lunes, octubre 30, 2006
Mar
Tengo el mar llenando huecos en mi corazón. Como él, a veces siento mareas embravecidas, capaces de arrasar aquello que encuentre. Como él, a veces soy playa tranquila, de olas suaves, de soles de atardeceres y lunas de plata que bañan con timidez sus redondeces en mi agua.
Siento el mar buscándome dentro, como si acaso mi alma fuera de sal, parece que no puedo estar lejos de su azul mirada, que me envuelve, de sus dulces abrazos, de esa calidez que siento cuando me moja los pies... Soy de mar y de rocas, de cielos azules y estrellas brillantes, soy un sol adormecido en calas de blanca arena...
Me acoge el mar entre sus olas, y me siento perder, mecer en la dulzura de su cuerpo-agua, y pienso que tal vez soy ola que choca contra rocas, que lame la playa cercana, que juega a ser pleamar o bajamar cuando la luna canta.
A veces pienso si acaso no seré sirena perdida en una tierra que no es la mía, tal vez hubo un día que salí de mi caracola de nácar buscando otros paraísos, y alguna estrella coqueta me engatusó para seguir su estela en la arena fina de una playa cualquiera.
A veces el mar se desborda por mis ojos y siento que le pertenezco, y es que en el fondo él tiene la llave de mi secreto más guardado. No sabría estar sin mi mar, arrullándome con su dulce voz, que me llena los oídos... Quisiera ser isla que durmiera mecida entre sus aguas, alga para poder bailar con sus nanas, pez que nadara en su seno maternal, barca que acariciara su piel, roca que aguantara sus envestidas, cielo para abrazarle, luna para mirarle, sol para calentarle, nube para lloverle, caracola para llevar su voz amarrada a mi alma...
Soy como el mar, soy mar, soy del mar. Y hay días en que, como si de tormentas se tratara, escucho truenos en mi cabeza, siento chocar mi alma contra mi corazón y mareas en movimiento que me confunden, oleadas de sal y azul turquesa, mis pies mojados y mi piel salada, mi pelo del color de las algas, ensortijado entre corales y espuma blanca, mi mirada bañada y perdida en sueños de nubes de algodón y estrellas fugaces, rayitos de luna haciendo estelas que sigo sin fijarme, paseando entre caminos de arena y nácar, perlas en mis manos, caballitos de mar para mis pensamientos, que se pierden entre estrellas de mar, haciendo burbujas mientras desaparecen...
Hoy voy a ser espuma suave que bañe esta playa tranquila... Mañana tal vez decida ser ola que choque contra las rocas...
Besos y sed felices
viernes, octubre 27, 2006
Besos
Tus labios tienen el tacto de la frambuesa, la dulzura de los arándanos y ese punto ácido de la grosella. Se pasean por mi piel como si les perteneciera, y dejan caricias como besos y besos que son caricias… Hasta llegar a mis labios y fundirse en un dulce abrazo.
Cuando me miras, tu boca prodiga sonrisas, a veces suplicantes, otras incógnita, y siempre con ese punto canalla, que sabes, me vuelve loca.
Te quedas mirando fijamente mi boca, mientras hablo o mientras te distraigo jugueteando con mi dedo, sin darte apenas cuenta, mordisqueas tu labio inferior, sonríes, y entonces me besas de improviso, envolviendo con tu boca mis labios, en un abrazo apasionado, lamiéndome despacio, haciéndome perder la consciencia y cayendo rendida a tus besos que me provocan, me envuelven, me transforman.
Cuando me besas, todo el universo queda prendido en tu boca, y un mar de lenguas entrechocan embravecidas, en el cielo de una noche larga, intensa y dulce, mientras me envuelves y muero en tus labios mil veces para resucitar otras tantas en tus besos, subiendo al mismo cielo para bajar después hasta el infierno, sin darme descanso pero dándome el aliento, dejándome perdida y al tiempo rescatándome…
Cuando me besas, traes para mí en tus besos el aire de otros lugares lejanos, el sabor de frutas que desconozco y caricias como soles de otros mundos.
Mientras duermo, vuelves de nuevo a pasear tus labios por mi cuerpo, y dejas estelas de besos, marcando el camino que recorres, para no perderte y volver de nuevo hasta mi boca, besando mis labios, con ternura y sin descanso, parece que pudieras estar eternamente besándome y al pensarlo, en silencio te ruego, no pares… bésame sin reparo.
Me gusta cuando tus labios abrazan a los míos…
Besos y sed felices
martes, octubre 24, 2006
Miradas
Me miras desde tus ojos, del color de las avellanas, mientras no me doy cuenta y pido el postre al camarero.
Al volver a mirarte, me descubro reflejada en tu mirada, mientras la posas sobre mis labios, y me besas sin besarme, dulce y pícaro al tiempo. No lo resisto y bajo un momento mi mirada, con la inocencia fingida de una adolescente. Entonces pasaeo mis ojos despacio, rozando con ellos tus manos, sin tocarte y a la distancia que esta mesa nos impone, y subo por ellas mientras imagino su caricia, de tus dedos a tu pecho, y escucho su latido... De tu pecho a tu boca, y escucho tus silencios... de tu boca, de nuevo, a tus ojos, para volver a mirarme en ellos. Y tu repites la jugada, me besas sin besarme, con un ligero parpadeo, con ese brillo que siempre veo en ellos cuando me miras, acariciándome ahora las mejillas, la comisura de mis labios, el pelo, tus manos quietas sobre el mantel, tus ojos, me envuelven en caricias sin tacto...
Han servido el postre. Distraída mordisqueo una fresa, rojo intenso entre mis dientes, y la beso despacio, y siento tus labios que son fresa ahora, y me miras suplicante, a cuarenta centímetros escasos de mi fresa y de mis labios, rogando clemencia y olvidando que otras miradas pueden posarse en las nuestras. Ahora eres tú el que no resiste, parpadeas, pero estás atrapado, hipnotizado en mi boca, que desde tus ojos mordisqueas hasta llegar a mi lengua, tu lengua se pasea distraida por tus labios, mientras tus ojos saborean la imagen de la fruta que despacio degusto, intencionadamente provocando con mis ojos a los tuyos, que ahora deslizas despacio, lamiendo con ellos mi cuello, mordisqueándome a miradas de deseo.
De tu boca salen ahora palabras, sobre el trabajo y otras banalidades, preguntando distraído como me fue el día, poniéndome ligeramente nerviosa con tu mirada que no dice lo que tu boca, que al final queda en silencio, pues son ahora tus ojos los que hablan, sugerentes, para lamerme una vez más desde mi boca hasta mi cuello, y bajar despacio con ellos por el surco entre mis pechos, desnudando mi cuerpo sin hacerlo, y me siento perdida entre tus ojos, que vuelven a abrazar a los míos, para seguir quitándome despacio la ropa, y tus labios siguen cerrados, sonriendo con picardía, las manos a penas a dos milímetros de las mías, sin rozarnos y un mundo de mesa, platos y copas separándonos, mientras sigues besándome, acariciándome, abrazandome desde tus ojos del color de las avellanas...
