viernes, agosto 11, 2006

Ouarzazate


Llegamos al atardecer. La gente andaba por las calles, iban hacia la plaza. Una de las cosas que más me ha llamado la atención es que en Marruecos la gente hace mucha vida de noche, o de tarde-noche. Salen a la calle al atardecer y se van a las plazas, a los sitios donde se puede cenar al aire libre, a las calles... Pasean, hablan con toda la gente que se encuentran, saludan a los turistas y disfrutan de las noches africanas...
El 4x4 cruzaba veloz la avenida principal, los burros, como siempre, formaban parte del paisaje urbano, algunos cargados, otros llevando jinetes y amazonas, otros simplemente atados. Las mujeres, algunas, tapadas con su burka, cargaban en la espalda a sus retoños, otras sólo llevaban un pañuelo sencillo que cubria sus, probablemente, largas melenas. Había incluso algunas, las menos, que vestían al estilo europeo, pantalones, en algunos casos vaqueros, y camisa. Las que nos mostraban sus caras, en general eran muy guapas. Rasgos nortafricanos, ojos grandes y oscuros, labios carnosos, piel canela, pelo largo, liso y negro. Los hombres vestían en su mayoría la chilaba, casi todos lucían bigote, pelo corto y miradas profundas. Los niños sonrientes, pidiendo monedas, cigarros, caramelos... Con miradas llenas de historias que en algunos casos nos podrían poner la piel de gallina.
El coche seguía su trayecto, sin darnos tiempo al respiro, sin dejarnos apenas detener por un instante nuestros ojos en cada detalle. Me llamó la atención la arquitectura. Todas las construcciónes con su típico color entre arena y rosa, y ninguna especialmente alta. Algún jardin y las menaras de las mezquitas, todas tan parecidas, de planta cuadrada y con motivos geométricos en su decoración.
Giramos a la izquierda, seguimos recto por una calle más estrecha y menos concurrida, subimos por una pequeña cuesta y llegamos al hotel: imponente, con sus palmeras y otras especies arbóreas que no reconocí a primera vista. Con una entrada digna de Hollywood. Lo primero que pensé es que ese era el hotel para los de 4 estrellas. Pero no, allí nos bajamos todos. Al hamid, con la ayuda de Jon y Pedro, bajó las maletas y equipajes, y nosotros entramos en el hotel.
Yo llevaba casi todo el día soñando con una piscina. Me moría por nadar, por refrescarme y quitarme la arena del camino, por relajarme. Siempre me ha relajado nadar. Nos habían dicho en broma que el hotel no tenía piscina, pero sólo fue una broma. Aquel hotel contaba con piscina, y yo veía por fin mi pequeño sueño hecho realidad.
En recepción rellenamos la ya consabida y acostumbrada ficha, dos fichas, en Zagora descubriríamos que bastaba con una. Cambiamos nuestro pedazo de vida escrito en papel por una llave al descanso...
Y buscamos la habitación. No fue fácil encontrarla, era como un laberinto, formado por pequeños dúplex, cada uno con dos o cuatro habitaciones, dependiendo de que en efecto fueran dúplex, de dos pisos, o sencillos, de sólo un piso. Nuestra habitación, la 607, creo que fue la que más nos gustó de todos los hoteles en los que estuvimos. El hotel en sí fue el que más nos gustó. Era una habitación enorme, tenía un pequeño saloncito, donde estaba la tv y el teléfono, con unos sofás, lamparita y una mesita centro baja, perfectamente decorado todo. En algunos sitios habían dejado pétalos de rosa sobre servilletas. El aire fue lo primero que encendí, funcionaba, y como funcionaba. Esta entrada-salita, daba paso por una puerta a la habitación, donde vimos una enorme cama, formada por dos colchones separados pero hecha como si fuera una sola. En la habitación había dos puertas más, además del armario. Una daba paso a un cuarto de baño completo, con su bañera y hasta su secador. La otra daba paso a una cocina, que a su vez tenía otra puerta que daba a una pequeña terraza. Aquello no era una habitación, aquello era un apartamento y nosotras supimos en ese momento que ninguna habitación de ningún hotel nos iba a gustar tanto.
Fuimos a cenar, Abdel se encargó de poner en nuestra mesa a dos angelitos que viajaban solos y que a partir de ese momento serían Canela y Sésamo (empezaba nuestra particular selección de especias y condimentos).
Y por fin llegó el momento de enfundarse el bikini e ir a la piscina. Tras un recorrido por el laberinto (sin Minotauro, gracias a los dioses) llegamos al jardín donde estaba la piscina. Era sencillamente perfecto. Una barra donde disfrutar de una cervecita (royale special) y una piscina perfectamente iluminada y que para gozo de los que nos gusta nadar, no cerraba a ninguna hora. No me lo pensé dos veces: me despojé del pantalón y me metí al agua después de la necesaria ducha. Tres o cuatro piscinas después, a crowll y braza, me di cuenta que me estaba mirando. Desde su mesa, acompañado de su pequeña historia de este viaje, me miraba disimuladamente. Observaba cada movimiento, cuando salía del agua, cuando me volvía a meter, cuando tomaba ¿el sol? (quizá mejor decir la luna o las estrellas). No le di importancia, pero no voy a negar que me gusta el juego de la seducción, y eso tenía mucho de juego... Empezaba a oler a Menta...
Una cerveza, varias piscinas y muchas risas después, decidimos irnos a la habitación para ducharnos, algo que resultó complicado, y por fin salimos de nuevo a la terraza con las dos cervezas que nos habíamos reservado. Hay Pando, que bien te sentó tu primera cerveza... Y la segunda.
Las dificultades con la ducha habían traído como resultado un avispado segurata, que distrajo un rato a mi querida pando, y del que probamos otras especias típicas de Marruecos, pero al final el cansancio y el relax me pudieron y me fui a dormir.
Al día siguiente, como siempre a las ocho fue hora de partir, y después de un desayuno delicioso, con su zumito de naranja, té con leche y tortita de maíz con miel, llegó la hora de subir de nuevo al jeep y dejar atrás aquel hotel... Cuantas veces lo recordé durante el viaje.
Besos y sed felices.

jueves, agosto 10, 2006

4x4


Nunca había ido en 4x4. Bueno, miento, recuerdo una vez, cuando tenía unos 12 años. Fue el viaje de fin de curso de octavo. Fuimos por el norte de Cataluña, por los Pirineos, y hicimos una excursión al lago San Mauricio en jeep. Pero de eso hace ya mucho.
Lo cierto es que un jeep, propiamente dicho (es obvio que no hablo de los modernos) no es especialmente cómodo. Aún así me gusta. Tiene esa potencia, esa fuerza. Te sientes segura dentro de un 4x4, aunque en el fondo no son tan estables como parecen.
Creo que lo más divertido, sin duda, es ir por la pista, atravesar mares de arena con un jeep al atardecer, mientras las últimas luces del día se van, y el sol se esconde por el este, por detras del coche. Miras por la ventanilla y sólo ves arena y los otros coches, corriendo en paralelo. Se apodera entonces esa sensación de libertad, de estar lejos de todo y más cerca de tus sueños de lo que nunca has estado.
Las estrellas empiezan a aparecer sin permiso en el cielo, todas, no falta ni una, todas acuden a la cita, y mientras el conductor sigue trotando a través de la arena naranja, tu te preguntas como pueden saber la dirección. sin ninguna ayuda electrónica, sólo su conocimiento... Y sólo te lo preguntas por un momento, porque es tal su seguridad al volante, que sabes que ellos saben donde van.
El sol se ha ido definitivamente, la oscuridad rodea el 4x4 y sólo llegan las luces de los otros coches. De pronto paramos, bajamos y a lo lejos vemos nuestro destino. De la nada surge un campamento, y por un momento en tu mente se dibuja una linea que une tu ciudad, tu casa, hasta tu familia, con esa otra realidad tan diferente...
Besos y sed felices

miércoles, agosto 09, 2006

La expedición

Las risas dieron paso al asombro, subimos a la habitación y nos quedamos un rato mirando embobadas aquel patio interior que tenía el hotel, como un claustro, con sus mesitas estilo arábico.
La habitación, más bien normalita, carecía de aire, pues el aparato no funcionaba, pero a nosotras eso no nos importó, a fin de cuentas era una noche. abrimos las ventanas y vimos los primeros mosquitos africanos. No dudamos en embadurnarnos de insecticida... Creo que sólo volví a hacerlo la noche del desierto.
Al levantarnos, corrimos a desayunar, con nuestras maletas bien cerraditas, después de la consabida pelea para poder cerrarlas, y con nuestro traje de expedicionarias.


Los jeeps nos esperaban a la puerta. Y entonces conocimos a Al Hamid. Nuestro conductor. Verver auténtico, procedente de Zagora, alto, de pelo excaso, piel oscura, bigote y mirada dulce. Creo que es la mejor persona que he conocido en este viaje. O una de las mejores.
Durante todo el tiempo que fuimos en jeep, nos cuidó, se preocupó por nosotras, nos invitó a tés calientes, que nos ayudaban a regular la temperatura, nos enseñó a ponernos el pañuelo tuareg, y regateó el precio por nosotros.
Y como conducía. Al principio pensamos que estaba loco. Esos esquives con los burros, con las motos... El nos decía que conducir allí era muy difícil. Y nosotros, todos los que íbamos en el jeep decíamos para nosotros "si, si dificil tiene que ser conducir de esta forma, eso seguro". Pero Al Hamid Amid nos demostró quien era al volante cuando tomamos la pista. Corría como nadie, esquivaba los baches, evitaba en lo posible los saltos, y sobretodo nos lo hizo pasar de miedo. A mi me gustaba picarle, para que corriera más y fuera el primero de todos.
Por muy loca que pareciera su conducción, ahora puedo decir que nunca en la vida me he sentido tan segura. Un guía, Amine, nos diría después que todos los conductores tenían mucha experiencia.
Al subir al jeep reconocí a la otra parejita que había venido con nosotros en el avión. Olatz y Jon. Y conocimos a Rosa y Pedro.
Entre todos, los siete que ibamos en el 4x4 y junto con los otros jeeps, en total ocho coches, formamos un equipo. Aquello era como un gran hermano. A partir de ese momento íbamos a pasar mucho tiempo juntos...
Y me olvidaba del nuevo Guía, Abdel y su aprendiz, Ismael. Abdel tenía el encanto de los hombres del norte de áfrica, esa mirada, esos labios gruesos... Ismael, tímido y callado, era en realidad un encanto. Me enseñó algunas cosas de árabe mientras cenábamos en la jaima.
Besos y sed felices

martes, agosto 08, 2006

Marrakech a primera vista



Al llegar al aeropuerto, incidente en aduana con mi profesión (no es fácil explicar que una es locutora de radio), y es que aquel tipo, el policía de la frontera, gendarme para ellos, me preguntaba en que emisora trabajaba, pues si había entendido que fuera locutora de radio.. Pero yo estaba cansada y no le comprendí, así que se me fue la mano al gesto que sin pensar fue demasiado descriptivo... La tercera, y la más duradera, pues sería la broma más frecuente durante todo el viaje...
Tras el pequeño malentendido y unas risas por parte del gendarme, salimos de aquel aeropuerto que, la verdad, después de la enorme T-4 se nos antojó pequeño. Tras unos enormes y dulces ojos negros se escondía sonriente Yousseff, el primero de nuestros guías. Amablemente nos explicó que nuestro hotel era el hotel Ayoub.
Y empezó nuestra expedición por medio de Marrakech. Yousseff nos comentaba las avenidas y barrios que atravesábamos, pero en el fondo no escuchábamos. No tenía ojos bastantes para abarcar cada calle, cada luz, cada edifició que veía ante mi... Durante un momento pensé: "Vaya, pues aquí no conducen mal, debe ser sólo en Egipto" pero eso me duró lo que dura un pensamiento pues antes de acabar de formular la frase en mi cabeza, el conductor del autobus casi se avalanza sobre unos chicos que cruzaban la calle... Todavía me estaba reponiendo del susto cuando de pronto una moto se cruza en su trayectoria, la cual no varía ni un centímetro y yo con el corazón en un puño mientras aquel loco del volante parecía estar en plena partida del carmageddon..

