no pare, y yo, perversa, te hago sufrir lo justo, para volver a devorarte luego, con el ansia que confiesa cuanto te echaba de menos.

Cambias las tornas y me abates, ahora mandas tú y me sometes a tus labios. Pierdo el control, dominada por tu lengua y me entrego extenuada en convulsiones de placer, pero no me das tregua, sigues acariciándome, cabalgas sobre mí, domándome a puro fuego.

Te doblego ahora, te dejas vencer y yo marco el ritmo, llevándote al mismo cielo y dejándote descender luego para volver a elevarte una vez tras otra hasta que caes exhausto en mi abrazo.

Me besas dulce, me miras hablándome sin palabras, me acaricias y al fin te duermes envolviéndome con tu cuerpo.

Besos y sed felices

lunes, noviembre 19, 2007

¿Qué voy a hacer sin ti?

¿Y que voy a hacer con todas estas caricias, con todos estos besos, con estos abrazos que esperaban colmar tus días, ser tu abrigo, el cobijo de tus sueños?

¿Dónde voy a guardar ahora este cariño, este deseo que sólo se calmaba en el calor de tu regazo?

¿Qué voy a decirles a mis sueños, que locos se volvían cada vez que tu me mirabas, que entre tus caricias, hacían ellos su casa?

¿Cómo voy a explicarle a mi sonrisa que ya no puede esperar tus besos, cómo le voy a decir que no serán tus palabras las que vengan a robarla, ni tu alma el hogar que ella buscaba?

¿Quién va a explicarle a mis ojos que ya no pueden perderse en tu mirada, que tu te has ido y ya sólo me queda tu espalda?

¿Cómo voy a calmar este frío, quien va abrazarme en estas noches largas, que voy a hacer con este amor que en secreto te rondaba?

Antes de irte, dime ¿qué voy a hacer, si tu no vuelves, con este corazón que sin ti no late, que a ti te nombra y que de tu abrazo, de tus besos se alimentaba?




Besos y sed felices

jueves, noviembre 15, 2007

Batallas perdidas



Desafiando mi propio destino, una vez más, me enfrenté al miedo y a la prudencia. He vuelto a alzar mi espada, a calzarme el escudo en mi brazo, a mirar desafiante a mi propio destino.

Y una vez más mi destino ha vuelto a recordarme quien tiene las de ganar en esta batalla sin sentido.

Volví a cerrar los ojos al pasado, a mirar hacia delante a pensar que tal vez no erraría de nuevo mis pasos. Y una vez más estoy aquí, herida, y esta vez de muerte. Sin más fuerzas para más cruzadas.

He alzado mi espada, cargado mi escudo, llevado esta pesada armadura, hecha del dolor de cada derrota. He tensado nuevamente mi arco, he afilado mi daga y ensillado mi caballo tantas veces que ya he perdido la cuenta. Y una vez más he caído a los pies de mi mala suerte, de mis pasos desacertados, de mis errores constantes, de mí misma a fin de cuentas.

He aporreado mi muro tantas veces como veces he caído. Me he revelado contra mi suerte y mi designio. He bebido la sangre de mis heridas, me he comido mi propio corazón descuartizado, he limpiado mis llagas con mis lágrimas, me he reído de mi suerte, he ardido y resurgido de mis propios fracasos. Y otra vez estoy aquí, el alma hecha añicos, sin corazón ni hueco, desangrándome por mil heridas engangrenadas y llenas de gusanos que claman por mi aniquilación.

He luchado. Le he dado la espalda a mis errores y mis fracasos. Me he levantado tantas veces como he caído. Menos una. Menos esta última. Ha llegado el descanso de esta guerrera. Ha llegado el momento de no luchar más, de entregar las armas.

He lidiado todas mis batallas y todas las he perdido. Sé que hay ahí fuera quien me dirá que la próxima será distinta. Sé que hay quien confía en mi victoria arguyendo que lo merezco. Pero es mentira. No merezco nada. Sólo este desasosiego, este vacío, este crepitar de llamas que empiezan a convertirme en cenizas. Pero yo no soy el ave fénix y esta vez voy a dejarme consumir en este fuego. Ha llegado el fin, el momento de marcharse. Se acabó mi tiempo.