Me gusta cuando tu mirada hace el amor con la mía.
Besos y sed felices
domingo, octubre 22, 2006
Nena
Atardece... vestida de rojo, dos coletitas, pelo cobrizo y encaracolado, juega sin importarle que es domingo.... Sonrio y me pierdo en la memoria.
Tenía un peto rojo, con una A en amarillo y una E en verde. Me gustaba, no sé si por su color intenso, o simplemente porque era cómodo. Pero me gustaba.
Tenía mi locomotora de latón, con sus luces rojas, al encenderla, giraba sobre sí misma y hacía el sonido de una locomotora de vapor. A veces jugaba con ella y en la televisión hacían "La general". Sinceramente creo que nací gustándome el cine. Miraba a Buster con su triste sonrisa y su preciosa locomotora y pensaba que la mía era aquella que tan feliz hacía a Mr. Keaton.
Tenía un osito de peluche. Un día decidí cortarle su pelo azul, para que le creciera más.... Nunca le creció y a veces me preguntaba por qué no le crecía.
Jugaba con canicas en el pasillo... A veces pensaba que mis canicas eran pequeños mundos, con gente pequeñita dentro... Entonces andaba por el pasillo como mareada, yendo de una pared a la otra, mientras imaginaba que mi casa, mi calle y todo lo que conocía estaba dentro de una canica gigantesca, y alguien jugaba con ella...
Siempre estaba riéndome. A menudo me levantaba cantando, cantaba por todo, cuando era primavera, o cuando el día era soleado, me gustaba cantar. Me sigue gustando. A mi padre le gustaba mi risa, por eso jugaba a hacerme cosquillas. Yo me retorcía entre sus brazos, mientras me reía... Entonces mi padre paraba y me acariciaba la espalda. Me siguen gustando las caricias. Y que me hagan reír.
Tenía un caballito de juguete. Siempre iba con él en la mano. Mediría unos 20cm de largo, por unos 10cm de alto, en plástico macizo de color negro, en posición de trote. Cerraba los ojos y me veía galopando con él por playas unas veces, otras por grandes extensiones verdes. Soñaba a menudo con mi caballo negro. Sigo deseando un caballo. Pero ahora no sueño con galopar. Ahora a ratos galopo y siento que vuelo.
Recuerdo las mañanas de sábado en viveros, paseando por el parque, yendo a ver los patos, dando de comer a las palomas con el alpiste que vendía una señora, bolsitas de colores a 15 pesetas cada una. También las vendían en la Plaza de la Virgen, cuando paseábamos los domingos, yendo a la escuraeta o a la Plaza Redonda... Me gustaba aquella plaza circular, con sus mil puestos de cosas de segunda mano y sobretodo, con los puestos donde vendían animales. Tuve varias tortuguitas compradas allí y algunos peces de colores.
Algunos sábados íbamos al mercado central. Al principio no me gustaba demasiado, pero luego empecé a encontrarlo divertido. Los puestos de verduras con sus mil colores, el pescado, con aquellas langostas siempre vivas, y mi padre, siempre sabiendo donde comprar cada cosa.
Recuerdo la feria de Julio. Me gusta la feria. Iba con mis padres, me subía al tren de la bruja, a los aviones y en los coches de choque. Creo que ya me gustaba conducir entonces. Me quedaba embobada con las luces y me gustaba subir con mis padres a la noria y ver desde allí arriba la ciudad, tan hermosa mientras caía la tarde, con sus calles iluminadas, sus edificios, las Torres de Cuarte y las de Serrano, el cauce viejo del rio partiendo en dos la ciudad...
Y el circo. Siempre quise ser trapecista. Me veía volando de un columpio al otro, haciendo equlibrios colgada de una cuerda, girando sobre mi misma, dejándome caer para que otro me recogiera en plena caida. Me reía con los payasos hasta saltarme las lágrimas y me quedaba embobada con los tigres y los leones, aunque si habia caballos todo lo demás no me importaba. Y los magos. Recuerdo en una ocasión que un mago hizo desaparecer a una chica, me impresionó mucho porque quemó la caja donde la había metido, pero luego ella apareció por otro lado del escenario... Pero el truco que más me gustaba era el de las anillas que se enganchaban y desenganchaban, era tan hermoso y tan sencillo y al tiempo tan complejo...
Entonces todo era sencillo. Yo era feliz con mi peto rojo y mi locomotora, con mis coches de carreras y mis peluches, me reía casi con cualquier cosa y los días se sucedían sin más.
Recuerdo que tenía entonces cinco, tal vez seis años. El mundo era de caramelo y mi mayor problema residía en saber como colarse en un cuadro, al igual que lo hacían los protagonistas de Mary Poppin's. Quería volar como Campanilla y bailar como Paulova. Quería vivir como Felix Rodríguez de la Fuente o irme al frente a fotografiarlo. Disfrutaba lo mismo jugando con mis canicas que revelando fotos con mi padre. Tenía tantos sueños, tantas sonrisas...
Guardo mi nena como un tesoro, en una cajita. A ratos la dejo salir para que lo revuelva todo con sus risas, la veo corretear entre mis cosas, con su peto rojo, sus tirabuzones cobrizos y el osito entre sus brazos. Viene, me saca la lengua y luego vuelve a su cajita, dejando este perfume a caramelo y estas mariposas revoloteando...
Besos y sed felices
viernes, octubre 20, 2006
Archivo de vacíos
Tengo silencios hechos de palabras perdidas de tanto usarlas.
No tengo voz para mis silencios.
Tengo una lágrima que no sabe donde caer.
No tengo sonrisas.
Tengo sueños hermosos y dulces.
No tengo calma para soñar.
Tengo insomnio como venganza a mis deseos
No tengo deseos más allá del sueño.
Tengo días que se suceden.
No tengo el poder de detener el tiempo.
Tengo hermosos recuerdos guardados en mi cajita.
No tengo la llave para volver a ellos y quedarme.
Tengo una colección de estrellas, a cual más hermosa.
No tengo cielo para poder verlas brillar.
Tengo estrépito de mar chocando entre rocas.
No tengo el desierto en paz y su silencio.
Tengo un frío que viene de dentro.
No tengo veranos contra mi invierno.
Tengo un vacío cada vez más negro.
No tengo luz que brille dentro.
Tengo silencios entre palabras.
No tengo palabras para este silencio.
Besos y sed felices
lunes, octubre 16, 2006
La sencillez de la Vida
Hay nubes en este cielo de otoño. Ya no hace calor, incluso esta mañana sentí fresco. El sol deja pequeños rastros entre las nubes. Lula mira ensimismada el paisaje desde la ventana, mientras agradece los rayos del sol y ronronea mimosa.