Medio infarto después y cuatro bocanadas de aire rápidas, llegamos hasta nuestro hotel. Ante nuestros ojos un edificio rosa, del mismo color que los sueños que poco a poco tomaban forma, y una sonrisa... bueno unas risas (todavía nos duraba el efecto de nuestros malentendidos).

Bajamos del autobús tres parejas, y entonces me di cuenta que ahí estaba aquellos dos que en la aduana de la T-4 me habían llamado la atención, el chico muy alto y la chica muy rubia... Habían venido con nosotras en el avión. Y también vi a aquella otra pareja, no me fijé mucho en ellos. Pero ellos sí se fijaron en nosotras y nuestras risas, que no paraban. Ya no podía más que llorar de tanto reír. Allí estábamos, en aquel recibidor que se nos antojó especialmente bonito, con sus pequeños taburetes, sus mesitas de mosaicos coloridos, mosaicos en las paredes, ese conserje... (nunca imaginé que los hombres de Marruecos pudieran llegar a ser tan guapos). Resultaba tan complicado rellenar esa dichosa ficha que, por cierto, siempre hay que rellenar en este país. Y otra vez la preguntita de marras... En que trabajo. Pues esta vez no pienso explicarlo, que luevo viene el cachondeito. Y de donde venimos (Y de paso a donde vamos) Pues venimos de Valencia, y entonces Yousseff, desde esa mirada encantadora (me perdí en esos ojos una y mil veces) nos explicó entre nuestras risas (no había forma de parar de reír) que no era de donde veníamos realmente, si no desde donde había salido el avión...
Y allí estábamos, las dos, con la risa como único lenguaje, con nuestras enormes maletas, nuestras mochilas y nuestra ilusión. Con la felicidad como abanderada y con esas miradas, esos ojos que nos miraban sonrientes desde el otro lado del estand de recepción. Y Yousseff, mirándonos y aguantando la sonrisa, por no resultar poco correcto, mientras nos despedía amablemente hasta el día siguiente, no sin antes dejarnos su número de teléfono, por si ocurría alguna incidencia más en el viaje... No volvimos a vernos, lástima.
Besos y sed felices

lunes, agosto 07, 2006

La partida

Ocho de la mañana, hora española. Nos despertamos con cierta dificultad. Kai no se decide a abrir sus ojos dulces, mientras estira sus patazas... Le miro, sé que durante ocho días le voy a extrañar tanto... Pando me mira y me sonríe ¡Tata, que nos vamos! y las dos nos levantamos de la cama rápidamente. preparamos las últimas cosas, unos bocadillos para el viaje, pasaremos el día entero viajando, arreglamos a Lula, que se quedará en casa, y recojo las cosas para Kai, que se va a sus vacaciones particulares.
Salimos hacia Valencia, hay que coger el tren a Madrid, pero primero hay que aparcar el coche, todo el camino cantando una ranchera que será la banda sonora del viaje, la ilusión dibujada en nuestra cara, las sonrisas radiantes y unas maletas repletas de ilusión... Y de equipaje.
En la estación, hasta las vías parecen decirnos adiós, miramos los trenes, las tiendas, tomamos café nerviosas y descubrimos con horror que los bocadillos se quedaron olvidados en el coche... Sin suerte, vaya por dios, volveremos con perfume...
Las 15h15 y el tren sale de Valencia y nosotras vemos a la ciudad decirnos "¡Hasta pronto!" y sabemos que Marrakech ya está un poquito más cerca y nuestros sueños se vuelven mientras un poquito más reales. El tren traquetea en la via rápido, su canción alegre, un clásico renovado que me hace pensar por un momento en mi querido Buster Keaton y en su General.. Hay si la General levantara la chimenea... Pues esta descendiente suya, que ya no luce vielas ni hermosas chimeneas bermellón, vuela por la vía, y aún así se nos antoja que va lenta, será que nuestro corazón late deprisa por llegar a nuestro destino...
Desahogamos nuestra desesperación con un pobre diablo al que se le ocurrió ser demasiado quisquilloso, y eso le valió ser el centro de nuestras risas durante medio viaje, y el otro medio también.. Ay, mi querida Pando, mira que somos malas cuando queremos, si es que no podemos esconder las marcas de nuestras alitas caídas...
Madrid, destino final de nuestro trayecto ferroviario, se empieza a vislumbrar, cuando el reloj marca las siete y el sol sigue su camino poniente. Entramos en Atocha, y al bajar los amigos que nos esperan para acompañarnos, o simplemente recibirnos. Que bueno es tener amigos. Rubén nos acompaña hasta el aeropuerto, y menos mal pues las maletas no solo las cargamos de ilusiones, y no veas como pesan, se han convertido en una prolongación de lastre de nosotras mismas, y cuando más andamos más nos cuesta arrastrarlas...
Dos metros y un autobús de línea después, llegamos a Barajas, T-4, temerosas de ser otras más de las vícitmas de esta terminal enorme y laberíntica, y la pregunta se dibuja en nuestra boca, mucho antes de que nuestra mente la analice: "¿Dónde están las Salidas?" Nos miramos a los ojos, mientras de reojo observo que Rubén ya sonríe malicioso.. ¿A quien se le ocurre? Dos chicas preguntado por las salidas... La respuesta fácil nos da paso a la carcajada, que nos roba un poco las fuerzas para estirar de nuesto lastre, mientras encontramos el camino a las Salidas, las de avión se entiende, y justo al final de todos los touroperadores el nuestro, donde intercambiamos el papel que hablaba de un sueño, por la realidad de unos pasajes a otro mundo.
Llegamos a la aduana, y de repente nos preguntamos por nuestras maletas-lastre, tanto tiempo con ellas arrastrándolas que ya las notamos como prolongación y ahora que ya no están creemos haberlas perdido. No, las maletas nos esperan en nuestro avión. Estamos a la puerta de la frontera entre nuestra realidad y nuestro sueño, y Rubén nos dice adiós. Gracias le decimos, y siento cierta tristeza, hacía tiempo que no nos veíamos, pero me alegra verle, sin duda, que bueno es tener amigos.
Una chica risueña nos pide que nos desprendamos de objetos metálicos y llega la segunda pregunta formulada sin pensar ¿Los anillos también? pregunta hecha acompañada de cierto gesto con ambos dedos anulares... La chica me dice que no, se ríe y me replica "no hacía falta el gesto" y yo me quedo mirandola y entonces caigo en la cuenta que la envié sin querer a freír espárragos, por decirlo suave. El Guardia civil riéndose, yo cambiando a bermellon mi cara, cual camaleón, y una parejita que me llama la atención, tal vez porque ella es muy rubia y él muy alto, pasando la aduana ajenos a la broma.
Un tren sin conductor (¿qué diría a esto Mr Keaton?) nos lleva a lo que nos dicen, es el satélite,desde donde sale nuestro avión, y paseamos por un rato en tierra de nadie, compramos perfume y cenamos más de lo que quisíeramos. Pasa el rato, con frío, el aire demasiado fuerte en esta terminal algo silenciosa, abandonada, tal vez es demasiado nueva y eso se nota. Y es el momento del embarque, yo perdida buscando algo con que calentarme y Pando llamándome desesperada "¿dónde estás? Corre que no nos vamos" Y yo corriendo por los pasillos automáticos, corriendo, y resbalando, buscando la dichosa puerta de embarque que, como no, es de las últimas, y por fin la veo, casi me quedo sin cámara "Pando, ¿y la cámara?" "ups, está ahi" casi hago papilla de Pando, menos mal que Eros estaba a salvo, sólo algo olvidada...
Cámara, mochilas y sonrisas, toda nuestra carga de cabina, y el chico de la puerta nos sonríe y el avión ya está calentando sus motores "Tata, que ya nos vamos" y el avión nos acoje, como la matriz de un sueño que está apunto de ser real.
Una azafata nos da instrucciones en árabe y francés, ambos idiomas casi desconocidos ahora, ya veremos a la vuelta. Se encienden las luces de abrocharse el cinturón, el avión se mueve, se alinea con la pista y empieza su carrera y siento que voy en un F1, me gusta esta sensación de velocidad. Levanta el morro, apunta hacia las estrellas y las luces se hacen cada vez más pequeñas. Desde arriba, las carreteras brillan, reconozco ciudades según sus luces, el cielo se adivina oscuro y Marrakech está un poquito más cerca.
En la cabina las azafatas nos sirven algo de comer, ¿otra cena? ya van dos. Vemos por la ventana el estrecho de Gibraltar y el norte de Africa y sabemos que en breve llegaremos a nuestro destino. Por fin.
Las luces del cinturón se encienden, el avión empieza a alinearse en el cielo con la pista, baja el morro, saca las ruedas, y descendemos hasta tomar tierra africana. Ya hemos llegado, por fin.
¡Tata, que ya estamos!