Besos y sed felices

Porque hay momentos en que lo mejor tal vez sea rendirse. O morir con las botas puestas.

jueves, octubre 25, 2007

Amar



Mi cabeza anda preguntándose que es amar.. Y por más que intento darle explicaciones, ella, tozuda, insiste. Y yo merodeo la pregunta, la revuelvo y acabo encontrándome ante un muro hecho de interrogantes sin respuesta y queriendo saber si acaso pude perder la capacidad para amar en el camino. O si alguna vez he amado, lo que se dice amar, amar con el alma, o con el corazón.

Como se puede saber si todavía existe la posibilidad, si a pesar de tantos errores o caminos equivocados, aún hay algo dentro capaz de sentir mariposas revoloteando en mi interior. Tal vez la equivocación no fue amar o entregarse, tal vez nunca he amado realmente. Y cómo se puede saber que una sabe lo que es amar si ni tan siquiera puedo saber si alguna vez he amado.

A fuerza de caerme una vez tras otra, ahora siento miedo, tanto tanto miedo que ni siquiera sé si puedo amar. Y aquí ando, lágrima en mano, el corazón perdido en las batallas, la lluvia cayendo y yo buscando respuestas donde no las hay.

Se me remueve algo dentro cuando me besa, sus abrazos son el refugio donde quisiera vivir mi vida, pero no sé que siento, ni tampoco que voy a sentir o si al sentir lo que siento a la larga acabaré amándole.

Más que nunca camino a ciegas, tropezando en el camino con mis propias torpezas y la duda en el alma, y mi huequito de corazón palpitando, a veces ensanchándose, otras, en cambio, achicando, doliendo como la muela del juicio ¿será que está naciendo un corazón nuevo?.

Ahora que parece que él camina hacia delante, dejándose llevar, aunque con reservas, soy yo la que se queda paralizada en esta oscuridad, rodeada de mil dudas, de mil miedos, hasta de los celos que nunca concebí, y en este entreacto dudo de mi capacidad para sentir y vuelvo a tropezar con mi confusión, el frío se apodera de mi y pienso que tal vez no sea capaz de librar esta batalla...

La batalla del amor, del sentimiento a puro fuego, dejando a un lado la razón, entregarse a una caricia y dormirse en el cálido lecho de un beso dulce. Sentir que el sueño de él llega con mi abrazo, que podría quedarme eternamente en su mirada, sin palabras, y pensar que podría ser éste el camino que he estado buscando toda mi vida... Y tengo miedo, mucho miedo, tanto que me encoge el alma y llena todos los espacios vacíos de mil preguntas sin respuesta, quiero saber lo que nadie puede decirme, andar diez pasos por delante de mis pasos, y en el empeño caigo al suelo, aunque en esta oscura sala noto que no estoy sola, que es su mano la que para mi caída. A pesar de sus miedos, él no se ha ido, sigue a tientas buscando sus propias respuestas, pero no puedo evitar estar a la espera de su partida y ese es sin duda mi mayor miedo...

¿Y si no sé amarle, después de todo?¿y sí acabo haciéndole el daño que prometí no hacerle? Mis manos acarician su piel como si fuera el más delicado lienzo, mis besos se posan en sus labios como mariposas, apenas rozando por no despertar sus miedos. Y mientras duerme, y le oigo respirar, lentamente mi alma evoca dos palabras y cinco letras que mi boca no osa pronunciar, en cambio mi mente vuelve a preguntar por enésima vez, qué es amar...



Besos y sed felices

jueves, octubre 18, 2007

Buster, La General y yo



Cuando era pequeña me sentaba, a eso de la media tarde, delante de la tele, sin nada más que hacer, aparte de jugar. Era habitual entonces que a esas horas, y dentro de la programación infantil, pusieran películas de cine mudo. Me encantaban. Me quedaba embobada mirando la pantalla. Recuerdo aquella escena del mítico Harold Lloyd colgado del reloj... pero también recuerdo a aquel chico de mirada triste, Buster keaton, al que las cosas le salían peor todavía que al mismísimo Charlot. Recuerdo, sobretodo, “El maquinista de la General”. En aquella época mi juguete favorito era una locomotora de hojalata, que hacía el ruido del tren y pitaba, girando sobre sí. La General era aquella máquina y Buster su conductor. La verdad es que yo no sabía entonces mucho de guerras ni de hombres de uniforme, pero sí tenía claro que yo quería, por encima de todo, conducir aquella preciosidad. Me imaginaba junto a Buster, echando carbón a la caldera, o intentando, por encima de todo que no la dañaran. Me imagino sentada junto a él en el riel de las ruedas, mientras la máquina se pone en marcha, improvisando un balancín para animarnos después del rechazo de su novia.