En la calle las palomas sobrevuelan edificios y transeúntes. La gente camina, encerrados en sus propios mundos, y casi les oigo pensar: "Tengo que pasar a por el pan... He de recoger el envío, antes de que se me pase el plazo... mil euros, no no, mejor dos mil y así lo soluciono todo... Tengo el fax sobre la mesa, mañana le diré a Ana que no lo envíe, debemos cuadrar primero esas cifras..."
Y entre tanta gente la veo a ella: Pantalón rojo, a rayas blancas, una chaqueta fina, un pañuelo rojo pasión tapando su hermoso pelo negro. Arrastra un carrito con una nena de meses y la siguen dos gemelos, unos tres años de edad, ojos enormes y pelo negro como el azabache, vestidos iguales, polo de manga corta en rojo y pantalón de chándal en rayas de colores, con el fondo crema. Está distraída con el cajero, y yo paso a su lado sin fijarme mucho más, mientras kai busca el árbol perfecto. Ve una paloma y intenta cazarla, le encanta jugar con ellas... Y con todo, y al salir la paloma volando se queda desconsolado y me mira con sus ojos color miel, para girarse y seguir en busca de su árbol.
Llegamos al final de la calle y damos la vuelta, y la vuelvo a ver, ahora intentando avanzar unos metros mientras los gemelos demandan algo de beber. Ella saca una botella de fanta, de entre sus bolsas, y les da un sorbito a cada uno. La nena sigue dormida en su carrito, los nenes salen correteando, jugando entre ellos y me roban una sonrisa... Mis ojos se desvían del rojo de sus jerseys al rojo pasión del pañuelo de su madre, para acabar viéndome en sus ojos... Ella me mira una décima de segundo y en ese momento para mi eterno, me recuerda lo sencillo de la vida, mientras las palomas revolotean y los niños ríen. Su mirada calmada, sonriente, fuerte, parece hablarme: "Es sencillo, simplemente vive"... Dura justo un segundo, no me resisto y bajo la mirada...
Tengo tantas cosas en mi cabeza, tantas preguntas sin respuesta. Tanto miedo por sentirme andando en un territorio cambiante a cada paso. Y la respuesta es fácil, y tan compleja al tiempo. En el fondo no es tan difícil dejarse llevar, no es tan complicado ser feliz y sin embargo nos da miedo. Siento remolinos en mi interior y unas ganas enormes de salir volando, pero sé que no es ese el camino.
Desde mi atalaya, en este cabo de costa, con el mar rugiendo a 20 metros bajo de mi, y una caída en picado, miro el horizonte, hasta donde la vista se me pierde, confundida entre el malva del cielo y el azul prusia del mediterráneo, el aire fresco me corta los labios y remueve mi pelo. Siempre tengo la tentación de saltar pero no confío en mis alas imaginarias. Me relaja esta visión del mundo, desde donde todo parece de color azul. El sol se va y la noche llega, con sus estrellas cubriéndome, mientras haces de luz irrumpen en un mar, ahora negro, desde el faro que está justo a mi derecha. Desde la terraza cercana llegan las voces y las risas de los comensales, pero yo me pierdo en el susurro de las cigarras, en el arrullo de mi mar, en las estelas de los barcos que pasan... Si miro hacia el norte, casi puedo ver las luces de mi ciudad, y siento la proximidad de sus latidos. El faro hace su recorrido de nuevo y ilumina para mi un círculo de crestas blancas y azul marino. De pequeña soñaba, entre otras muchas cosas, con ser farera, farera de un faro en alguna pequeña isla de mi Mediterráneo querido. Soñaba tantas cosas de pequeña, algunas siguen siendo sueños, otras se hicieron realidad, aunque tal vez no como yo las imaginé... Me llega otra bocanada de aire de mar, mezclado con frituras, y al cerrar los ojos por un segundo, veo esos ojos mirándome desde otra parte... Que sencillo y que difícil, seguir la estela que dejan nuestros sueños, para hacer con nuestros pasos este recorrido... Dejo que la brisa me meza un segundo más, mientras mi piel se eriza, hace fresco ya, el otoño se hace presente. Vuelvo a mi coche y me dejo llevar por carreteras de asfalto que se vuelven como ríos que me llevan hasta otra realidad... No hay paz en mi cabeza, resuenan tus palabras y las mías, resuena sobre ellas el silencio. No temo el silencio, más temo a las palabras que limitan y ponen nombres, que atan o desatan, que prohíben, complican, lían y enredan... Temo, siempre temo al pensamiento, al bullicio incontrolado, al mismo miedo... Es todo tan sencillo como ver el mar chocar contra las rocas, como labios enredados abrazándose, simplemente besando, sencillez de un beso, de un abrazo, de las sonrisas, de miradas cómplices, del vaivén de este dejarse llevar... Las velas no las rompe el viento, cuando el barco sigue sus designios...
No hay caminos de baldosas amarillas, y sin embargo es mucho más sencillo que todo eso. "El camino se hace al andar" ¿pero cómo hay que andar?
"Simplemente pon un pie delante del otro, simplemente da un paso tras otro y cuando vayas a darte cuenta veras la senda que no has de volver a pisar". Tal vez sería más fácil descansar a la sombra de este manzano mientras las estaciones pasan, los días, los años... Eso es más complicado, porque no se puede asistir impasible al espectáculo de tu propia vida, cuando tu la protagonizas. "Sólo pon un pie delante del otro..."
Bien, supongo que esa es la respuesta que buscamos, a tus miedos. A los míos. Habrá que andar a pasos cortitos, muy despacito para no perder el equilibrio, pero sin dejar este camino que estamos andando... Y ser felices con la sencillez que la vida nos ofrece, sin más, como esa puesta de sol a la orilla del mar... Como tu sonrisa reflejada en la mía, como una lágrima resbalando en la mejilla, como el sabor de las fresas cuando ya no es temporada, como la hoja que flota en el lago, mecida por la brisa...
Besos y sed felices
miércoles, octubre 11, 2006
La Cita
Habíamos lidiado entre palabras, un duelo a puño y letra, a silencios de entrelíneas y a corazón abierto.
La necesidad se hizo evidente, y la invitación demasiado atractiva. Apenas dos días fueron suficientes para pactar una cita.
Y allí estábamos, un coche junto al otro, yo llegué algo más tarde, tú me esperabas impaciente, tal vez, por saber si lo que tanto habías imaginado correspondía a la realidad, si lo que los silencios te habían mostrado eran reflejo de tu universo.
te acercaste a mi, sonriendo, mirada pícara, curiosidad, y las ganas que ambos teníamos por vernos cara a cara, por lidiar nuestro duelo sin pantallas de por medio.