Besos y sed felices

domingo, agosto 06, 2006

Siempre nos quedará... Marrakech




Dos horas menos que en España... Las siete de la tarde y el sol desciende después de habernos ajusticiado sin compasión durante el día.
Djemaa-el-Fna revive. La gente sale a la calle, suena la música, las mujeres pintan tatuajes de henna bajo sombrillas que ahora están cerradas, en pequeños taburetes de plástico. Tambores por todas partes sonando. En la entrada quedó el olor a cuadra y orines de los caballos, que ahora se ha cambiado por olor a cordero asado, taillín, pinchos y couscous que se cocina al aire libre para todo aquel que se atreva a probarlo.
Mientras andamos, a nuestro alrededor aparecen mil ojos, que se convierten en guardianes dispuestos a acompañarnos, ayudarnos a regatear, seducirnos con esas miradas que sólo he visto en Africa...
La luna brilla intensa en el cielo, aunque sabemos que pronto se irá, todavía no sabemos bien por qué la luna en Marrakech se va tan pronto a dormir. Las estrellas llenan el cielo y conforme nos adentramos en el Zoco de Djemaa-el-Fna, resuenan diferentes voces y músicas, en el aire flota un aroma a especias indescriptible y me siento, nos sentimos fuera de todo, en otra parte, en otro mundo donde todo es posible, donde olvidar y sonreir se hace tremendamente fácil.
Desde el cielo estrellado de unos ojos profundamente negros y sonrientes, nos llega un saludo, un amigo, que ya no olvidaremos... Senegalés de nacimiento y marroquí de adopción, percusionista y risueño, dulce amigo incapaz de negarnos nada y conocido por todo el mundo, es el rey, sin duda.
Mientras nos habla de sus tierras, la propia y la de adopción, nos pasea en el laberinto del zoco, perdiéndonos entre callejuelas y placitas, donde comerciantes risueños nos ofrecen sus productos, y resulta difícil no entrar en el juego del regateo.
Poco a poco la luna se despide, el cielo se queda sólo con sus estrellas, la gente empieza a irse, con pereza, y los puestos a cerrarse, la plaza se vacía y nosotras debemos irnos, pero antes un zumo de naranja es el puente que nos une, Valencia y Marraketch. Nunca pensé que un zumo de naranja pudiera saber tan diferentemente igual.
Volvemos al hotel, mientras los coches pasan casi rozándonos al cruzar las calles, repletas de gente que pasea, las calesas llevan a los turistas de una parte a otra de la ciudad y en el aire ese perfume indescriptible...
Y al girarme y ver de lejos la Koutubia, las luces todavía encendidas de Djemaa-el-Fna, los coches como locos por la calle, y las calesas, más de las que he visto en mi vida, mientras todavía remolonea en mi boca el sabor de la naranja, me doy cuenta que ya nunca podré ser la misma... Me he quedado atrapada por siempre en la magia de Marrakech...



Besos y sed Felices

miércoles, julio 26, 2006

Fotografía



Hace aproximadamente 28 años que cogí una cámara por primera vez. Una que fuera mía, se entiende. Porque alguna vez mi padre me había dejado su fabulosa leica. Mi Leika ahora.
Hace aproximademente 29 años, entré por primera vez en un estudio fotográfico de revelado. Por supuesto, aunque el nombre sea grande, aquel estudio era pequeño. Está todavía en casa de mi madre. Un cuarto de baño pequeño, convertido en La Sala de Las Maravillas.
Crecí oliendo líquidos de fotografía, viendo secarse películas en la vara de al cortina de la ducha, sabiendo que 25 segundos podían ser la clave del milagro, observando como por arte de magia, aparecía una imagen en un papel que antes era blanco, viendo la luz roja, sintiendo el suave tacto de la película, oyendo el click de un disparo, haciendo trucos con cristales, con filtros, jugando a un juego que pocos niños juegan.
Antes que yo naciera ya era fotógrafa. Lo llevo en la sangre. Mi abuelo fue el que me lo inculcó, aunque no sé bien desde donde, pues nunca le conocí.
El padre de mi madre, Hipólito, ese era su nombre. Hipólito era fotógrafo, y era feliz con una cámara en la mano. Sus fotos reflejan una época, un mundo, una familia a la que adoraba, su sensibilidad, y su sonrisa. Tengo muchas fotos de él, y en todas su sonrisa enorme me recuerda que era feliz. Mi abuela se enfadaba con él y Hipólito lo arreglaba todo poniendo en el viejo gramófono "dos gardenias" y sacándola a bailar: "Vamos, Anita, que no es para tanto boba, ven aquí a bailar" Y con esa enorme sonrisa, mi abuela sólo podía que sonreir y olvidar su enfado.
Mi abuelo dejó en la que es ahora la casa de mi madre, un laboratorio y un montón de objetos. Algunos están allí guardados. Otros los tengo yo. Conservo sus pinzas de sacar las fotos de las cubetas, y sigo úsandolas cuando amplio mis fotos, aunque hace tiempo que no puedo hacerlo. También tengo su tanque de revelado, en total tengo tres tanques de revelado, de los que dos son de mi abuelo. Para quien no lo sepa, un tanque de revelado es un cubo de unos 20cm de diámetro, aproximadamente, y de una profundidad de unos 30cm. Es complatemente negro y opaco, y estos son de fibra de vidrio, porque en esa época no había plástico. En su interior hay un eje que tiene dos hélices, entre las que se engancha la película sin revelar. Cuando el cubo se cierra, en su interior hay completa oscuridad. Se introducen por un pequeño agujero que hay en la tapa, los líquidos y se revelan los negativos.
También conservo una preciosa probeta de vidrio, de las antiguas, con las que mido las concentraciones de líquidos, y alguna cubeta. Y el mayor tesoro que tengo en casa, aunque no lo uso, pues he de confensar avergonzada que todavía no sé meter un carrete en ella, es la Leika. Una preciosa Leika, que funciona a la perfección, con una funda de cuero, como ya no se hacen, su robusto cuerpo alemán, su sistema de cortinilla y un objetivo con un curioso sistema para extenderlo. Tambien tengo un flash, pero el que yo conservo es moderno. En casa de mi madre, en el laboratorio, todavía hay uno de fósforo. Y placas, que son negativos en cristal.
Cuando era pequeña mi padre, que se había aficcionado a la fotografía porque su suegra le regaló la Leika, pasaba horas en el cuartito del laboratorio, y yo me colaba:
-Esther, si entras sabes que hasta que no estén reveladas, no podrás salir.
-Si papá
-Y no puedes tocar los líquidos, que son peligrosos.
-No papá. ¿Puedo contar yo?
-Claro cariño. Mira vamos a hacer un truco con esta foto tuya- me decía mientras colocaba un trozo de vidrio distorsionado entre el papel y la luz de la imagen que la ampliadora dejaba caer, filtrada con el rojo de la lente que permitía exponer el papel sólo el tiempo adecuado. Luego el papel pasaba a los líquidos, y yo miraba asombrada incluso cuando ya lo había visto miles de veces, como la imagen aparecía poco a poco en el papel.. "Es magia" me decía a mi misma. Con el tiempo supe que sólo era un proceso químico del bromuro de plata en reacción...
Cuando era pequeña, mientras mis amigas jugaban a muñecas, yo me quedaba embobada mirando la película recién sacada del tanque, colgada para secarse, con ese olor tan peculiar del acetato. Mientras ellas soñaban con casarse con un abogado o un médico y tener muchos hijos, yo pensaba en ser reportera gráfica de primera linea de frente. Eran los años setenta, Vietnam estaba en guerra con EEUU y a mi me asombraban aquellas fotografías que llegaban a los periódicos...
Evidentemente, no soy fotógrafa en el frente, pero sigo haciendo fotos. Desde aquella Kodak poquet ha llovido mucho. He tenido una Yashicca MG-2, una Pentax P301, una Minolta M-2 y hoy en día, desde hace 13 años, una Nikon F601-M, a la que llamo Eros. No me atrae la fotografía digital, aunque comprendo que es mucho más práctica, pero que quereis que os diga, adoro el tacto de mi disparador, decidir si fuerzo o no un carrete, poner película en sus rodillos, elegir la sensibilidad con la que voy a trabajar, y sobretodo adoro la paciencia con la que ella me deja elegir el mejor plano, como me habla, susurrándome palabras que nadie más entiende, sé que no me va a defraudar y por eso es mi mejor compañero, mi mejor amiga, mi amante más fiel.
Besos y sed felices...

viernes, julio 21, 2006

Informe sobre caricias

1
La caricia es un lenguaje
si tus caricias me hablan
no quisiera que se callen


Mientras callas, y me miras, me dejas regodearme en tu cuerpo dulce y suave, pasearme despacio por él, hasta llegar a tus labios y depositar un beso en forma de caricia... Tu piel me habla y yo la escucho, dejo que se exprese y en silencio te dejo mi mensaje codificado en cada dedo de mi mano, que escribe caricias lentas en tu piel... Y tu mano se distrae en mi espalda, bajando despacio y perdiéndose en la curva de mis nalgas... Que no callen tus caricias, que me dicen cuanto deseas que siga hablándote sin palabras.

2
La caricia no es la copia
de otra caricia lejana
es una nueva versión
casi siempre mejorada


Debe ser por eso que cada vez que tus manos se distraen en mi pecho me excita de formas diferentes... Debe ser que nunca repites, más bien improvisas, como un músico de jazz sobre el contrabajo de mi cuerpo.. Puntea un poco más, practica el pizzicato y no pierdas el ritmo que me gusta esta nueva melodía...

3
Es la fiesta de la piel
la caricia mientras dura
y cuando se aleja deja
sin amparo la lujuria

Necesito celebrar una vez más la lujuria de tu piel en mis labios, de tu cuerpo entre mis brazos, de tu abrazo entre mi piel, y dejar que la pasión nos emborrache una vez más...

4
Las caricias de los sueños
que son prodigio y encanto
adolecen de un defecto
no tienen tacto

Esta noche volví a soñar contigo, sentí tu cuerpo aferrándose al mío, tus labios acariciando mi nuca, tus manos perdiéndose en cada rincón, en cada pliegue, haciendome volar al octavo cielo, pues el séptimo ya hace tiempo que se quedó bajo. El sol entró sin permiso por la ventana y se metió en mi cama y me hizo cosquillas en los ojos hasta que los abrí para descubrir que estaba abrazada al vacío que tu cuerpo dejó al marcharte...

5
Como aventura y enigma
la caricia empieza antes
de convertirse en caricia


El hombre de negocios habla con exagerada verborrea de cifras y números... Hace rato que me he perdido en sus palabras para encontrarme en tu mirada. Intensa. Penetrante. Siento como despacio me desnudas, despojándome de todo aburrimiento con la ropa que lentamente cae en el suelo, tu pelo me hace cosquillas en el pecho mientras tus labios besan mi ombligo, tus manos se pierden en cada curva, en cada redondez, en cada planicie que mi cuerpo le ofrece, y yo me dejo llevar por mis labios en un viaje improvisado al centro de tu piel....
Los aplausos irrumpen, parpadeo, me escapo de tu mirada para volver por un momento a la cena... Tu ya estás levantandote y disculpándote, mientras me miras cómplice y te vas hacia el salón contiguo... Te sigo, primero con la mirada, y luego con los pies. Siento como despacio me desnudas, despojándome de todo aburrimiento....

6
Es claro que lo mejor
no es la caricia en sí misma
si no su continuación

Me miras desde unos ojos extremadamente brillantes, seductoramente viciosos... La caricia fue sólo el prólogo al deseo que se escribe con letras de pasión sobre nuestros cuerpos sudados, perdidamente enamorados en ese paréntesis que le hemos robado al tiempo para hacerlo nuestro.

