jueves, agosto 24, 2006

Noche de vino y rosas



A ella le perdían las conversaciones inteligentes y él tenía debilidad por la dialéctica, así que un día se encontraron seduciéndose con una buena narrativa y mucha, mucha picardía...
Prometieron aquella primera noche un encuentro, un duelo, las armas, sin dudarlo, las del arte de la seducción, aquel que tan bien habían sabido manejar entre palabras y silencios interverbales. Una noche de vino y rosas, abierta a la locura y al placer, tal vez a la perdición de encontrarse con la horma de sus zapatos.
Pero las cosas llegan cuando llegan y hay un momento para cada cosa, así que el duelo no tuvo lugar hasta largo tiempo después, cuando ambos habían perfeccionado sus armas y su estilo, ya viejos conocidos y muy predispuestos a vencer al adversario o a dejarse vencer...
Tras convenios y tratos, tras marcar las normas de una noche sin leyes escritas, tras negociaciones y espacios para la provocación, se convino en una noche cualquiera, que nunca sería cualquier noche.
Estaba todo permitido para una lucha sin precedentes, donde la seducción desarrollada con exquisita elegancia, sería la única regla a seguir.
Ella se calzó con tacones de aguja, sandalias excasas que dejaban ver dedos largos y pies finos, cordones rodeando sus gemelos en un abrazo provocador hasta sus rodillas. La vista podía seguir ascendiendo por la piel blanca de sus muslos, sólo cubiertos a la altura de las caderas con una faldita escasa, que hacía temer los golpes de aire. Seguía el paseo visual por un paréntesis negro que se abría en encaje sobre un canal que incitaba a imaginar lo que debajo de la tela se escondía. Escote amplio y tirantes finos para llegar a una melena corta, rizada y peligrosamente rojiza rodeando unos labios rojos de pasión y unos ojos grandes, de mirada expresiva y profunda. Para complementar la imagen, el perfume bien elegido, dulce, penetrante, sin ser empalagoso y en lugares estratégicamente seleccionados.
El buscó el encanto de la sencillez en unos vaqueros y una camisa blanca ajustada a un cuerpo esbelto, sobre una piel morena, dejando a divinar su torso sin descubrirlo, el rostro bien afeitado, el pelo arreglado y un perfume embriagadoramente seductor.
Empezaba el duelo. Ella no dudo en usar la locuacidad del lenguaje bien elegido en una voz entrenada para hechizar. El jugó con el susurro y la dulzura de expresiones casi escritas en el guión de una noche improvisada. Ella estudió y no dejó al azar ni uno de sus movimientos al acariciar el volante, cambiar de marcha, embragar, frenar o acelerar, mientras conducía y jugaba a distraerlo. El fingió sentirse desarmado mientras prolongaba el paseo por calles y callejuelas.
Aparcaron en una plazoleta y fueron andando hasta el restaurante elegido para el duelo, ella moviendo seductoramente las caderas al ritmo de sus tacones, él siguiendo distraidamente el bailoteo, mientras tomaba las medidas a su rival.
Como ocurre en estos casos, la cena fue suave y selecta, no faltaron los toques exóticos de la pimienta ni las frutas rojas que dieran un tono pasional al momento, acompañadas de queso fundido y un vino rosado. Conversación variada y temas diversos, sin dejar al azar ni uno sólo de los movimientos de su cuerpo, lo que las palabras no decían lo decían sus cuerpos, expresivos, juguetones, entregados a un arte antiguo y conocido para ambos, y el peligro se esparcía en el aire de una noche de vino y rosas.
Continuó la batalla en las copas que dieron paso al acercamiento suave, elegante. Ella, accidentalmente apoyada en su regazo, él distraídamente acariciando sus hombros, ella coqueteando pícaramente con todos y él dejando que sus ojos la recorrieran suavemente sin pararse hasta llegar a sus ojos, los de ella, para hablar con sus bocas y sus miradas, dos conversaciones distintas, y ambas perfectamente compenetradas.
El duelo llegaba a su cénit, las armas mostradas, las miradas rendidas, perdidas y entrelazadas, paseando por calles tranquilas bajo la calidez y el amparo de la noche estrellada, ella recostada sobre su hombro, él rodeando su cintura.
Un lecho fue el campo de batalla, el fuego encendido, la pasión contenida y desmedida, las caricias suaves, los besos sin mesura, batalla de deseo por fin liberado hasta saciar la sed de ambos, sucumbiendo a sus propias trampas, hasta caer rendidos en un abrazo dulce...
La mañana les encontró enredados y abrazados, desarmados y sonrientes, prometiéndose un nuevo duelo de besos y caricias y como no, de seducción desmedida.
Besos y sed felices