Dos besos suaves y nerviosos fueron el preámbulo de una cena divertida, interesante, sugerente, donde la comida italiana fue como una premonición de lo que la noche deparaba.
Fue complicado elegir los platos, tan absortos como estábamos en mirarnos y reconocernos, en reírnos y provocarnos, y los camareros, cómplices de nuestro juego, esperaban pacientes nuestras demandas.
Jugaste con lo que entre palabras habías descubierto, para coquetear con mi lado más tierno.
El deseo se apoderaba de tus labios, pero paciente esperaste justo el momento apropiado. Unas copas, unas canciones y esa irresistible necesidad de comernos a besos, lentamente, que este es nuestro momento.
La noche se nos hizo corta, las horas parecían volar tan rápido como nuestra ropa, mientras nos despojábamos de todo lo vivido, para mostrarnos por un momento, y dejarnos llevar en un abrazo, en ese instante regalado al deseo, mientras tus labios se enredaban con los míos, mientras mi piel se envolvía con la tuya, dos cuerpos enlazados, entre caricias y besos, ajenos al tiempo, al silencio y al universo… Perdidos en ese instante cedido a la pasión tanto tiempo soñada, tanto tiempo escondida en palabras escritas y juegos del verbo, ahora olvidados al hacerse carne, convertidos por fin en dos realidades…
La mañana nos sorprendió entre juegos y caricias, y entre besos maldijimos al reloj por no pararse. Que difícil separarse, cuando el deseo se hace cómplice del abrazo. Qué difícil dejar de besarse cuando los labios no quieren saciarse. Qué difícil, ahora que por fin nos decidimos, y que dulce imaginar ese nuevo encuentro….
Besos y sed felices
viernes, octubre 06, 2006
El reto
Se que vas a leer las palabras que escriba, por eso voy a escribir de nuevo en mis silencios.
Voy a demorarme en este preciso momento, para saborear cada uno de esos silencios que dejamos, para encontrar lo que se dice en un beso... Y disfrutarlo mientras callo y me dejo perder en tu mirada fija, clavada en la mía.
Y mientras callo vas a rozarme distraído la piel que te deje al descubierto. Lo sé, para encontrar la palabra que no pienso pronunciar. El silencio que voy a pausar, paladear, derramar sobre tu lengua una vez más.
Voy a bailar una vez más como un ángel caído en Nappoli, mientras me miras sorprendido sin sueño a pesar de no haber dormido, y otra vez te callas; que bien se nos da pasearnos entre espacios interverbales, con la mirada cómplice de quien adivina nuestro encuentro sin saberlo.
Voy a comerme lentamente este espacio entre silencio y palabra, voy a dejar que me encuentres desprevenida y sonreirte pícara justo de esa forma que no aguantas.
Te retaré para que mantengas mi mirada y te distraeré con juegos de manos para que no resistas la tentación de devorarme lentamente, muy lentamente...
Fingiré de nuevo mi sorpresa cuando me robes un beso ente verso y verso cantado sin perder la intención de volverte loco y retarte de nuevo a duelo.
Te esperaré una vez más al otro lado de la pantalla, para traerte a este lado del silencio, que no todo lo que se escribe se quedó en mis besos, que no todos tus besos los convertí en versos, por no comprometer mi silencio a tu universo, que ambos sabemos que este juego es nuestro, que en este duelo ambos vencemos y ambos... perdemos.
Besos y sed felices
lunes, octubre 02, 2006
Los silencios vuelven a conquistar las ondas
Os recuerdo la web:
http://www.radiopego.com
Teneis instrucciones en la página para conectaros con el windows media player. Por si no entendeis mucho el valenciano, os resumo: Una vez abierto el windows media player, desplegais con el secundario del ratón el menú. Elegis la opción de "archivo" y del menu que se despliega "abrir dirección URL" y se os abrirá una ventanita. Ahi escribis esto:
http://www.radiopego.com:8000/
Y le dais a aceptar.
El programa se llama "El que les paraules no diuen" y se emitirá entre las 10 y las 11 de la noche a partir del miércoles, todos los miércoles. Tranquilos los no valencianoparlantes. Aunque el programa tiene el nombre en valenciano y lo suelo comenzar en valenciano, tiene una gran parte en castellano.
Teneis un email: paraules@ono.com
En este email, podeis enviar si quereis relatos o poemas, o cualquier cosa que querais.
Besitos a todos, ah, y sed felices...
sábado, septiembre 30, 2006
Insomnio
Malditos seais sueños, por no poseerme eternamente en vuestro regazo, por no llevarme en vuestra barca, aunque al mismo Caronte el universo entero pagara, malditos seais por no salvarme de este infierno.
Malditos sueños que sólo os dejais ver fugaces, entre horas y sin concierto, escapando a mi mano cuando atraparos quiero, que salis huyendo por mi ventana, cuando os demando que os quedeis en mi cama, malditos, malditos por siempre seais.
Yo os maldigo sueños, a todos, por no rescatarme, por no venir esta noche y llevarme, por saber que mañana dejareis que vuelva a abrir los ojos mucho antes de lo que deseo, por no dejarme dormida por siempre, feliz, eterna, en silencio.
Malditos seais... Malditos
Besos y sed felices
miércoles, septiembre 27, 2006
Dulces sueños...
En el silencio de una noche estrellada y oculta tras la persiana de una habitación a oscuras, apenas iluminada con los rayos de luna que se cuelan ,apenas dejando adivinar entre sombras una estantería, el armario, un banquito con ropa...
Cierro los ojos y desaparece este mundo para mi, y al fondo de mis ojos veo los tuyos, mirándome desde el otro lado de mis sueños. Camino hacia ti, y el suelo se convierte en la arena fresca de una playa al alba, el sol saliendo de su refrescante baño en un mar que cambia de rojizo a naranja para volverse al fin de un azul intenso, con reflejos verdes, como tus ojos, que mezclan el ámbar, la miel y el musgo mientras me miran brillantes, expectantes, alegres...
Me he acercado despacio hasta ti, la brisa agitando mi pelo rojizo, rizos que revolotean alrededor de mi cara, mi mano acaricia tu cintura y sube acariciando suave tu piel, hasta recorrer el camino que une tu ombligo con tu cuello, llegando hasta tu nuca para acercar tus labios a los mios, y probar la sal de tu boca, tu sabor dulce, demorándome despacio en cada rincón que mi lengua encuentra, mientras mis labios bailan con los tuyos, sin prisa, disfrutando, saboreando tu beso tierno, dulce apasionado largo, casi eterno, mientras me abrazas, me estrechas contra ti, casi queriendo fusionar tu piel y la mía.
Caemos por fin entre besos y abrazos, sobre la arena, mientras el mar nos susurra canciones al oído, y tu recorres despacio los espacios de mi cuerpo, convirtiendo mi geografía en tu mundo, descubriendo montes y llanuras, desiertos y mares embravecidos, sin dejar ni un segundo de besarme y yo me embriago con cada uno de tus besos, con las caricias que traspasan mi piel hasta casi rozar con los dedos mi alma.