Besos y sed felices

(Gracias Benedetti)


Fragilidad

Justo ese es el término que R. gastó para definir mi relación con Fran. Y yo decía Fracaso, uno más. Ese era el término que yo gastaba. Una hora y media después de debatir sobre el fracaso y la fragilidad, nos despedimos, se acabó mi tiempo por ese día...
Quince días han pasado y yo sigo dándole vueltas... Fragilidad. Fragilidad fue también el término que gastó una amiga. Decía que las relaciones son como jarrones de cristal muy delicado, que cuando caen a tierra, estallan en tantos pedazos que es imposible recomponerlos...
Se nos caería de las manos igual y se rompería en mil pedazos. Pues no lo sé, yo sigo creyendo que sólo es un fracaso más. Y que no se me entienda mal, no es que yo me sienta fracasada. No. Creo que hay gente para todo. Que no todo en la vida se nos da bien. A mi no se me da bien el amor. No sé si me error radica en que siempre tropiezo con los hombres menos adecuados, o que quizá soy un completo desastre... O tal vez el problema sea que no creo en el amor. Porque digo yo que eso debiera ser importante.
La cuestión es que R. insiste, FRAGILIDAD. Fracaso, mi querido R., Fracaso. Empiezan igual pero no son lo mismo. Si fuera frágil hubiera podido perdurar con algo de mimo y cuidado. El fracaso se caracteriza porque nada se puede hacer, está predestinado a su fin.
En cualquier caso se rompió, fuera fracaso o fragilidad, la cuestión es que se deshizo como el hielo en el verano. Va a ser que quizá si fuera frágil, como el hielo en el verano... O un fracaso como un iglú bajo un sol de 35 grados.
¿que importa? creo que no voy a darle más vueltas. Ya le he dedicado demasiado tiempo.
Besos y sed felices

Boleros


-Hola, ¿que tal? me llamo Fran
-Hola, un placer, yo Esther
-¿A qué te dedicas?
-Trabajo, ¿Y tú?
-También...
(...) Dos horas y media después
-¿Cenamos juntos el sábado? sólo si quieres ¿vale?
-Deacuerdo...
Esa fue nuestra primera conversación, como tantas otras, en tantas otras ocasiones. El sábado, por supuesto, quedamos. Al verme me levantó en el aire y por un momento creí que volaba. La noche acabó a la mañana siguiente, con un café y un beso y promesas en el aire....
"Vas a ser la mujer más feliz del mundo"... No, esta justo no la dijo, menos mal, sería otra de tantas que el viento se hubiera llevado. "Espero que esta amistad dure mucho y si no es así, que no sea por mi"... Esta sí la dijo, pero fue de las que el viento se llevó.
Seis meses después se fue de mi vida, tras una llamada telefónica en la que lo único que dijo claro fue un "lo siento, no sé lo que siento, será mejor que lo dejemos". Después de esa llamada, una semana de infierno, y cuatro meses de espera.
Cuatro meses esperando que me explicara que pasó, cuatro meses maldiciendo, llorando, sufriendo, pensando, analizando, sonriendo a medias, volviendo a maldecir, preguntandome que hice mal, llegando a las mismas conclusiones, volviendo a soñar noche tras noche con él, despertándome sin él...
Ahora estoy cansada. Hace cuatro posts, aproximadamente, y unos cuantos días, decidí que era mejor irme de aquí. No soy Penélope y esto no es una estación de trenes. No voy a esperar eternamente viviendo un sueño, sabiendo que sólo es un rayo de luna, mientras tejo por las noches esperanzas, que deshago al amanecer.
Tu tiempo se ha acabado, El Reloj de mi vida vuelve a marcar las horas. Ya no canto Esperaré ni espero al Dia que me quieras mientras pienso que esta tarde vi llover y que eres la razón de mi existencia. Dejaré dos gardenias en la tumba de nuestra historia de amor. Ya no acariciaré más tu Piel Canela ni tendrás que preocuparte si la gente piensa que Somos Novios. Contigo en la distancia se que, Total, Nosotros ya no tenemos nada que decirnos. Aunque me cueste la vida te olvidaré y seguiré mi camino. No me vayas a engañar más, ya me hiciste bastante daño. Lo que viví contigo será Inolvidable pero con el tiempo ya no me dolerá. No sé tú que pensarás ni si creerás La mentira que tú mismo te contaste. Me hizo falta abrirte La puerta de mi vida y tuve Mucho corazón, demasiado para ti. Voy a apagar la luz que la Esperanza mantuvo encendida. Contigo aprendí que no vale la pena amar ni perder el tiempo. Te extraño y maldigo cada momento en que no se Cómo, me encuentro en el Delirio de seguir sintiendo por ti. Sin ti tal vez mi vida ya no sea como soñé, pero seguro que seré feliz. Si a ti te hicieron daño, Más daño me hizo tu amor, no sigas llorando por las esquinas y gritando a los cuatro vientos Cuanto duele una traición, cuando tú no supiste ser mucho mejor.
Besos y sed felices

miércoles, julio 19, 2006

Se te va a pasar el arroz

¿xica, encara ets fadrina? ains te se passarà l'arrossssssss....
Si, soy soltera, y no, el arroz sólo se pasa en la cocina.
Una mujer mayor de 30 años y sin hijos, que sea soltera porque nunca se ha casado, en ciertos ambientes es casi el diablo con minifalda... Las mujeres de más de sesenta te miran de reojo, a veces con cara de desprecio, otras con una expresión de compasión. Muy pocas con indiferencia.
Yo supero los 30, no tengo hijos y no estoy casada ni lo he estado nunca. No es una maldición, ni tampoco es que mi caracter aparte a los "pobres" y "sufridos" hombres, o que me guste demasiado la fiesta. Simplemente es mi elección. Simplemente nadie me ha dado suficientes argumentos a favor de cambiar mi estado civil como para hacerlo.
No creo en el matrimonio, ni en las leyes, ya sean del cielo o de la tierra, que obligan a alguien a estar junto a ti para toda la vida. Creo en la complicidad, en la compatibilidad y en sentimientos reales. No creo que sean necesarios pactos entre familias, pero si creo necesario el amor. Este mundo está falto de amor.
No es que quiera vivir sola toda mi vida, pero tampoco aspiro a contratos que aten a nadie a cumplir ciertas obligaciones para conmigo. Aspiro a poder conservar mi libertad y compartirla, tener siempre mis pequeños espacios privados y no renunciar a Mi para ser La Mujer De.
A mi no se me pasa el arroz, a menos que le ponga más agua de la cuenta o lo cocine con cebolla. Y mira que me esfuerzo, pero sigo sin comprender que tiene que ver el arroz bien cocinado con mi vida ordenadamente desordenada.
"Si, encara soc fadrina, es que m'agrada l'arross així, molt cuit, a mes es Bomba, i ja sap, n'hi ha que possarli mes aigua"... La señora me mira un poco extrañada, con esa expresión que dice, "esta no sabe de que le hablo o se hace la loca" y yo prudentemente cambio el tema "i a vosté se li passa l'arross o ja se ho a menjat?"
Besos y sed felices

martes, julio 18, 2006

Ecos de guerra


Letras de Canciones


A miles de kilómetros de aquí, en la otra parte del Mediterráneo, hebreos y palestinos siguen enfrentándose en una guerra de siglos.
Cada mañana enciendo la tv a las seis y oigo las mismas noticias: Israel ha bombardeado.... Un suicida se ha inmolado en... no sé cuantos muertos... heridos, niños... Y me quedo fría, impasible eso me asusta más que el sonido de las trazadoras... Al final te acostumbras a todo. También a la muerte. No debería ser así.
En la otra parte del mundo, diametralmente opuesta a Israel, suena un click, alguien ve pasar toda su vida en segundos, quieto, inmovilizado, sabiendo que su próximo paso será el último, y que con suerte sólo verá volar su pierna...
En la cera de enfrente un hombre grita a una mujer que parece encogerse con sus gritos, le alza la mano, aparece la policía, la gente a su alrededor les separa, la policía se lleva al hombre, visiblemente borracho, la gente murmura, y luego otra vez silencio...
Corea prueba sus misiles nucleares, EEUU amenaza con descargar su arsenal, En la selva centroamericana la guerrilla secuestra europeos, Guantánamo nos ofrece sus misierias para quien quiera mirar, niños se hieren a pedradas disparadas con tirachinas, un jefe grita, una puerta se cierra, y en el cine los heroes se enfrentan a los villanos...
Y hay quien tiene el valor de criticar el amor... Y John sigue soñando desde donde quiera que esté, una utopía que parece quedarnos tan lejos.
El noticiero anuncia un nuevo bombardeo y yo me siento un poco más triste...
Besos y sed felices

lunes, julio 17, 2006

Aires de nostalgia desde la otra parte del mundo

La lavadora ha acabado su ciclo. Voy a tender. Salgo al balcón de la cocina y me asomo al patio de luces, un mundo aparte.
Desde una ventana escucho sonar una bachata y una voz que adivino colombiana, cantando a coro con ella...
Dos pisos más abajo, el cadencial sonido del portugues brasileiro me llega a los oídos, suena a bosanova y samba, mientras en mi nariz repica el fuerte olor a especias de cocina africana, dos ventanas más allá, la mujer senegalesa, de pelo trenzado, cocina un plato desconocido para mi, mientras oigo a su bebé llorar y una voz de ébano y timbal decirle algo en un dialecto que no entiendo...
Dos fincas más allá, en la galería de otra cocina, una mujer ecuatoriana canta, mientras habla con alegre tono a una anciana a la que cuida, y que a ratos veo asomarse, dándole indicaciones de como limpiar los cristales...
Atardece, pasa un coche por la calle con reaggeton a toda máquina y en el balcón de enfrente oigo música marroquí mientras veo asomarse una mujer con su burka y siento escalofríos de pensar en represión...
Oigo voces desde la calle, un grupo de rumanos se reune en una esquina, mientras en la de enfrente hacen lo propio un grupo de argelinos...
Anochece y paseo al perro, el bazar chino cierra sus puertas, me llega olor a rollito de primavera desde un restaurante y desde otro, el inconfundible aroma de la carne de cordero adobada del Donner kebab. El hindú del locutorio empieza a hacer caja para cerrar su tienda, que hace las veces de ultramarino y en el bar de peruanos oigo risas y otra vez aromas de platos que no conozco...
Un chico de piel de ébano y peinado indescriptible me clava su mirada profunda, desde el balcón de unos ojos enormemente negros, profundamente expresivos y un niño llora mientras su madre le riñe en búlgaro...
Subo los escalones, hasta mi casa, cumbia en el patio de luces, rusos hablando en la terraza mientras cenan y la luna asoma tímidamente en este cielo multirracial...
Besos y sed felices

miércoles, julio 12, 2006

Ilusiones ópticas

Vivo de ilusiones, o de esperanzas. Creo ver lo que no existe, y hay imágenes que se me repiten en mis sueños y a veces creo que son reales.
Creo que tal vez llame, o tal vez vuelva, o tal vez exista. Pero es sólo ilusión Optica, un engaño, como las imágenes estáticas que parecen moverse.
En el fondo, o en el trasfondo de la vida, todos acabamos por ver lo que no existe, por creernos lo que nos gustaría y en realidad, sólo vemos un rayo fugaz de luz, un caballito de mar en una nube que pasa, o la sombra de quien nos gustaría encontrarnos.
¿Y qué más da? La cuestión es ser felices, aunque sólo aparentemos serlo, la cuestión es sonreír y que parezca que todo va bien, al final acabamos por creérnoslo y todo se pasa, o se pasará cuando menos lo esperemos.
Hay quien genera imágenes virtuales de sí mismo para hacernos creer que es quien realmente no es. ¿Y cómo se distingue una ilusión óptica, un espejismo, de la realidad?¿y realmente queremos ver la imagen real? porque alomejor nos decepciona que todo no sea tan bonito. A veces no vale la pena despertar, Neo, ya viste que la realidad no era tan bonita como tu sueño, y tú creíste que tu sueño era malo...
Ya ves Segismundo que el amor solo es como dijo Bécquer un rayo de luna que se reflejó en el jardín, y aún así no dejas de perseguirlo:

