viernes, agosto 11, 2006

Ouarzazate


Llegamos al atardecer. La gente andaba por las calles, iban hacia la plaza. Una de las cosas que más me ha llamado la atención es que en Marruecos la gente hace mucha vida de noche, o de tarde-noche. Salen a la calle al atardecer y se van a las plazas, a los sitios donde se puede cenar al aire libre, a las calles... Pasean, hablan con toda la gente que se encuentran, saludan a los turistas y disfrutan de las noches africanas...
El 4x4 cruzaba veloz la avenida principal, los burros, como siempre, formaban parte del paisaje urbano, algunos cargados, otros llevando jinetes y amazonas, otros simplemente atados. Las mujeres, algunas, tapadas con su burka, cargaban en la espalda a sus retoños, otras sólo llevaban un pañuelo sencillo que cubria sus, probablemente, largas melenas. Había incluso algunas, las menos, que vestían al estilo europeo, pantalones, en algunos casos vaqueros, y camisa. Las que nos mostraban sus caras, en general eran muy guapas. Rasgos nortafricanos, ojos grandes y oscuros, labios carnosos, piel canela, pelo largo, liso y negro. Los hombres vestían en su mayoría la chilaba, casi todos lucían bigote, pelo corto y miradas profundas. Los niños sonrientes, pidiendo monedas, cigarros, caramelos... Con miradas llenas de historias que en algunos casos nos podrían poner la piel de gallina.
El coche seguía su trayecto, sin darnos tiempo al respiro, sin dejarnos apenas detener por un instante nuestros ojos en cada detalle. Me llamó la atención la arquitectura. Todas las construcciónes con su típico color entre arena y rosa, y ninguna especialmente alta. Algún jardin y las menaras de las mezquitas, todas tan parecidas, de planta cuadrada y con motivos geométricos en su decoración.
Giramos a la izquierda, seguimos recto por una calle más estrecha y menos concurrida, subimos por una pequeña cuesta y llegamos al hotel: imponente, con sus palmeras y otras especies arbóreas que no reconocí a primera vista. Con una entrada digna de Hollywood. Lo primero que pensé es que ese era el hotel para los de 4 estrellas. Pero no, allí nos bajamos todos. Al hamid, con la ayuda de Jon y Pedro, bajó las maletas y equipajes, y nosotros entramos en el hotel.
Yo llevaba casi todo el día soñando con una piscina. Me moría por nadar, por refrescarme y quitarme la arena del camino, por relajarme. Siempre me ha relajado nadar. Nos habían dicho en broma que el hotel no tenía piscina, pero sólo fue una broma. Aquel hotel contaba con piscina, y yo veía por fin mi pequeño sueño hecho realidad.
En recepción rellenamos la ya consabida y acostumbrada ficha, dos fichas, en Zagora descubriríamos que bastaba con una. Cambiamos nuestro pedazo de vida escrito en papel por una llave al descanso...
Y buscamos la habitación. No fue fácil encontrarla, era como un laberinto, formado por pequeños dúplex, cada uno con dos o cuatro habitaciones, dependiendo de que en efecto fueran dúplex, de dos pisos, o sencillos, de sólo un piso. Nuestra habitación, la 607, creo que fue la que más nos gustó de todos los hoteles en los que estuvimos. El hotel en sí fue el que más nos gustó. Era una habitación enorme, tenía un pequeño saloncito, donde estaba la tv y el teléfono, con unos sofás, lamparita y una mesita centro baja, perfectamente decorado todo. En algunos sitios habían dejado pétalos de rosa sobre servilletas. El aire fue lo primero que encendí, funcionaba, y como funcionaba. Esta entrada-salita, daba paso por una puerta a la habitación, donde vimos una enorme cama, formada por dos colchones separados pero hecha como si fuera una sola. En la habitación había dos puertas más, además del armario. Una daba paso a un cuarto de baño completo, con su bañera y hasta su secador. La otra daba paso a una cocina, que a su vez tenía otra puerta que daba a una pequeña terraza. Aquello no era una habitación, aquello era un apartamento y nosotras supimos en ese momento que ninguna habitación de ningún hotel nos iba a gustar tanto.
Fuimos a cenar, Abdel se encargó de poner en nuestra mesa a dos angelitos que viajaban solos y que a partir de ese momento serían Canela y Sésamo (empezaba nuestra particular selección de especias y condimentos).
Y por fin llegó el momento de enfundarse el bikini e ir a la piscina. Tras un recorrido por el laberinto (sin Minotauro, gracias a los dioses) llegamos al jardín donde estaba la piscina. Era sencillamente perfecto. Una barra donde disfrutar de una cervecita (royale special) y una piscina perfectamente iluminada y que para gozo de los que nos gusta nadar, no cerraba a ninguna hora. No me lo pensé dos veces: me despojé del pantalón y me metí al agua después de la necesaria ducha. Tres o cuatro piscinas después, a crowll y braza, me di cuenta que me estaba mirando. Desde su mesa, acompañado de su pequeña historia de este viaje, me miraba disimuladamente. Observaba cada movimiento, cuando salía del agua, cuando me volvía a meter, cuando tomaba ¿el sol? (quizá mejor decir la luna o las estrellas). No le di importancia, pero no voy a negar que me gusta el juego de la seducción, y eso tenía mucho de juego... Empezaba a oler a Menta...
Una cerveza, varias piscinas y muchas risas después, decidimos irnos a la habitación para ducharnos, algo que resultó complicado, y por fin salimos de nuevo a la terraza con las dos cervezas que nos habíamos reservado. Hay Pando, que bien te sentó tu primera cerveza... Y la segunda.
Las dificultades con la ducha habían traído como resultado un avispado segurata, que distrajo un rato a mi querida pando, y del que probamos otras especias típicas de Marruecos, pero al final el cansancio y el relax me pudieron y me fui a dormir.
Al día siguiente, como siempre a las ocho fue hora de partir, y después de un desayuno delicioso, con su zumito de naranja, té con leche y tortita de maíz con miel, llegó la hora de subir de nuevo al jeep y dejar atrás aquel hotel... Cuantas veces lo recordé durante el viaje.
Besos y sed felices.