Por un momento paras, me miras a los ojos, y te pierdes en mi mirada, navegas buscando respuestas, haciendo preguntas, queriendo llegar hasta lo más profundo de mi, buceando entre mis sueños y mis temores y mientras me abrazas me susurras al oído, me haces desprenderme del miedo que tiene atrapados mis sentimientos más temibles y temidos. Y sonrío feliz de tenerte, de envolverte con mi cuerpo, de ser una contigo y el mar empieza a besarnos las puntas de nuestros pies y siento deseos de nadar mientras me abrazas, sabiendo que no me dejaras perderme entre el agua y los peces...
Y mientras me abrazas y nadamos, el mar juguetón me arrastra, me separa de tus brazos, forcejea contigo y al final me arranca de ti...
El sol ilumina a rayas mi habitación, ha vuelto el día y mis ojos se abren, y mis brazos te buscan, mis labios notan aún tu sabor enredado entre recuerdos borrosos y comprendo que tan sólo soñé contigo de nuevo...
Besos y sed felices
viernes, septiembre 22, 2006
Melancolía
Lo reconozco: Llevo días sintiendo melancolía... No es por nada en concreto, o tal vez es por todo. No lo sé. pero hace días que se me ha instalado esta insidiosa melancolía dentro.
Retrocedo con la mirada de mi memoria y me doy cuenta que cada año, al caer las hojas de los árboles, llega Melancolía, y se queda un tiempo haciéndome compañía, mientras los días se hacen más cortos, la lluvia regresa de sus vacaciones y las calles vuelven a oler a chimeneas encendidas...
Tampoco me desagrada la presencia de esta vieja conocida. Ambas compartimos secretos y recuerdos, y suele ser una buena aliada en los procesos creativos. Me devuelve del recuerdo momentos atesorados en mi memoria, incluso olores, sonidos, tactos, regresan de su escondite para volver por unos segundos a mí.
Melancolía impregna todo con un dulce aroma, que a ratos resulta empalagoso, me hace desear su abrazo y hasta sus besos, me acuna entre canciones que suenan a otoño, al frío que no tardará en llegar.
Melancolía abre mis armarios y cambia mi ropa, recorre la cocina y pone al fuego puchero, saca del baúl de los tesoros guardados, besos dulces, canciones románticas, miradas esquivas y perfumes de sándalo y almizcle.
Melancolía, tan dulce y tierna a veces, me tapa por las noches para que el frío no se me cuele, y susurra nanas a mis oídos. Me devuelve a la infancia y juega conmigo. Alimenta mis sueños más dulces y mis fantasías, retoma el tiempo, lo retuerce, lo alarga y lo acorta según le conviene y espera tranquila hasta el amanecer de mi creatividad recién nacida.
Melancolía me roba lágrimas y las convierte en diamantes, busca sonrisas perdidas en mis labios, cuando el sabor de las cerezas vuelve por un instante a mi boca, merodea entre los laberintos de mi mente y juega al escondite con mi alma.
Melancolía llega en septiembre, mientras el sol todavía calienta, y se va en Diciembre, cuando el frio reina. Deja regalos para mis sueños, y recuerdos para mi alma. Deja sabor de fresas y chocolate en mis labios, un acento dulce en mi voz, alguna esperancita en el hueco del corazón y sonrisas en mi memoria, y este aroma indescriptible...
Besos y sed felices
miércoles, septiembre 20, 2006
Tu Nombre.. Mi Nombre
Mi sangre, mi droga y rubí
Mi parte de vos, mi destino
Tu nombre me sabe a jazmín
Tu nombre no tiene palabras
Si está escrito en mi corazón
Y de pronto sale de cualquier lugar
No sabe más que hacerme sentir mal
Tu nombre tan inoportuno no sabe llamar
Y es así que trato de contarte todo ésto que siento
Es así que estoy adormecido en el mar de ilusión
Es así que todo vale todo y todo se termina
Todo se termina
Todo menos vos
Tu nombre me tiene perdido
Vagando en el mar de ilusión
Yo nunca me doy por vencido
Yo nunca me rindo... al menos por hoy
Y es así que trato de contarte todo ésto que siento
Y es así que estoy adormecido en el mar de ilusión
Es así que todo vale todo y todo se termina
Todo se termina
Todo menos vos
Y es así que trato de encontrarte por nuevos caminos
Es así que en tu nombre hago rimas para ser feliz
Es así que todo vale todo y todo se termina
Todo se termina
Todo menos vos
Todo se termina
Todo menos vos
Hubo un tiempo en que tu nombre fue el mío. Me enlazaba, hablaba de mi y me atrapaba entre sus letras. Era mi principio y mi final. Eran mis silencios y las palabras de mis silencios. Tu nombre era mi sueño, y mi primer pensamiento.
Hubo un tiempo en que creí en ti. Creí con fuerza y te sentí. Tu nombre me nombró y fui tú y aprendí a tenerte y a perderte, y luché hasta caer rendida por defenderte, a cada paso, en cada instante de mi vida.
domingo, septiembre 17, 2006
Solitude

El esperaba sin saber muy bien qué. Traje de chaqueta algo desastrado, una corbata roja como los labios con los que soñaba, gafas de concha con el puente remendado con esparadrapo, un calcetín si, el otro en su bolsillo por equivocación. Su maletín y la foto de aquella actriz que le hacía soñar, y el autobús por llegar como cada mañana, para llegar a la oficina, como cada día.
Ella vestía de rosa, como sus sueños, melena descuidada, gafas demasiado grandes y una timidez excesiva, mientras leía esa novela que contaba la historia que tanto le gustaría vivir.
Él se aburría en su oficina, casi sin aclararse con el teléfono, mientras cuñaba papeles y más papeles, y el día se iba convirtiendo en noche.
Ella limpiaba el suelo de un despacho vacío mientras leía una vez tras otra aquella historia rosa donde ella siempre acababa encontrándole a él y juntos vivían felices. Y su cabeza volaba una vez más a algún lugar donde su vida era justo como ella soñaba.

Él tenía una casa pequeña y vacía, practicaba tango con una muñeca, aspirando algún día a poder bailar con una mujer de verdad. La cama pequeña y vacía, desde las paredes sus actrices le guiñaban el ojo y con su telescopio pasaba las noches mirando las estrellas soñando que en alguna estuviera perdida la princesa de sus sueños más dulces.
Ella pasaba la noche acompañada con su telenovela, viviendo la vida a través de sus personajes, mientras en su cama le esperaban sus sueños, tan rosas como su ropa, tan hermosos como su sonrisa que tan poco se dejaba ver.