"y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende".
Yo soñé contigo, y tal vez tú existite en el frágil espacio de una gota de agua que al caer al suelo estalla en mil gotas...
Tal vez cada gota contenga un estracto real de un sueño irreal que yo creí cierto...
Tal vez vuelva a dejar que otra imagen de caleidoscopio, tan falsa como la última, me haga sonreír. O tal vez ya no soy capaz de ver más allá de lo que realmente existe...
De momento te dejo mi sonrisa, que tal vez sea un engaño más, otra ilusión óptica, o puede que esta vez esté sonriendo de verdad... Quien sabe.
"Manrique, presa su imaginación de un vértigo de poesía, después de atravesar el puente, desde donde contempló un momento la negra silueta de la ciudad, que se destacaba sobre el fondo de algunas nubes blanquecinas y ligeras arrolladas en el horizonte, se internó en las desiertas ruinas de los Templarios.
La media noche tocaba a su punto. La luna, que se había ido remontando lentamente, estaba ya en lo más alto del cielo, cuando al entrar en una oscura alameda que conducía desde el derruido claustro a la margen del Duero, Manrique exhaló un grito leve y ahogado, mezcla extraña de sorpresa, de temor y de júbilo.
En el fondo de la sombría alameda había visto agitarse una cosa blanca, que flotó un momento y desapareció en la oscuridad. La orla del traje de una mujer, de una mujer que había cruzado el sendero y se ocultaba entre el follaje, en el mismo instante en que el loco soñador de quimeras o imposibles penetraba en los jardines.
-¡Una mujer desconocida!... ¡En este sitio!..., ¡a estas horas! Esa, esa es la mujer que yo busco -exclamó Manrique; y se lanzó en su seguimiento, rápido como una saeta.
Llegó al punto en que había visto perderse entre la espesura de las ramas a la mujer misteriosa. Había desaparecido. ¿Por dónde? Allá lejos, muy lejos, creyó divisar por entre los cruzados troncos de los árboles como una claridad o una forma blanca que se movía.
-¡Es ella, es ella, que lleva alas en los pies y huye como una sombra! -dijo, y se precipitó en su busca, separando con las manos las redes de hiedra que se extendían como un tapiz de unos en otros álamos. Llegó rompiendo por entre la maleza y las plantas parásitas hasta una especie de rellano que iluminaba la claridad del cielo... ¡Nadie!
(...)
Y esa mujer, que es hermosa como el más hermoso de mis sueños de adolescente, que piensa como yo pienso, que gusta como yo gusto, que odia lo que yo odio, que es un espíritu humano de mi espíritu, que es el complemento de mi ser, ¿no se ha de sentir conmovida al encontrarme? ¿No me ha de amar como yo la amaré, como la amo ya, con todas las fuerzas de mi vida, con todas las facultades de mi alma?
Vamos, vamos al sitio donde la vi la primera y única vez que le he visto... ¿Quién sabe si, caprichosa como yo, amiga de la soledad y el misterio, como todas las almas soñadoras, se complace en vagar por entre las ruinas, en el silencio de la noche?
Dos meses habían transcurrido desde que el escudero de D. Alonso de Valdecuellos desengañó al iluso Manrique; dos meses durante los cuales en cada hora había formado un castillo en el aire, que la realidad desvanecía con un soplo; dos meses, durante los cuales había buscado en vano a aquella mujer desconocida, cuyo absurdo amor iba creciendo en su alma, merced a sus aún más absurdas imaginaciones, cuando después de atravesar absorto en estas ideas el puente que conduce a los Templarios, el enamorado joven se perdió entre las intrincadas sendas de sus jardines.
La noche estaba serena y hermosa, la luna brillaba en toda su plenitud en lo más alto del cielo, y el viento suspiraba con un rumor dulcísimo entre las hojas de los árboles.
Manrique llegó al claustro, tendió la vista por su recinto y miró a través de las macizas columnas de sus arcadas... Estaba desierto.
Salió de él, encaminó sus pasos hacia la oscura alameda que conduce al Duero, y aún no había penetrado en ella, cuando de sus labios se escapó un grito de júbilo.
Había visto flotar un instante y desaparecer el extremo del traje blanco, del traje blanco de la mujer de sus sueños, de la mujer que ya amaba como un loco.
Corre, corre en su busca, llega al sitio en que la ha visto desaparecer; pero al llegar se detiene, fija los espantados ojos en el suelo, permanece un rato inmóvil; un ligero temblor nervioso agita sus miembros, un temblor que va creciendo, que va creciendo y ofrece los síntomas de una verdadera convulsión, y prorrumpe al fin una carcajada, una carcajada sonora, estridente, horrible.
Aquella cosa blanca, ligera, flotante, había vuelto a brillar ante sus ojos, pero había brillado a sus pies un instante, no más que un instante.
Era un rayo de luna, un rayo de luna que penetraba a intervalos por entre la verde bóveda de los árboles cuando el viento movía sus ramas."
Besos y sed Felices.

viernes, julio 07, 2006

Estadios de soledad

La soledad tiene sus formas.
Siempre he vivido sola. Lo cierto es que disfruto de la soledad. Da una cierta libertad, una vida interior que no se consigue de otro modo.
Cuando digo que siempre he vivido sola, es obvio que no hablo de una soledad física. Pero hay muchas formas de estar sola, ya lo dije al principio.
A mi no me desagrada la soledad siempre y cuando la busco, que es muy amenudo. Me gusta charlar conmigo misma, analizar las circunstancias y en base a ellas actuar. Me gusta pensar. Tal vez pienso demasiado a veces.
Pero hay momentos en que la soledad viene a por ti sin que la llames. En esos momentos te coge el alma y te la estruja. Nieva por dentro y las luces se funden. No se oyen los coches en la calle, ni los gritos de los niños en el parque. Puedes andar por una calle llena de gente y no ver a nadie.
Hay soledades tristes en las que si te quedas, el sol nunca aparece. Siempre llueve una lluvia fina resbaladiza, que cala hasta lo más hondo.
Hay días en los que parece que nadie te escucha ni te ve, la soledad te vuelve transparente, invisible, podrías gritar con toda tu alma y nadie te oiría...
Lo malo de elegir la soledad es que no siempre es voluntario y en esos momentos, aunque sean breves, en que desearías un abrazo o una conversación con alguien que no ande sobre cuatro patas, es cuando recuerdas que la soledad tiene muchas formas y a veces viene a buscarte...
¿Será que llevo demasiado tiempo a solas?

Quiero que comprendas, en un pozo caimos
Tuvimos nuestro pacto y no lo cumplimos
Y no es cuestión de culpas nada más
Si el ángel que cuidaba nuestra puerta lo hizo mal
Y no hay que hacer preguntas que no tienen respuesta
La vida está plagada de malditas apuestas
Y no hay ninguna duda, te perdí
Pero el perro que tenía me alquiló su cicatriz.
SoledadY ya no hay nada que hacer, la distancia no entiende de penas
Y ya no hay nada que hacer, con pasiones y vidas ajenas.
Maltratado por el humo me acosté
Más que nunca tengo escrito soledad en mi pared.
Me esperan noches largas tirado en la alfombra
Prefiero estar a oscuras por no ver mi sombra
Y tal vez no reconozca que te vi
Estabas con tu saco verde y tu bufanda gris.
Soledad
Y ya no hay nada que hacer, la distancia no entiende de penas
Y ya no hay nada que hacer, con pasiones y vidas ajenas.
Maltratado por el humo me acosté
Más que nunca tengo escrito soledad en mi pared.
Y ya no hay nada que hacer soledad
Y ya no hay nada que hacer, con pasiones y vidas ajenas.
Y ya no hay nada que hacer soledad
Y ya no hay nada que hacer, con pasiones y vidas ajenas.
Uh, soledad...

martes, julio 04, 2006

La Despedida, o como romper el silencio

Durante cuatro meses he soportado este silencio, que me carcome.
Voy merodeando por los vacíos de mi alma, rebuscando en el hueco de mi corazón, los restos del naufragio, y esperando que el silencio se muera o se diluya en el agua de mis lágrimas o en el eco de tu voz dulce.
Espero sin sentido y me quedo dormida a la orilla de tu cobardía, que parece aumentar según pasa el tiempo. Siento el frío de tu ausencia que me hiela de dentro afuera, desde ese agujero negro en el que se convirtió mi corazón, como a veces pasa con las estrellas.
Dicen que miro triste, que no sonríen mis ojos. Será que siguen llorando en silencio, aunque nadie los ve llorar. Ya me cuido yo que así sea.
Miro con distancia, como si nada de lo que ante mi hubiera existiera en realidad. Miro hacia ti, y en la distancia sigo mirándote a los ojos para ver si por fin me respondes, pero tus ojos se ven borrosos, como en neblina, la neblina del muro que has construido entre tú y yo, creyendo que así tal vez yo no te vea.
Pero te veo. Sé donde estás. Sé que no eres más que la sombra de lo que quisiste hacerme creer que eras. Sólo eres un disfraz, un espejismo, el reflejo de un rayo de luna. Nada.
Y aún así sigo esperando, creyendo que tal vez si que seas real, y cada día que pasa me doy más cuenta que nunca vas a dar la cara. No eres nada. Sólo el rayo de luna que se va al salir el sol.
Y por eso me voy.... Ya me he cansado de esperar a que el rayo de luz se convierta en lo que nunca podrá ser. La oscuridad de tu silencio ha apagado todo reflejo de tu espejismo, y por mi parte no quedan ya ni las ganas.
Tal vez sólo necesites tiempo, pero en la clepsidra de mi vida tu agua ha dejado de gotear. No puedo ni quiero seguir viendo caer la gota que quedó suspendida en el aire. No voy a mirar las ondas que deja, ni siquiera voy a esperar que la espera desespere, ni que el silencio se vuelva estruendo de amor como cristales rompiendose contra el suelo de tu olvido.
Huiste porque no supiste amar, o tal vez porque este amor se te quedó grande, me da igual, francamente. Me abandonaste, no tuviste valor ni de apoyarme, y quieres ser mi amigo, cuando ni siquiera te preocupas de si respiro. Que lástima pero adiós...
Y sigo pensándote, pero no dejas de ser un rayo de luna que un día vi y creí que era mi sueño. Pero los sueños sueños son y tú sólo fuiste la sombra de un sueño, no diste para más.
Ando en círculos alrededor de tu recuerdo, merodeando en la memoria, rebuscando algún resto de tu sabor en mis labios, o el tacto de tu piel en mis manos, pero si soy sincera, descubro que ya el tiempo dio paso al olvido que empieza a devorar todo resto de tu recuerdo.
Sigo amándote y sigo soñándote, pero debo irme. Es el momento de partir, de alejarme de tanto daño y acabar con la niebla que cubre mis ojos, para que puedan volver a sonreir.