5 comentarios:

pandora dijo...

aainnss pues a mi como que la cervecita y la seguridad me quito el cansancio jajaja creo que es una de las noches que tampoco olvidare sniif sniiff quiero volver a ouartzazate joooo me siento indefensaa necesito seguridad jaja

BAR dijo...

A MI TAMBIÉN ME GUSTA EL JUEGO DE LA SEDUCCIÓN, ES UNA LÁSTIMA QUE AHORA LO UTILIZE TAN POCO, DEPÚES DE 3 AÑOS CON MI NOVIO, LO CIRTO ES QUE CREO QUE YA ES ALGO QUE TRAEMOS LAS MUJERES...SERA? BESITOS

Esther Hhhh dijo...

Ains, mi querida Pando, ¿y qué olvidaremos de este viaje? yo creo que ni las broncas olvidaremos...
Bar cielo, tienes toda la razón del mundo, la seducción es cosa de mujeres, y dios, que bien se nos da cuando queremos... por cierto, aunque lleves 3 años con tu novio, ponlo a prueba de vez en cuando...
Besitos

Juan dijo...

¡¡Dios!!¡¡Ese maldito juego!! ¡¡lo odio tanto como lo adoro!! ¡¡Me trae tan buenos y malos recuerdos!!

Lo mejor y lo peor, es que somos nosotros los grandes benficiados o perjudicados, y todo según os de a vosotras. ¡¡Dios!!¡¡Castración química!! que no..

Y es cierto que es cosa de mujeres, lo que no significa ni mucho menos que todas sepan hacerlo con la sutilidad y la picardia adecuadas..

Esther Hhhh dijo...

En el fondo sabes que os encanta, Juan, os encanta que juguemos, que nos hagamos las ingenuas, que dejemos una mirada perdida, un suave gesto accidental del dedo sobre la boca, una caída descuidada del tirante...
El juego de la seducción es, en verdad, un arte, y como en el arte, se puede aprender, y mejorar, pero hay que nacer con el don de saber seducir, de seducir sin querer, y acabar seduciendo siempre que se quiere... mmm adoro el arte de la seducción.
Besitos Juan ¿con seducción o sin ella? jejejeje