Él se miraba al espejo de su alma, ella al de su corazón y ambos perdidos en laberintos distintos sin encontrar la salida ni el camino para encontrarse, acompañados de la soledad de una ciudad repleta de gente como sueños, de fríos edificios tan solitarios como ellos, tan deseosos de poder acariciarse ventana con ventana, traspasar avenidas para poder abrazarse entre hormigón y antenas...
La esperanza perdida, nunca se sabe que te depara la vida y a veces quien no sueña con buscar un camino alternativo pero la suerte de la mala suerte no siempre deja paso a la alternativa...
Una tarde cualquiera, no importa si martes o sábado, la mala suerte se distrajo para ellos y por un momento se vieron. Él intentó hablarle sin éxito, ella quiso mirarle pero su mirada fue esquiva, y casi por casualidad sus manos se rozaron hasta abrazarse con tanta ternura que por un momento hasta las estrellas parecían mirarles. Un milagro de beso accidental cuando a él se le cayó el periódico y acabó en el cuello de ella, una mirada furtiva, espiándo la sonrisa esquiva y dulce... Y el mundo volvió otra vez para separarles entre un gentío aparecido de la nada, alejandoles de nuevo en laberintos de calles y ciudad, de noches de soledad indescriptible, la espereanza de nuevo perdida, maldiciendo a la suerte, mala con ellos, que les robaba de nuevo los sueños, después de habérselos dejado rozar.
El la buscó incansable por calles y tiendas, por debajo y por encima de las piedras, en las estrellas y hasta en el infierno.
Ella rompía hoja a hoja su novela rosa, mientras miraba cada cara, cada foto, cada autobús esperando verle sin éxito.
Solitude escrita en sus corazones, y en dos pisos contiguos, silenciados y tristes. Separados por un muro tan grande como sus miedos, tan grueso que era imposible saber que justo al otro lado estaba su mitad de corazón... Pero la mala suerte a veces de tan mala es buena, una explosión, casi la vida en ello y al despertar del susto verse, de nuevo, muros perdidos por siempre, solitude de dos corazones por fin unidos, el amor venciendo sin miedo, por una vez en el caos de ciudades frías llenas de soledad...
je t'aime.. Mois je t'aime aussi y en la unión la desavenencia de la soledad que aún luchaba por subsistir sin éxito cuando el amor es más fuerte y una nueva vida empieza, para dos mitades por fin unidas.

Se alejaron de sus tristezas y Solitude quedó en un rincón de sus miserias abandonadas por fin. Después de todo, a veces el amor se deja ver...
Besos y sed felices
viernes, septiembre 15, 2006
Tempo

Luz suave, perezosas las notas del contrabajo suenan lentas, acariciándome la piel, colándose por los recovecos de mi alma, enredándose entre mi pelo, elevándome hasta dejarme mecer en el suave eco de una voz de soprano, dulcemente evocadora, que se cuelga grácil, mientras canta, enredada en dos telones sobre un escenario tan negro como un abismo... Desde su atalaya, juguetea mientras canta, se deja arrullar, se balancea, y juega con su voz, con las telas, con el contrabajo que sigue descorchando melodías como botellas de vino tinto...
Mi alma se ha quedado jugando traviesa entre sus cuatro cuerdas, cuando el piano emerge desde su oscuro rincón, canturreando armónicos que acompañan voz y bajo, haciendo y deshaciendo melodías, rescatando hasta el corazón que no encuentro, para robarme lágrimas emocionadas, mientras su voz me perfora el sentimiento, y me hace olvidarme hasta de mí misma.

Me doy cuenta de pronto que he perdido mi cuerpo, ya no sé donde lo dejé, ocupada como estaba en enredarme entre cuerdas y notas, tan distraída revoloteando entre los faldones de las corcheas que ya no sé donde dejé el resto de mí.
Y el piano sigue cantando para el contrabajo, que ahora vuela mientras sus manos juegan en las alturas, y él se convierte en el trapecio de un músico acróbata que ahora no sabe si seguir hechizándome con su música o distraer mi mirada con sus juegos, y mis ojos le siguen, se quedan en equilibrio con él y se pierden entre tanto arte, dejándome otra vez desvalida, y la voz que vuelve a resonar, me llama poderosa, dulce, seductora, para que baile mi alma una vez más, para volver a rescatar mi corazón de su encierro. Yo quisiera oponerme pero es inútil, todo mi ser se ha revelado contra mi, para jugar en el escenario entre músicos y música, cuerdas y trapecistas, risas y cantos, ya no encuentro el camino de vuelta, pero no importa, me gusta este lugar...
Besos y sed felices
miércoles, septiembre 13, 2006
Mientras llueve
Mientras conduzco rápida, atravesando esta ciudad que tanto amo, el cielo empieza a llorar, tal vez despidiendo al verano, que lentamente se va, o quizá simplemente sentía deseos de descargar esta agua vendita sobre nosotros.
Suena en el cd Michael Bublé y Nelly Furtado, "Dime cuando vas a decidirte..." y en mi mente dejo que vaguen sonrisas mezcladas entre pensamientos vagabundos, sedientos de la lluvia que me moja sin mojarme... Tal vez después de todo el desierto se quedó realmente en mi piel y en mi pelo, emanando su propia esencia, reclamando ahora el agua para sí mismo, como un niño caprichoso que sueña con chapotear en la orilla del mar con sus zapatos nuevos.
Vuelo por la autopista, y una trompeta resuena con su melodía nostálgica "Es tan corta la distancia, pero tan largo el camino entre tu boca y mi boca, entre tu corazón y el mío..." Lejanamente recuerdo esos labios rozando levemente los míos, y ese instante robado al tiempo, ese océano de palabras no pronunciadas y deseo enredado entre las miradas, la piel, las lenguas chocando como el mar contra las rocas, violentas y dulces, pasionales y calmas, eternamente unidas en un segundo largo como horas...
Sigue cayendo el agua impasible, la lluvia choca contra el techo de mi deportivo y su ruido me evoca el olor a tierra mojada que advino en las montañas cercanas, el cielo gris, casi negro me envuelve, y sigo veloz hacia mi destino.
"fly me to the moon.." evocadora y sugerente voz que me hace rogar llévame hasta la luna, déjame soñando en esta lluvia que anuncia el otoño que ya llega, mientras abrazo sueños y me dejo mecer arruyada por las olas del mar tan cercano que le oigo llamarme despacio.
Llego a mi destino "No quedan días de verano, el viento se los llevó" y al bajar del coche siento el aire fresco en mi cuerpo, erizándome la piel, el olor a lluvia recién caída, a humo lejano, y al girar la mirada, veo al otoño acercándose lentamente, seductor, casi tierno, y me doy cuenta que después de un año, empezaba a echarle de menos...
Besos y sed felices
sábado, septiembre 09, 2006
Doce Rosas Rojas
Le veo pasar todos los días al atardecer... Va con su bicicleta, una camiseta blanca y un ramo de rosas rojas en una mano. Siempre a la misma hora pasa, y siempre me quedo mirándole. Me resulta tan dulce, tan tierno...