Buster se pasa casi todo el tiempo intentando recuperar a sus dos amores: a Annabel porque si no es del ejército, ya no le quiere, y a la General porque unos desertores se la han robado. Y así, entre intentos fallidos, que al final salen bien, como el del cañón, que casi se dispara contra él mismo, como un auténtico antihéroe de los que ya no hay, recupera a Annabel y salva a la General, entrando triunfante en la estación, mientras ella, orgullosa e imponente, va dejando una hilera de silbidos y humo. Y mientras, yo, con mis ojos infantiles, mirando de hito en hito la pantalla, respirando acelerada, allí, en el suelo, sentada en la moqueta y abrazada a la locomotora de hojalata... y sonriendo porque, en aquellas películas, siempre había un final feliz.

Besos y sed felices

Este relato ya tiene tiempo, pero prometí a Enttropia que lo publicaría para que lo pudiera leer, así que lo prometido es deuda.. Besos a todos.

viernes, octubre 05, 2007

El día que fuimos felices


share your files at box.net

El día que fui feliz no sonaban violines y tampoco había un arco iris en el firmamento, no vi florecitas lloviendo por doquier ni el cielo se volvió de mil colores.


Andaba a dos metros del suelo, y las estrellas parecían estar a mi alcance. El mundo estaba en mis manos y la música sonaba para mí.


Cuanto tiempo hacía que no recordaba cuando jugaba en casa de Alex a indios contra vaqueros, yo siempre era india y le robaba su caballo balancín para galopar por llanuras imaginarias. Él protestaba porque también quería ser indio. Y aún así siempre era yo la que cabalgaba a lomos del brioso corcel, la que jugaba con sus tesoros más preciados. Era mi amigo y aunque a veces le hacía llorar, siempre estaba dispuesto a volver a jugar conmigo una vez más...


Recuerdo ahora cuando, mucho antes, jugaba con Félix mientras mis padres cenaban con los suyos. No acababa de entender por qué él poseía “aquello” y yo no... Teníamos cuatro años y pasábamos el día haciendo carreras de coches.


Años después conocí a Alberto en Santander y nos hicimos inseparables durante el tiempo de mis vacaciones. De aquello sólo me quedan sus fotos y a veces me gustaría saber cómo encontrarle para recordar cuando yo empuñaba la espada y él el puño de Mazinguer Z.


Ahora mi niña, siempre buscando con quien jugar a piratas, se ha salido con la suya y tiene un cómplice para sus diabluras. Y no es la primera vez que se encuentra con un compañero de juegos, pero esta vez ha vuelto a recordarme que hubo una vez en que la vida siempre sonreía para mí.


Mi niña ha decidido imponerse a ratos a mí, se viste de demonio y sale dispuesta a quemar la ciudad, y ha encontrado a un compinche que acepta sus travesuras, y me pregunto como es posible que no me diera cuenta el día en que fui feliz, bailando bajo la lluvia sin más preocupaciones que el no dejar de sonreír, corriendo para ser la más hábil en los coches de choque, apostando el honor por un trago largo de cerveza y dormirse arropada entre cariños y mimos.


Saber que no importa lo que diga o lo que haga, que si mis ojos lloran, estará para que dejen de hacerlo y lograr una sonrisa que dibuje el arco iris en mi mirada.


No sé como pude despistarme el día en que viendo a un ogro verde en una pantalla enorme, alguien se reía conmigo sólo para que yo dejara atrás mi tristeza.


Creo que voy a seguir despistándome mientras mi niña se va a jugar otro ratito a tu casa. Podríamos irnos a bailar sobre los anillos de Saturno, mientras llueven palomitas, tú serás luck y yo la Princesa Leya, tu serás Jack Sparrow y yo Morgan Adams y lidiaremos una batalla en alta mar, tú a bordo del Perla Negra y yo en mi Estrella de la Mañana, sable contra sable hasta que caigamos rendidos de la risa en colchones de plumas y luego brindaremos con un par de Pitufitas mientras vemos el sol salir.


Casi me despisto, que desastre, mira que es bueno tener amigos, no me dejes perderme el próximo día que seamos felices...

Besos y sed felices

martes, septiembre 25, 2007

Vuelvo a Granada


share your files at box.net

Atardece, gira la autovía y la veo a mis pies, bajo el cobijo de la sierra imponente... Me da la bienvenida, siempre hermosa, vestida con sus luces que empiezan a encenderse y mi corazón baila a su ritmo, cuanto te he echado de menos....