Porque no supiste entender a mi corazón
lo que había en el,
porque no tuviste el valor
de ver quién soy.
Porque no escuchas lo que
está tan cerca de ti,
sólo el ruido de afuera
y yo, que estoy a un lado
desaparezco para ti
No voy a llorar y decir,
que no merezco esto porque,
es probable que lo merezco
pero no lo quiero, por eso...
Me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti y
me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti.
Porque sé, que me espera algo mejor
alguien que sepa darme amor,
de ese que endulza la sal
y hace que, salga el sol.
Yo que pensé, nunca me iría de ti,
que es amor del bueno, de toda la vida
pero hoy entendí, que no hay
suficiente para los dos.
No voy a llorar y decir,
que no merezco esto porque,
es probable que lo merezco
pero no lo quiero, por eso...
Me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti
y me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti.
Me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti
y me voy,que lástima pero adiós
me despido de ti y me voy.
Me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti y me voy,
que lástima pero adiós
me despido de ti y me voy.
Besos y sed felices.

viernes, junio 30, 2006

El silencio

Hace días que espero que alguien me hable. Y hace días que el silencio reina. En realidad parece como si esa fuera una forma de hablar, mantenerse en silencio.
Supongo que el silencio dice más de lo que se puede pensar... El silencio es ausencia, cobardía, desinterés. O tal vez es no saber por donde empezar a desenmarañar el lío en el que uno se ha metido. Porque a veces hacemos algo de lo que acabamos por arrepentirnos y luego hay que saber salir airosos, encontrar la forma de que todo vuelva a su cauce. Y pedir perdón. Eso siempre es mucho más difícil. Admitir en voz alta el error cometido es peor que sufrirlo dentro. O no, para mi es peor llevarlo dentro. Me acaba quemando.
El silencio es un arma destructiva, una poderosa arma. Destruye esperanzas, ilusiones, sueños. Acaba con los nervios de quien espera a que se rompa, y se apodera con fuerza de quien no sabe romperlo. El silencio acaba por ser tan estruendoso que ensordece, que quema, que duele como si fueran mil gritos de hienas enloquecidas.
Sigo esperando a que se rompa el silencio, pero es tan grande que incluso supera la distancia, y hasta el amor, si alguna vez lo hubo. Tanto que hasta me está conquistando por momentos y tal vez sea yo la que acabe en silencio, y en silencio lentamente me diluya, como las nubes que si las miras fijamente parecen deshacerse. Porque el silencio es el primer paso del olvido, y en el olvido nada existe, ni siquiera existe el silencio. El silencio es la antesala del olvido. Y en el olvido, ni el dolor se queda, hasta el olvido parece huir del propio olvido. Como un agujero negro, absorbe todo, dejando vacío el corazón que un día estuvo lleno. Hasta el corazón desaparece y sólo queda el hueco.
Silencio.... Pasan los minutos, pero el silencio no. Sigue creciendo, y envuelve esta estancia, y mi alma. Va barriendo hasta la pena y la nostalgia, y se lleva con él los restos de esperanza.
Silencio que intento romper con las pulsaciones de mis dedos sobre el teclado, con las palabras que no salen de mi boca, y sin embargo pronuncio. Silencio que me vence, y contra el que lucho, silencio que no puede acallar el grito que llevo dentro, que cada día resuena más alto, batallando contra el silencio, en duelo mortal, enfrentados silencio y grito ambos perdedores y ganadores de una batalla sin sentido.. Ya nada lo tiene.
Silencio de amor perdido, silencio de lágrimas no caídas, silencio de espacios vacíos en el alma, de huecos donde antes hubo corazones, silencios de estancias desiertas, silencios como olvidos y olvidos de silencios repletos, silencio más grande que el propio silencio de su voz dormida, silencio que no podré romper... Silencio.
Besos y sed felices

martes, junio 20, 2006

Física y Química

Después de tantos años estudiando ciencias, lo que más recuerdo de ese punto donde convergen física y química es una teoría relacionada con la conducción de los metales, que decía algo así como: “Si calentamos un átomo de un metal, los electrones de valencia se excitaran, hasta liberarse de sus enlaces, facilitando así la conductividad. Las deficiencias o huecos contribuyen al flujo de la electricidad, se dice que estos huecos transportan carga positiva”.
No sé por qué pero esto me recuerda las relaciones entre humanos… Así que sube la temperatura, y se facilita la conducción, los electrones se excitan y aparece la carga positiva. Pues más o menos lo mismo. ¿o no?
Tal vez no nos diferenciamos tanto de los átomos… Vale, los átomos en sí no tienen vida (algún químico igual podría enfadarse con esta afirmación) pero en el fondo hacen lo mismo que nosotros. En el verano y con el calor, nos volvemos más comunicativos, hay más “energía positiva” en el aire y se nos da mejor aquello de interrelacionarnos, y claro una cosa lleva a la otra y acabamos por excitarnos….
No me extraña que se hable de “química” cuando dos personas tienen buena comunicación, “feeling” . ¿Acaso no son como dos metales, que ante la temperatura o la luz (la de sus miradas, si nos ponemos cursis) dejan libres sus electrones de valencia, y así, libres de enlace, favorecen la conductividad, el acercamiento, y las cargas positivas?
¿Y cómo se atraen? Pues para eso tenemos la Ley de Newton: “Dos cuerpos se atraen con una fuerza que es directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa”. Ahí está, osea que en las distancias cortas la cosa se pone seria, claro, justo en ese punto los electrones también saltan más fácilmente de una órbita a otra ¿no?
Recuerdo a mi profesor de matemáticas de COU. Estaba empeñado en que todos somos números… Lo que nunca le pregunté es si números complejos o imaginarios. En fin, otro día hablamos sobre los problemas de relación de e, que no se integra, yo creo que por hoy daremos por acabada la clase…
Besos y sed felices

jueves, junio 08, 2006

Fem una tomaqueta??

Con la llegada del verano, llegan los recuerdos de veranos pasados. Yo recuerdo mi infancia, cuando al llegar el verano, íbamos un tiempo a la casa de la playa. Se trata de una casa familiar, formada por una vivienda en la planta baja y cuatro apartamentos distribuidos en dos pisos. La planta baja es de mis abuelos, mientras que cada uno de los apartamentos pertenece a cada uno de los cuatro hijos de mis abuelos, es decir, a mi padre y a sus tres hermanos.
Al llegar el verano, mis abuelos dejaban la vivienda invernal para trasladarse a la playa, y con ellos, iban llegando poco a poco, el resto de la familia. Se llenaba entonces la casa de risas, olores de comida, puertas siempre abiertas a todos, niños que correteaban escaleras abajo y arriba, y bicicletas aparcadas en el patio trasero. Mi abuela, siempre atareada, preparaba en la cocina de afuera "pebres farcits" y todo se llenaba con el olor a pimiento asado. Que ricos estaban. Cuando los hacía, los nietos y algunos "mayores" bajábamos a comer con los iaios. Y en aquella gran mesa nos juntábamos a degustar los pimientos, rellenos de arroz y atún negro en salazón, mientras mi abuelo contaba sus historias, y mi abuela sonreía, yo creo que le alimentaba más nuestra presencia que los pimientos.
Otras veces, en cambio, preparaba coques de dacsa. Eso era toda una fiesta. Creo que no hay nadie en mi familia a quien no le gustaran. Cuando las hacía, siempre aparecíamos alguno de nosotros por la cocina, entonces nos daba un trocito de masa, y jugábamos con ella, como si fuera plastelina. Recuerdo que alguna vez quise que se cocinara mi masa, pero sutilmente mi madre, o alguna tía, o tal vez mi abuela conseguían tirarla a la basura sin que yo me diera cuenta. Era lo más recomendable, dado el color parduzco que acababa tomando la pobre masa, después de sobeteos continuos de manos infantiles no siempre limpias.
Los domingos solía mi abuela cocinar paella o fideua. Entonces nos reuníamos toda la familia y era cuando se entendía aquella enorme mesa de comedor. No cabía un alfiler. Somos una familia grande. 12 primos y 10 adultos. Era divertido ver preparar una paella de carne (como dios manda) a mi abuela. La hacía al estilo de su Oliva natal, con "pilotetes". Mientras las freía, siempre íbamos todos, adultos y niños, a robárselas. Ella fingía un terrible enfado, cargado de ofensa, pues la estábamos dejando sin pilotetes para la paella. Pero todo era un teatro bien ensayado, pues con los años he comprendido que mi abuela hacía más de la cuenta, esperando que se las robáramos, y claro, el robo sin sus regañinas, no era robo. En el fondo se reía, ahora lo sé, disfrutaba con aquel juego en el que nosotros eramos auténticos piratas en busca de un tesoro muy preciado.
Durante esas comidas familiares, siempre se acababa igual. Aquellas sandías riquísimas, de rayas verdes, que le regalaban a mi abuelo, repartidas entre todos, y mi abuelo cantando. Las risas impregnando el aire de felicidad, mis tios y mi padre acompañando a mi abuelo en esas canciones "de toda la vida" con letras picantonas y divertidas... Era el mejor momento de pedir la propina, pues siempre te daban más, embriagados de vino y alegría como estaban. Los más pequeños, propina en mano, salíamos lanzados por la puerta, cogíamos nuestras bicis, que en nuestra imaginación siempre eran briosos corceles, y nos ibamos a por un helado....
Los días de verano tenían su propio ritmo. Me levantaba pronto, nada más adivinar el sol a través de la ventana, saltaba de la cama y corría en busca de mis padres para instarles a levantarse y así ir a la playa.
Desayunábamos, nos poníamos bañadores y bikinis y nos íbamos a disfrutar del sol y del mar. Había días que mi padre, mis tios y mi abuelo iban a "fer cloxines". A veces también iba algún primo de los mayores. Entonces volvían con las cloxinas (mejillones de esta zona) recién pescados y hacíamos un aperitivo, un bermut antes de comer... Que buenas estaban.
Las tardes de verano transcurrían tranquilas... Mi abuela se sentaba en la marquesina de delante, con sus bobinas de hilo y su aguja de ganchicho, y hacía tapetes, colchas... A veces le preguntaba que hacía y me decía que me estaba haciendo un cubre para mi ajuar. Ahora en las noches de verano, yo me cubro con el trabajo artesano de mi abuela...
Mi abuelo se sentaba junto a ella. Uno de mis tios acostumbraba a bajar con su libro, el que estuviera leyendo en ese momento, y lo leía en su compañía. Alguna de las nueras le daban charla a mi abuela, que hablaba distraida mientras contaba los puntos de lo que tejía con paciencia. Mi abuelo solía contar sus historias, de cuando estuvo en la guerra y lo apresaron, o de cuando conoció a mi abuela, o de tantas y tantas cosas vividas. A mi me gustaba escucharlo. Mientras la tarde caía y el jazmín endulzaba la brisa fresca de levante, mi abuelo me narraba sus historias, o me explicaba alguna cosa de su trabajo. Era soldador y otras muchas cosas. Hacía remolques artesanos que siguen teniendo fama en esta zona. El me contaba como los soldaba, o me hablaba de la infancia de mi padre, y yo me reía.. Entonces, cuando el sol ya estaba apunto de esconderse tras el perfil del Montdúver, mi abuelo me miraba y me decía "Esther, fem una tomaqueta?" Y a mi se me encendían los ojos: Iba a la cocina, cogía uno de esos enormes tomates de huerta, una lata de atún, el abrelatas, un cuchillo, la sal y la aceitera con aceite de oliva de ese espeso y dorado, tan fuerte que pica en la garganta. Mi abuela normalmente se levantaba, refunfuñando aunque sé que le gustaba esa complicidad entre mi abuelo y yo, y me ayudaba a coger las cosas. Mi abuelo cortaba el tomate a rodajas, con infinita paciencia artesanal, abría la lata de atún, espolvoreaba sal gorda sobre las rodajas rojas y brillantes del tomate, y lo rocíaba de aceite, esparciendo después el atún. Después nos lo comíamos despacio, saboreando cada bocado, de aquel tomate que sabía a tomate, mientras mi abuela nos lanzaba miradas cómplices... y mi abuelo sonreía, y me miraba y me decía "està bo, eh?" y yo asentía, con la boca llena y el zumo resbalándome en la comisura de los labios. Y al acabar siempre pasaba lo mismo, yo miraba a mi abuelo y mi abuelo me miraba a mi y entonces me decía con cara de pillo: "fem una altra?"...
Besos y sed felices.