Supongo por el color de su piel que es un vendedor de rosas, de los que te asaltan mientras cenas o das una vuelta, y te ofrecen sus flores para que las regales a quien ellos presuponen tu pareja. Probablemente él, cada noche, haga exactamente lo mismo que yo cada tarde: Imaginar una historia. De repente se me antoja que es un amante a la antigua, un galán que lleva doce hermosas rosas rojas cada tarde a su amada al trabajo. No le importa lo que digan, ni lo que le cueste, cada tarde a las 20h en punto, su amada recibe de sus manos sus rosas rojas. Ella no le ha confesado su alergia porque en el fondo le encanta el detalle, pero cada día debe ingeniárselas para evitar los estornudos al verle aparecer, hermoso y radiante, con su camisa blanca y sus doce rosas rojas dispuesto a hacerla sonreir. Y ella gentilmente le regala doce sonrisas dulces, una por cada flor, le besa sensual la boca, como si mordiera una fresa madura, y luego sube despacio los escalones que la llevan a su despacho, controlando disimuladamente el goteo nasal, y girándose coqueta en mitad de la escalera, para regalarle una sonrisa más y una mirada tan sensual, tan dulce, tan encantadoramente seductora, que a él le flaquean las piernas y ve necesario sujetarse por un momento al marco de la puerta. Ella entonces prosigue su ascenso, cruzando levemente los tobillos al subir cada escalón, dejando que su figura hermosa y femenina, describa ese sinuoso zig zag que sólo una mujer sabe dibujar en el aire, con su mano delicadamente deslizándose sobre la barandilla, hasta que por fin llega al zenit de su escalada, gira a la derecha y desaparecen ella y las flores por una puerta... Entonces él, satisfecho, sale a por su bicicleta y recorre de nuevo las calles, esta vez con doce sonrisas colgadas de su camisa, y un beso grabado en sus labios, mientras el sol tímidamente se esconde tras las montañas y el rocío deja pequeños diamantes sobre su pelo azabache...
Anoche le vi, le reconocí por su mirada dulce y sonriente, a pesar que no había rastro ni de la bici ni de la camisa blanca. Íbamos a pedir la cuenta, él como siempre guapo, camisa negra ajustada, vaqueros y ese perfume que me hipnotiza... Se demoraba mirándome, nadando en mis ojos, buscando respuestas, haciendo preguntas, dejando al silencio el derecho de los besos que despacio depositaba en mis manos, en mi cuello, en la comisura de mis labios. Entonces él chico de las rosas se acercó, y su mirada se detuvo primero en mis ojos, sonriente y cómplice. Después le miró detenidamente a él, y sólo entonces le ofreció las rosas para que me regalara una. Las rechazamos, como siempre, aunque confieso, tentada estuve de quedarme con alguna, y él, el chico, se alejó camino de la puerta del local, y justo antes de salir, volvió a girarse, para mirarnos un instante... Se me antoja que compuso su historia, en la que no había miedos, ni armaduras, donde el amor tal vez fuera como en las películas... Sus labios besándome sin temor a quedarse eternamente en mis labios, mis ojos mirándole hasta alcanzar el epicentro de su mirada, sin miedo a quedarme perdidamente atrapada, sus manos acariciando las mías, entrelazadas, sin miedo a quedarse anudadas, y la noche haciéndose eterna, el reloj, obediente al bolero, estancado en ese preciso momento, eternizando el deseo y en el aire las palabras que nunca se han de pronunciar...
Que hermosos son siempre los sueños.
Besos y sed felices
sábado, septiembre 02, 2006
Jugando con viejos Espectros
No fue fácil crecer. No es que faltara comida, ni dinero, ni ropa ni nada que una niña pudiera querer. Pero no fue fácil.
No fue fácil hacerse la estúpida cuando se es más inteligente de lo que una quisiera. Mirar para otro lado y disimular, guardarse el dolor y las lágrimas que debieran haber caído. Pero había que ser fuerte, la más fuerte. No fue fácil negarse el derecho a ser niña.
No fue fácil ver regalos a cambio de cariño, no fue fácil negar lo evidente y defender a quien querías, no fue fácil aceptar las miserias que se daban, no fue fácil cerrar los ojos y olvidar, y no mirar, y negar que sabías más de lo que callabas. No fue fácil.
No fue fácil vivir. No fue fácil intentar acabar con todo y no conseguirlo. No fue fácil evitar la compasión, la incomprensión, el desprecio. No fue fácil demostrar quien eras y quien eres. No fue fácil ser un pez nadando a contracorriente de todo y de todos, pero lograste subir por la cascada, a pesar de no ser fácil.
Ahora miras hacia atrás, y sin querer ves tras las esquinas, escondiéndose, todos los fantasmas que tu infancia no vivida dejó. Fantasmas que no quieren abandonar la realidad ni los recuerdos, que se empeñan en recordar que tal vez no debiste ser.
No es fácil disimular, cerrar los ojos otra vez, para que no se note que ves y que sabes lo que hay, ser feliz o parecerlo y sonreir a pesar del dolor. Tragar con lo que te ofrecen, las sobras de un cariño que tal vez no fue pensado para ti.
No es fácil que quien debería tenerte por lo más importante, siga relegándote a la última posición, justo por detras de su precioso coche. Y niegue hacerlo. No es fácil volver a pasar por estúpida para que piense que te crees todo lo que dice y aceptar que nunca va aceptar lo evidente.
A veces los fantasmas salen de su escondrijo, entre las basuras de los rincones de tu memoria, y se escapan por tu lengua-látigo, sin temor a represalias. Ya no eres la niña que fuiste, ahora eres la mujer que no teme al desamor porque sabe que que el desamor existe y es real. Ahora, con tu soledad como armadura, con la fuerza que tu lucha de tantos años te ha dado, plantas cara y dices lo que piensas, y dejas que él caiga derrotado, aunque te duela. El dolor sólo es parte de tu vida. Ahora lanzas como cuchillos todo tu regimiento de fantasmas y le recuerdas que nunca has estado ciega, ni sorda, ni estúpida, pero él sigue siendo el ciego que no quiere ver y el sordo que no quiere oír y todo queda en pedazos rotos de tu corazón de niña, el único que nunca estuvo entero.
En silencio, a oscuras, lejos de quien pueda verte, lloras después tus miserias, y te lames las heridas que nunca cierran, los fantasmas te vuelven a mirar y se ríen de tus debilidades y tú les enseñas los dientes una vez más.
Después cierras los ojos, vuelves a tu mundo de sueños donde siempre todo fue perfecto, recompones tu armadura y tu sonrisa, para ser de nuevo la mujer sonriente de cada día, la niña que todos quieren ver.