13 comentarios:

BAR dijo...

QUE LINDOOOOOOOO. ME ENCANTÓ ESTE POST, ME RECUERDA LAS TANTAS VECES QUE HE ESCOGIDO DESDE MI ATUENDO HASTA MI TONO DE VOZ...SIN DUDA EL JUEGO ANTE EL QUE NI ELLOS NI NOSOTRAS PODEMOS SUCUMBIR...BESOS

Esther Hhhh dijo...

Y sin embargo acabamos sucumbiendo y dejándonos llevar, BAR, jejeje...
Gracias por tus halagos. Besitos

Ruben dijo...

Muy... realista!!
Ciertamente, te he imaginado tal y como cuentas que paso. Completamente en tu salsa, jejeje.

Esther Hhhh dijo...

Rubén, ¿y quién te ha dicho que pasó realmente?, quizá lo soñé, jejejeje...
Besos

Cucho dijo...

mmm...en cualquier caso...eso hay que vivirlo...
Cuantas más veces mejor!

Hay alguien que no lo desee?

Diego dijo...

Con enemigos como ese, para qué quieres amigos...? Con este tipo de duelos que haya más guerras.

Juan dijo...

Si es que va ser que el juego engancha... Lo malo es que si se te va de las manos, puede llegar a ser una gran putada. Si es que hay juegos peligrosillos, y ya se sabe que el "fuego" en todas sus versiones puede quemar...
Pero el juego engancha tanto..

Muy buena la entrada Esther.
Como verás no me estoy paseando muxo por internet los ultimos dias.. estoy jodidamente liao, además el unico acceso a la red que tengo ahora en mi casa es via hurto, asi que procuro no usarlo, pero bueno.. alguna vez...
El tratamiento de teo va guay. Estoy hecho toda una enfermera..je je
Ale pues, a cuidarse y hasta otra "femme fatalle" jeje
Muxus

Esther Hhhh dijo...

Cucho, yo creo que a todos nos gusta este juego, pero hay que saberlo jugar sin perder la elegancia.
Ay, Diego, cuanta razón tienes, yo creo que voy a seguir batiéndome en duelo jejejeje, me gusta demasiado.
Juan, sin duda hay que saber parar el fuego antes de que inciende la casa. Pero como bien dices, este juego engancha, y mucho, así que voy a seguir arriesgando, total, ya no tengo corazón que perder, y si pierdo el alma, se la venderé al diablo por unos segundos más de pícara diversión.
Ya he visto que no entrabas últimamente y te he echado de menos, que lo sepas. Me alegra saber que Teo vaya mejor, cuidale mucho y cuidate tu también, a ver si nos volvemos a ver prontito.
Besos, petonets y muxus para tod@s

Ruben dijo...

Mira, eso es cierto, nadie me ha dicho que pasase realmente... y no tengo el "copyright" de escribir sueños en el blog... pero de todas formas, sigo pensando lo mismo jejeje
Besitos.

Esther Hhhh dijo...

Bueno, Rubén, lo confieso, sí sucedió, aunque me he tomado alguna que otra licencia literaria y he omitido alguna cosilla, pero sí, sucedió.
Besos con toques de seducción...

Esther Hhhh dijo...
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Enttropia dijo...

Ays... (suspiro)

Yo también quiero, joo...

Esther Hhhh dijo...

mmmmmmm Enttropia y yo, y yo, quiero mássssssssss jejejejeje... Ains a ver si quedo pronto otra vez con él y os regalo otra nochecita.
Besitossss