martes, junio 06, 2006

Tiempo de cerezas

La primavera es el tiempo de las fresas y las cerezas. A principios de marzo vemos las primeras frutas rojas en las fruterías y nuestros instintos se disparan...
Me encanta la fruta roja: grosellas, fresas, cerezas, frambuesas... Las grosellas son como disparos de un intenso ácido en tu boca. Explotan al morderlas y te llenan la boca con su sabor y su zumo, provocando escalofríos. Me encanta esa sensación y me gustan con cava, pero ese es un pequeño vicio, propio de mi lado más sibarita.
Las fresas no son tan ácidas, pero me encantan, sobretodo porque aparecen con los primeros días más largos, con el sol que ya calienta, con las primeras mangas cortas, y las camisas de mangas 3/4 . Alegran los zumos de naranja por la mañana, me ponen el punto dulce (sin exceso) después de la comida, acompañadas con yogurt o nata... Son mis compañeras fieles de largas tardes, ya sean mezcladas con leche en batidos naturales, con un poco de azúcar o simplemente lavadas, y antes de dormir no hay nada como una fresa rebozada en azúcar, aunque haya que volver a lavarse los dientes. Tienen las fresas su punto de glamour cuando se hacen acompañar de champagne o se mezclan entre sabores de cocktail y granadina. Y antes de que el verano salude ansioso por llegar con su calor, las fresas se despiden, dejándonos su sabor agridulce en el paladar....
Las frambuesas, junto con arándanos, moras y fresas silvestres, forman el grupo de las frutas del bosque, con sabores entre dulces y ácidos, con notas de colores desde el rojo al violáceo, llegando al negro, con aromas a misterio y magia.... Se pueden encontrar todo el año, si sabes donde y tienen su encanto, pues su sabor varía desde el dulce casi empalagoso al ácido, el tacto es aterciopelado en las frambuesas, suave, como sedoso en los arándanos, terso y un poco punzante en las moras, y áspero en las pequeñas fresas silvestres, tan diferentes de sus hermanas de cultivo.
Y las cerezas... las cerezas tienen algo especial. He podido comprobar últimamente que es la fruta favorita de quien no le gusta la fruta. Son tan humildes, tan seductoras en su sencillez, y sin embargo descaradas y atractivas con su piel tersa suave y de rojo brillante, como de charol, cambiando de tonalidad desde el más vivo bermellón hasta el granate casi negro. Y sin embargo su zumo es casi púrpura.
Las cerezas no van solas, suelen ir de dos en dos, como si no les gustara la soledad. Penden de las ramas como pendientes hermosos y al morderlas explotan en la boca, llenándola de su sabor ácido al mismo tiempo que dulce. Saben a bosque, a campo, a días largos, llenos de sol, al preludio del verano, a las fiestas de las cerezas que hacen en los valles donde se cultivan, a las sonrisas infantiles, a gratitud...
Este año he tenido suerte y podido disfrutar de las mejores cerezas que he comido nunca. No me han faltado durante toda la temporada, pero el verano llega, impasible, apenas sí quedan dos semanas para su llegada, y con él, las cerezas se despiden hasta el año que viene, dejando con su sabor, un reguero de sonrisas, de esos pequeños momentos dulces y ácidos, que la vida te da...
De repente se me ha ocurrido que tal vez la vida sea como un cerezo, lleno de flores blancas que al cabo del invierno se vuelven cerezas y nos llenan de sonrisas que se van con el calor que trae con él sandías dulces y acuosas, para volver al otoño anaranjado de mandarinas y clementinas y el invierno otra vez con sus flores, preludio de un nuevo tiempo de días largos y sonrisas de cereza y fresa...

Besos y sed felices.

lunes, mayo 29, 2006

El Tren

Hubo un tiempo en que el medio de transporte más rápido en tierra era el tren... Era aquella una época de blanco y negro y virados a sepia, de trajes de twin en ellos, y largas faldas en ellas, donde los sombreros eran un complemento importante: Los vaqueros llevaban su sombrero de cowboy, los indios, sus plumas, las mujeres, graciosos tocados emplumados, los caballeros, bombines o sombrero de copa, según la situación, los soldados sus bonetes de guerra, o sus cascos de batalla y los maquinistas ferroviarios, sus gorras.
El tren ayudó en la conquista del oeste, donde llevó la civilización y la revolución industrial hasta los confines del nuevo continente, cubriendo aquel terreno inóspito, con sus vías, formando un extraño entramado de venas de hierro.
Sin el tren nunca se hubiera llevado a cabo la revolución industrial, sus humaredas de carbón quemado y de vapor eran la muestra inequívoca del progreso... Hasta Buster keaton se enamoró de aquella maravillosa locomotora, La General... El se enamoró y luego nos enamoró a todos con ella, porque hay que reconocer una cosa: los trenes de antes no son los de ahora.
Entonces se apreciaban los pequeños detalles. Era época de trabajos artesanales, de cuidado en las cosas. Y aquellos hermosos trenes de traqueteo inolvidable, lucían sus colores vivos: verdes y rojos brillantes, ruedas de amarillo y rojo con sus engranajes negros, hermosas locomotoras en rojo vivo, con chimeneas decoradas en dorado. Bancos de madera, algo incómodos pero impecablemente barnizados, y otros en cambio, los de primera clase, tapizados con el mejor terciopelo granate. Lujosas lámparas en sus vagones comedor, preciosas vajillas, cortinajes incomparables...
Siempre me han gustado los trenes, lo reconozco, y siempre me han gustado las historias que han tenido el tren como protagonista... Y es que le da una magia, un halo especial a todo.. Como olvidar a Marilyn corriendo con su banjo y sus graciosos movimientos, para subir al tren que se iba en "Con faldas y a lo loco". O ese asesinato maquinado en las entrañas de un vagón, en "Extraños en un tren" de Hitchcook. Las despedidas en los andenes siempre dejaron ese sabor agridulce.
Y el Orient Express... Ese ha sido siempre uno de mis sueños, viajar en el Orient... Tiene esa magia atrapada entre sus paredes de hierro, en su memoria de años de historia y glammour. Aquí tenemos el limón express que une Denia y Altea, en un precioso recorrido donde las montañas de la Marina se entremezclan con el mar que acompaña al viajero en prácticamente todo el trazado. Es realmente precioso ese recorrido, en un tren que guarda la esencia de los años 20... Pero el Orient siempre será el Orient.
Hubo una linea ferroviaria que en sus tiempos fue memorable, el tren que unía Alcoy con Gandia, permitiendo un trasiego comercial muy importante en una época en la que viajar desde la Safor al Alcoyà suponía días, el tren lo conseguía en tres horas. Son apenas 50km de vía, pero entonces eso era un record... El tiempo y las carreteras acabaron con este tren mítico y es una lástima.
Hoy en día los trenes son modernos y rápidos, repletos de alta tecnología y capaces de reducir en más de la mitad, el tiempo que cuesta llegar a ciertos destinos... Pero sigue teniendo su magia, ese sonido cuando el tren va a arrancar, que parece un largo suspiro, un "Está bien, ya arranco" o en cambio un "por fin en casa" si es al llegar. Los alegres silbidos que indican su paso, el traqueteo, que ya no se siente igual pero no deja de ser.. Y las estaciones. Aún hay estaciones como la de Valencia que guardan ese sabor al siglo XIX entre sus paredes, aunque se hayan remodelado y adecuado a nuestros tiempos... O míticas como la Victoria Station de Londres...
No sé que tiene viajar sobre vías, pero ya sea en tren de vía estrecha, metro o tren de alta velocidad, da igual la forma y la velocidad, siempre tendrá esa magia que lo diferencia de otros medios de transporte.
Besos y sed felices