Besos y sed felices
jueves, agosto 31, 2006
21 días
Eso queda exactamente. 21 días. El verano pega sus últimos coletazos y el calendario marca en amarillo, como las hojas que ya empiezan a caer, el fin del tiempo estival, para dar paso al otoño.
En valenciano (o catalán) llamamos al otoño "la tardor" algo así como "el atardecer". Será porque nos acercamos al fin de año, o tal vez porque los días se acortan y los atardeceres se hacen más largos. Será porque las nubes empiezan a hacer su aparición con más asiduidad y nos dejan retazos de luz gris, como en una película en blanco y negro. Tal vez sea porque, al igual que en el atardecer diario, es tiempo de recogerse, de mirar hacia uno mismo y encarar el principio de un nuevo curso, que para muchos nos marca un nuevo año, al margen de calendarios convencionales.
En nuestra memoria guardamos ahora los recuerdos de días de sol y calor, cerca del mar, dejándonos mojar por sus olas, buscando la tranquilidad de calas perdidas. Días largos y propicios a los excesos de todo tipo, días llenos de sonrisas, de tiempo para el ocio, para los amigos, para la noche. Noches cortas e intensas de verano, donde no hay nada como pasear por el paseo marítimo o a la orilla del mar...
El otoño guarda ese tono triste, melancólico en sus páginas, tiempo de transición que nos lleva hacia el frío del invierno y nos devuelve la sobriedad que perdimos en el verano.
Días en amarillo y ocre, calles alfombradas de hojas secas que siempre me han gustado pisar, parques tranquilos, lejos quedó ya el sonido de niños jugando a todas horas. Playas desiertas, recuperando su tranquila harmonía con un mar grisáceo y removido, olas que chocan amenazantes contra el espigón.
Lentamente se va el calor, y regresa el frío, el armario cambia su contenido, y con tristeza guardamos las prendas descaradas de verano, que tapan lo justo, el bikini, los colores alegres, para recuperar la tela sobre nuestros cuerpos.
Se empieza a hacer necesaria la compañía en el sofá o en la cama, cuando el amanecer nos descubre ateridos, pues no hay nada como tener a mano un buen abrazo reconfortante que nos devuelva el recuerdo de días más cálidos.
El otoño huele a tierra mojada, hojas caídas, humo de chimeneas, melancolía y naranjas recién exprimidas. Mandarinas que explotan en un estallido agridulce en la boca, la sandía deja de verse en las tiendas, para cambiarse por manzanas, granadas, uvas, clementinas, y peras. El arcoíris frutal del verano, da paso a una uniformidad colorista en la frutería, ocres, verdes mate y rojos burdeos chocan con el naranja fuerte de la mandarina y el rojo brillante de los caquis.
En los jardines, las bugambilias y los galanes de la noche, dejan paso a las rudbequias, semejantes a margaritas que varían desde el amarillo brillante al púrpura, los crisantemos desde el blanco al rosa pasando por el amarillo suave, o los girasoles con el tesoro de sus semillas escondido en el epicentro de su belleza...
El otoño me invita a empezar nuevas etapas, plantearme nuevos objetivos, volver a mi interior más íntimo, para mirar desde allí el mundo con otra mirada. Escuchar a Frank Sinatra, Michael Bublé, Dinah Washington y Diana Krall y dejarme llevar por la melancolía que se entremezcla con notas de creatividad imaginativa, noches largas y envolventes, amaneceres aletargados y días de transición tranquila, dejándome llevar por mis sentidos...
Quedan 21 días de verano, y sin embargo empiezo a oler el otoño en las calles...
Besos y sed felices
miércoles, agosto 30, 2006
seduciendo los sentidos
Me recorre su mirada, de arriba a abajo acariciándome sin hacerlo, besándome desde el fondo de unos ojos pícaros y sonrientes. Acerca sus labios y deja un beso suave y ligeramente embriagador, como un vino afrutado, y me dejo llevar. Su mano me acaricia, distraída, depositando el deseo en mi piel, y me susurra en la oscuridad de una estancia suavemente iluminada con velas, y con matices de incienso flotando en el aire...
Cocina para mi, seduciéndome el paladar con sugerentes mezclas de queso y tomate fresco, de frutas del bosque y queso fundido, vino rosado que vuelve a recordarme su boca mientras me habla y le miro, y mis ojos le dejan mensajes codificados que sus labios y sus manos decodifican mientras la noche pasa y el tiempo se detiene para dejarnos un espacio a la pasión que se desliza entre los recovecos de su piel y la mía, entre nuestros silencios estudiados y dejados a las cartas que sus dedos escriben sobre mi piel mientras mis labios le responden en besos suaves y pequeños mordiscos en su cuello.
La cena frugal da paso a la ternura de un instante dulce, distraído y robado a la pasión, en un descuido de la lujuria. Me envuelve entre sus brazos y su pecho, cálido como sus besos, que adornan como jazmines mi frente, mi nuca, mis mejillas y hasta mi boca. Acaricia mis oídos con su conversación, acerca del amor y del deseo, debate en el que entramos sin medirnos demasiado, no vaya a ser que en un descuido se nos escape algún sentimiento. No vaya a ser que en nuestra singular batalla dejemos al rival más información de la necesaria.
La noche, zalamera, nos brinda su silencio y sus estrellas, Nelly Furtado sigue cantando desde la pantalla del pc, dulce evocación que se enreda entre el humo del incienso y la llama de las velas. Mis manos se distraen por un momento en su espalda, en sus hombros, en su nuca y su cabeza, acariciando y masajeando, distrayendo su atención mientras mi boca, perversamente seductora, busca respuestas a preguntas que él intenta esquivar sin demasiado éxito, hasta que su boca sale a la defensa, sellando la mía con besos de grosella que provocan, con su dulce acidez, deseos de no dejar de besar nunca. Sus brazos me levantan del suelo y mis piernas se abrazan a su cintura.
La música cambia, ahora suena Enigma en mis oídos, y como un enigma descifrado, leo despacio el mensaje de su piel, mientras mi cuerpo se mueve al ritmo de la música sobre su cuerpo moreno y suave, mis labios ya no se conforman sólo con la grosella de los suyos y recorren el mapa de este nuevo mundo descubierto.
Enlazados los cuerpos en un baile pasional, seguimos buscando respuestas a preguntas no formuladas y leemos entre las lineas de un silencio lleno de un lenguaje propio, hasta rendirnos una vez más a nosotros mismos, en abrazos, en dulces locuras de deseos que nacen en caricias para morir en besos y llevarnos a un sueño tranquilo, perdidos en nuestro abrazo, creando nuestro propio universo al margen del día y de la noche, del tiempo y la distancia, de lo real y lo soñado, dejándonos la piel en el intento de no implicarnos, y un manto de ternura nos cubre, dejando al descubierto viejas cicatrices de otras batallas perdidas...
Besos y sed felices