Sus calles, su río, que me lleva a mi destino, camino de la Sierra, la plaza de Carretas por la que tantas veces he pasado, la calle Navas por donde mis pies van solos, directos siempre a un mismo destino donde poder ver esas caras conocidas de nuevo, los besos, los abrazos y sentirse otra vez mimada como la niña que llevo dentro.

Una “pequeñita” y una tapita que acompañe, que bueno es reírse sin parar, y un paseo por la Gran vía, para subir la interminable cuesta del Albaicín y todo es bonito, hasta las alcantarillas. El olor a jazmín inunda las calles y allí al fondo, en la noche granadina, como una joya refulgente, brilla en lo más alto la Alhambra, enmarcada desde donde estoy por un jazminero que la rodea. Desde donde mires ella siempre está, vigilante, guardando la ciudad...

Y una caña después de la subida, que no hay una sin dos, y dos tapitas para acompañar, y más risas que nos vuelvan un poco más cercanos, que bueno es tener amigos. Que bueno es volver otra vez a pisar estas calles.


Pasaremos la noche entre calles estrechas, de pasada por Elvira, y emulando a quienes le dieron ese nombre, conquistemos sus rincones, que ya es nuestra, y nosotros de ella. Y una Piraat en la cervecería, que acompañe al shuwarhma de después y un pastelito con recuerdos a Djemaa-el-Fna, y camino a Buga, para hacer nuevos amigos y bailar toda la noche y al regreso un paseo por el río mientras la sierra nos mira y el Mulhacen, a lo lejos, sonríe...

Vuelve el sol, y salir a la calle, andar de nuevo por el camino de la Sierra dirección a Navas, donde ya espera la pequeñita y los amigos de nuevo, y otra tapita, y mientras la conversación nos enreda, las cervezas desfilan acompañadas siempre por esas delicias que salen del arte culinario de Leonidas. Y se me olvida que median 400km entre mi tierra y este rincón que hago mi casa, de okupa en la Alhambra, bebiéndome su sangre dorada a largos tragos, que no hay otra cerveza que sacie igual la sed... Y tenga tanto peligro. Subimos con la panza llena por el Camino de los Tristes, aunque nosotros vamos bien alegres, que no se diga, que no hay como saberse en casa y rodearse de quien bien te quiere, y en mis manos el amor de mi vida reteniendo para mi lo que mi memoria podría osar olvidar, y a cada disparo suyo, mi corazón late más deprisa y un paso más cerca del cielo, llegando a los jardines de palacio, donde el león aguarda tras su paso por manos expertas, ya remozado para que no se noten sus siglos, que ya son muchos los ojos que lo han visto, la lluvia que lo ha mojado, las batallas que ha vivido desde su patio, junto a sus once hermanos, mientras sostenían la fontana donde las palomas bebían, dejando surtir el agua de sus fauces como la vida misma...

Y bajar por el otro lado, dejando que el jardín nos envuelva, y las risas que nos acompañan todo el trayecto y tras una buena caminata, un paseo, y tres Shuwarhmas, de nuevo en Navas, para reponerse y la noche es testigo de otro día feliz, y las estrellas cómplices nos guiarán, de nuevo, por calles alegres, hasta que la lluvia haga su presencia y un taxista amigo me deje en casa.

Y vuelve el día, con lluvia y frío, aunque una vez en mi casa de la calle Navas, no hay frío, sólo risas, amigos, la Alhambra corriendo de su grifo y la nostalgia que empieza a avisar que ya se acerca la hora de partir, pero hay que retrasarla todo lo posible, hasta que las estrellas nos anuncien que ya no hay más tiempo y que es hora de regresar...

Pero antes es necesario un té en la tetería con sabor tuareg, y un momento de enlace entre dos tierras que amo, y mientras un trocito de corazón se queda en algún rincón de estas cuestas, otro clama desde las dunas y por un momento mis raíces ancestrales vienen a recordarme que alguna vez fui hija del desierto.

Llega la hora de la despedida, y besos y abrazos y sonrisas con miradas tristes, y la promesa de volver de nuevo, y al alejarme, veo Granada brillar con sus luces de neón y a lo lejos la sombra de la siempre presente Sierra Nevada, guardando su ciudad encantada, y un cielo lleno de estrellas que me guían hacia casa, y me dejan marcado el camino de regreso, que me he dejado un trocito de corazón en el Albaicín, para que oiga su latido cuando mire hacia el sur...

Besos y sed felices