martes, mayo 23, 2006

Una noche en el Teatro

Las salas de teatro tienen cierta magia. Es como si el tiempo se detuviera cuando entras.
Tienen su propio olor, un perfume indeterminado, que mezcla la madera del escenario, recién encerada para la ocasión, el terciopelo rojo y pesado del gran telón, esa sensación cálida de los focos que se percibe también en el olfato. Los perfúmenes de cada asistente al espectáculo y incluso el perfume de los actores, las telas que llevan en su atrezzo, los tintes de los decorados… Todo crea un ambiente perfumado de mil historias, de mil sueños que por un instante se hacen realidad.
En el teatro todo es diferente. Hasta la obra es diferente cada día. Tiene el aroma a pan recién hecho en el horno de leña, el sabor de un chocolate hecho con paciencia y a fuego lento, sin dejar de remover… El tacto suave y al tiempo áspero de la figura labrada a golpes de cincel. Es como la pintura que aparece, todavía fresca, sobre el lienzo, o la fotografía que se revela en el papel lentamente, mientras los químicos hacen su trabajo… Suena a un violín que se afina, a veces a un cello que triste deja la melancolía flotando en el aire, otras en cambio es como retumbar de mil timbales a contratiempo de un redoble de mil corazones latiendo, y hay momentos que apenas sí suena, como cuando el aire pasa despacio entre las cuerdas del arpa, y entonces el silencio en la sala se puede tocar con las yemas de los dedos, los oídos se giran, las miradas se fijan mientras en escena el susurro de un movimiento, una palabra, o un silencio se hacen los amos, robándote hasta el alma que en realidad más bien se escapa hasta los tablones del entarimado, enredándose entre las manos de los actores, jugueteando coqueta con sus ojos, que al tiempo se vuelven hacia los tuyos para atraparte en su magia y hacerte así partícipe de la historia que te cuentan, que ya no es una historia cualquiera, si no la tuya propia.
Entrar en el teatro tiene su propio ritual… Llegas a la puerta y un amable operario de la sala te rompe la entrada, y franqueas la puerta, que no es más que la ante sala, pues aún tienes que cruzar la verdadera entrada al patio de butacas, una puerta, por lo general de madera, muy gruesa, con unas cortinas que caen a plomo hasta el suelo, opacas y oscuras, que parecen querer atraparte a ti y a todo lo que allí dentro acontezca… En la sala, una vez franqueadas las pesadas cortinas, ante ti aparece el pasillo del patio de butacas, con su alfombra roja, y esa leve inclinación que toda sala tiene, y que te atrae irremediablemente hacia el escenario. Y el escenario justo enfrente, mirándote, como diciendo: “Venga, anímate, sube, no temas”. Ofreciéndote sus tesoros, su mágica caja negra, sus tablones chirriantes y encerados, sus escalones recubiertos de rojo, y esos focos que ahora parecen dormitar, pero que en un instante se encenderán para atraparte en su luz, como si fueras una luciérnaga.
Te acomodas en tu butaca, que parece abrazarte, suave, acogedora, que te acuna en ese instante en el que el tiempo se detiene ante tu mirada, convertida en la de un niño, un niño ávido de cuentos, ansioso por viajar a otros mundos.
Las luces se apagan, los focos brillan, el escenario cobra vida y el aire se llena del silencio expectante, convertido a veces en risas, otras veces en llanto, y otras, incluso en gritos, y por un instante nacen alas en tu espalda, y abandonas la butaca dejándote transportar, creyendo a pies juntillas todo lo que allí ocurre, incluso lo que no ocurre. Y es que en un teatro todo es posible, porque ya lo dije al principio, las salas de teatro tienen cierta magia… ¿no me crees? Prueba y veras…
Besos y sed felices

lunes, mayo 15, 2006

La princesa prometida

Desde la primera vez que la vi, esta película me parece encantadoramente tierna. Me gustan sus personajes, me gusta la historia que cuenta… y me encanta ese abuelo que se empeña en contarle un cuento a su nieto. Ese impresionante choque de generaciones, el niño loco por los videojuegos, y el abuelo, un apasionado de la lectura. El niño, que no quiere saber nada de cuentos de hadas y menos aún de besos (genial el momento en el que el abuelo le replica que en unos años no pensará lo mismo) y el abuelo intentando explicarle qué es el amor…
El amor verdadero. Ese es el epicentro de esta emotiva historia de príncipes y princesas, de espadachines, gigantes, malos, buenos, brujas y monstruos. De frases ingeniosas, desde su mítico “como desees” hasta geniales como “Sigues usando esa palabra. Y no creo que signifique lo que tú crees que significa”.
“Como desees”. Westley le repite esta frase mil veces a Buttercup. Y cada vez que se la dice no sólo le está concediendo el deseo que ella le haya pedido, no sólo está cumpliendo con la misión que ella le encomiende. Le está diciendo también “Te amo”. Y es que hay muchas formas de expresar el amor. El verdadero amor, no lo olvidemos. Porque no hablamos de un amor de fin de semana, ni de esos amores que van y vienen, ni del amor cobarde, ni del de conveniencia. Hablamos del Amor Verdadero, ese amor que persiste por encima de todo, capaz de vivir hasta en el corazón más inhóspito. Ese amor que perdura más allá de la vida y de la muerte, que volverá desde donde esté para buscarte allá donde estés… Ese amor no entiende de miedos ni fronteras, ni de tiempo ni de edades… Es simplemente, en esencia: AMOR.
Y gracias a ese amor Westley se vuelve fuerte e inteligente, vence al más temible de los piratas y se transforma en él, derrota al más formidable de los espadachines españoles, puede con el mayor gigante de la tierra de los gigantes, y el más fuerte, vence al hombre más inteligente que nunca ha habido y jamás habrá… Por poder puede hasta con el pantano del que nadie ha escapado, con ratas gigantes y arenas movedizas, puede vencer montañas, saltar abismos, incluso vencer a la muerte, después de que le hayan robado la vida…
Y hasta ese niño, adicto a los videojuegos y lejos de ser el prototipo de amante a la lectura, se cree ese amor, se desvive porque nada le pase a Westley, por querer ayudarle en sus aventuras, por temer por la suerte de Buttercup cuando el malvado príncipe planea su asesinato. Y el abuelo nos envuelve en su dulce y anciana voz, que nos narra con delicadeza y ternura una historia que de tan increíble, podríamos acabar por creernos.
La ternura hecha gigante, cuando llega con sus 4 caballos blancos y hermosos, para que puedan huir. La valentía y el honor, en forma de un espadachín que sólo vive por vengar a su padre, cruelmente asesinado. Y la maldad feroz mezclada con los celos, celos de no tener lo único que realmente desea: amar y ser amado. Así es el príncipe que pretende poseer por la fuerza lo que su mezquino corazón es incapaz de conseguir…
Personajes tan hermosamente dibujados, tan armónicos entre sí, que te transportan sin quererlo a otros mundos, otras épocas, cuando todo se tornaba fácil, cuando eras tú ese niño que escuchaba cuentos hermosos que paliaran el aburrimiento de una larga enfermedad.
Al final el amor triunfa… “En la historia ha habido cinco besos memorables, que serán recordados. Este beso los supero a todos”…
Y la sonrisa se dibuja sin quererlo en tu rostro, pues quieres creer que existe ese beso perfecto, ese Amor capaz de sobrevivir a las más terribles calamidades.
Tal vez, después de todo, el Amor Verdadero no sea un cuento de hadas…
Pero esto último, no lo he dicho yo.
Besos y sed felices

El delito de ser mujer

En la edad media ser mujer era casi un delito. Una mujer, y sobretodo si era campesina, corría el peligro de ser violada por el enemigo en tiempos de guerra… y por el soldado amigo si la guerra no iba bien. Cuando el señor pedía Derecho de Pernada, ella era la víctima, aunque el marido o futuro marido se sintiera humillado, ella era la que realmente quedaba humillada.
Las mujeres no podían ser inteligentes. Ese era su mayor delito. Una mujer culta era tachada de bruja y quemada en la hoguera. No se podía leer, ni escribir. No se podía saber de medicina, ni de cualquier otro tipo de ciencia. Una mujer sólo servía para lo que servía.
Pero si había un delito que superaba a todos era el de hacerse pasar por hombre. Había mujeres que se disfrazaban de hombres para pasar inadvertidas en los malos tiempos, para poder estudiar, o para poder ejercer de médicas. Pero corrían más peligro que si hacían lo mismo como mujeres, pues aunque si no las descubrían gozaban de mucha mayor libertad, el delito de hacerse pasar por hombre estaba penado con la muerte.
Mi pregunta es sencilla: ¿qué es lo que desde tiempos inmemorables ha temido el hombre de la mujer? Porque es obvio que este afán desmesurado de controlar la vida y la mente de las féminas no viene más que del miedo, pues sólo el miedo es capaz de desatar tal violencia. ¿y por qué?
No voy a entrar en absurdas comparaciones (que a menudo resultan odiosas y aburridas) acerca de si son mejores las mujeres que los hombres o viceversa. En realidad pienso que cada uno desde nuestra cualidad somos igual de mejores. Aún así es obvio que algo hay en nosotras que a ellos les pone nerviosos… Tal vez sea el poder que tenemos sobre la vida… Sí, debe ser justo eso, pues el hombre siempre ha querido reproducir la vida en vano, y sin embargo para una mujer es algo que va con ella, parte de su naturaleza. Hoy en día sabemos que si se aplicaran las técnicas de clonación, lo que seguro no haría falta es un hombre, pues de hecho las pruebas que se han hecho siempre han sido con hembras. Y es que si se logra un ser a partir de dos células de otro (en esto consiste una clonación, a grandes rasgos y resumiendo) el único problema es el espacio donde ha de desarrollarse ese ser en su primera etapa. Y ese sitio sólo existe en una hembra. Con tanto que ha avanzado la ciencia, y sin embargo no se ha logrado todavía un útero artificial… y aún así el hombre seguiría sin saber que es tener un hijo (desde el punto de vista de la gestación y el parto).
Seguramente sea esa la razón. En cualquier caso, y lo cierto es que en el mundo siguen muriendo mujeres cuyo único delito es tener dos cromosomas sexuales idénticos… O lo que es lo mismo: SER MUJER.
Besos y sed felices

domingo, mayo 07, 2006

En busca de la felicidad

Si le preguntas a alguien que es lo que busca, que es lo que realmente busca cada día de su vida, siempre te responde lo mismo: La Felicidad.
La felicidad es ese estado en el que deseamos vivir, y según la religión que procesemos, si acaso procesamos alguna, consiste en una u otra cosa. Personalmente me quedo con la idea budista: La felicidad está en las pequeñas cosas. En no desear lo que no se tiene y conformarse con aquello que se posee… En realidad es difícil no ser feliz si se es budista, o dicho de otro modo, si se tiene estos principios.
La forma de buscar la felicidad varía. Pero en líneas generales se trata de tener tranquila la conciencia y de poder compartir tu vida con alguien con quien la felicidad se haga más fácil.
Pero no hay Ying sin Yang, y en cierto modo, la felicidad requiere de la tristeza, pues sin ella, ¿cómo podemos saber que realmente somos felices? ¿cómo se puede valorar la felicidad que se tiene, el grado en el que se es feliz? Es habitual escuchar a alguien que ha pasado por un mal trago decir que ahora sabe lo que tiene, y es que es así: Sólo sabemos lo que tenemos cuando lo perdemos.
Yo creo que la felicidad, como estado permanente, no existe, o es muy difícil de lograr. Más bien creo que básicamente hay que saber disfrutar de cada momento que la vida te ofrece, hasta de los malos, y al igual que dicen los budistas, conformarse con lo que se tiene. Pero eso no está reñido con intentar superarse y llegar a metas más altas, pienso. La felicidad es como un gran mosaico, compuesto de pequeños momentos, de sonrisas sueltas, de esos espacios en los que la vida se torna dulce. El problema es que olvidamos con mucha facilidad esos momentos, en cambio nos empecinamos en recordar y repetir los momentos tristes.
Hoy tal vez te preguntes cuando vas a ser feliz, y no eres consciente que ya lo eres… Sólo que la felicidad no es como tú crees si no como la vives.
La felicidad no es una utopía, pero hay que saber vivirla, y estar preparados, porque nunca viene cuando la esperamos y nunca se oyen violines ni te avisan de que ese es tu momento de ser feliz.
¿Y tú, eres feliz?Besos y sed felices